Deslizó su mano hasta su bota, sacó la nueve milímetros y disparó. Pero el mafioso también lo hizo… justo al corazón de Ivanov. Todo quedó en silencio, hasta que Aleksandra, que se encontraba al frente, reaccionó. —¡IVANOV! Su grito fue desgarrador. Corrió atravesando los cuerpos como una loca y, cuando llegó, lo vio… Su cuerpo estaba lleno de sangre y sus ojos abiertos, observando fijamente al cielo. Se arrodilló y trató de tapar la herida mientras gritaba: —¡Una ambulancia, traigan a un médico! Pavel corrió a socorrer a su amigo, pero era muy tarde. Ivanov ya no tenía pulso… y esa verdad lo golpeó con fuerza. —Aléjate de él. Aleksandra estaba destrozada, pero él no lo notó porque estaba cegado de ira. —No quiero a ningún maldito hombre tuyo alrededor de mi amigo. —¿Qué te pasa

