—En tus sueños —dije. Me solté para salir de la piscina y, cuando lo estaba logrando, sentí cómo su palma se estrelló fuertemente en mi culo. —¡Ivanov! —Jajaja, ¿te dolió? Salí detrás de ella y la abracé por la espalda. —Así de duro te voy a dar cuando estemos en la cama. La guié hasta el mueble para tomar unas toallas y secarnos, pero luego recordé un detalle importante. —Mi amor, aunque muero por sentarte en mis piernas y darte de comer mientras me pierdo en lo sexy que se ven tus tetas en ese traje de baño, debo advertirte que mi padre ha venido a almorzar con nosotros. —¿Tu padre está aquí? —Sí, princesa. —¿Por qué no me lo dijiste antes? Qué vergüenza, pensará que soy una maleducada por hacerlo esperar. No puedo llegar así al comedor. —Ve al baño de visitas y trae una bata

