El tiempo pasaba, pero yo no era consciente porque mi mente se encontraba lejos. Recordaba los días felices al lado de mis padres, el amor de mi madre, pero también el dolor por la muerte de mi hermano. Y comprendí que aquí solo había una salida: o aceptaba lo que el idiota quisiera de mí o los mataban a ellos y a mí. Y aunque nunca temí a la muerte, sí lo hacía a lo que les pasaría con mis padres si yo moría. Y entonces comprendí el plan del maldito Ivanov. Él me estaba presionando con mis padres, pero si no cedía, él me mataría para acabar con ellos. Porque nos había debilitado como familia después de matar a mi hermano. Y aunque yo no quería dejarme ganar, tuve que hacerlo, ya que ceder era lo único que me daba ventaja. —Está bien, dime qué es lo que deseas, maldita sea. —Pero qué ag

