Mis besos recorrieron su cuello, el cual lamí de arriba abajo. —Mmm… me encanta comer así, creo que es mi nuevo placer culposo, muñeca. Ella tenía los ojos cerrados, así que me aproveché y susurré: —Estás mojadita, completamente desnuda y a mi merced, cyka. —¿Qué se siente tenerme así? Tomé su mano y la llevé a mi m*****o erecto. —¿Sientes eso? —Está hambriento por ti. Me coloqué de pie, tomé mi m*****o y lo pasé por su cuerpo, embarrándolo de chocolate. Luego me coloqué a horcajadas sobre ella, tomé sus pechos entre mis manos y guié mi m*****o justo al centro para comenzar a masturbarme. —Ahhh… —Gemí cuando su calor me envolvió. Pero mi mujer tenía otros planes, porque abrió la boca, envolviendo así la punta de mi m*****o, y eso me encendió aún más. Así que no paré. Estábamos te

