Me acerqué y la cargué sin importar mojarme los pies y salí con ella. —¡Aleksandra, Ivanov! Estábamos durmiendo cuando escuchamos los gritos de Pavel. Salimos de la habitación corriendo y lo vimos con Kari en los brazos. —Debemos ir al hospital, está de parto. —Está bien —respondí en automático. Y es que, aunque era mujer, no estaba preparada para esto. Ivanov, que ya lo había vivido conmigo, corrió a su habitación, mientras yo subía a la nuestra para tomar unos conjuntos deportivos, zapatos y los documentos. Al bajar, ella estaba en el asiento de atrás y Pavel pretendía conducir, pero mi esposo no lo dejó. Yo me senté con Kari. —Tranquila, amiga, todo va a estar bien. Ella apretaba mi mano por las contracciones. Me sentía mal, pero pensé que era el malestar normal, aunque los dolo

