Ambos tomamos nuestras armas, arreglamos los asientos y comenzamos a disparar, pero el fuego se detuvo en un momento, lo cual nos pareció extraño. Hasta que vimos al idiota del hermano de Aleksander. —Pensé que los tomaría desprevenidos, pero veo que no. —Eso jamás pasará, idiota. Ahora lárgate antes de que te mate. Dije fuerte y claro. —Si lo que quieres es matarme, necesitarás más que esto. Él aceleró y pasó por un lado de nosotros, pero Ivanov no resistió y le disparó hasta que se perdió. —¿Por qué hiciste eso? —Porque nos interrumpió. Me acerqué a sus labios y los devoré un poco más antes de arrancar con dirección a la casa, porque ya nos habíamos arriesgado mucho por hoy y la verdad es que estábamos agotados. Aleksandra se quedó dormida, así que cuando llegamos a la casa le

