Después de cenar, Pavel limpió la cocina y me ayudó a terminar lo que faltaba. Tengo que admitir que, sin su ayuda, hubiese amanecido haciendo todo eso, aunque sí hubo cosas a las que no les dimos lugar porque había que mandar a hacer muebles a medida. —Vamos a ducharnos. —¿Ducharnos? Eso suena en plural. —Así es como debe sonar. Me cargó sin importarle que pataleara. Fue directo al baño de nuestra habitación, le pasó seguro a la puerta para que no pudiera escaparme y comenzó a quitarse la ropa. —Pavel, no me ducharé contigo. —Mami, ¿no te cansas de pelear? Joder, sé que la cagué, que debo pedirte perdón, si es posible arrastrarme de rodillas, y juro que lo haré. Pero hoy, amor, estamos agotados. Solo quiero que nos demos una ducha y nos vayamos a dormir. Podemos hacer una tregua has

