Narra Carmen.
Estoy en mi habitación, llorando nuevamente desconsolada, ya que otra vez había recibido una paliza por parte de mi padre. Por más que le decía que no lo hiciera… no me escuchaba. Cada vez eran más fuertes las golpizas. Ya no podía esconder en el colegio los moretones. La última vez me dejó una marca en la cara que creí que no se borraría nunca.
Mamá, cada vez estaba más alejada de mí, y lo peor era que ella había logrado separarme de papá. El simple hecho de que la maestra le preguntara a mamá que me estaba pasando la hacía molestar y llegaba inventándole cosas a papá. Habían pasado casi tres años desde aquel día en que Liam había tratado de defenderme, lo extrañaba mucho. Sus padres no se podían acercar a mí, me miraban con lástima,
La madre de Liam, una señora dulce llamada Coral Bracamonte no podía ocultar su dolor y sus lágrimas cuando me veía salir de casa de la mano de mi padre, pero siempre con un suéter largo, ella sabía por qué lo hacía. El otro día ella estaba regando sus plantas y tuvo que presenciar cuando papá me tomaba del cabello y luego del cuello, no pudo evitar soltar un grito y este ni se inmutó, solo cerró la cortina y siguió en lo suyo, él disfrutaba golpearme. Vienen a mi mente porque fue esa paliza.
“Flashback”
Estoy en mi cuarto y oigo una voz conocida, mamá había salido y no entendía por qué esa mujer estaba en la casa, y peor aún… ¿Con papá? ¿Qué estaba pasando? Me acerqué muy despacio hacia el despacho de mi padre, y la puerta estaba entre abierta, pude ver a mi padre de pie entre las piernas de la vecina… y se estaban ¿besando? Dios mío, la última vez que había visto a mi padre y mi madre de esa manera fue no hace mucho, y quede traumatizada por días.
Comencé a retroceder, no entendía mucho, pero ya ahorita tenía 8 años y pronto cumpliría 9, en el colegio habían comenzado a hablarnos un poco de lo que hacían las parejas, que se besaban y otras cosas; pero ver a mamá en aquellas condiciones con papá la verdad… no me agrado tuve pesadillas por días. De pronto tropecé con una mesa que estaba fuera del despacho y entonces mi padre volteo enseguida hacia donde yo estaba. Sus ojos ardían de rabia y molestia y yo solo sentí mi cuerpo estremecer, dios mío acabaría conmigo. Salí corriendo mientras oía cómo él le reclamaba a esa mujer que había dejado la puerta abierta, lo había hecho a propósito.
Llegue a mi habitación, me encerré, no paso mucho tiempo cuando papá llegó y como no le abrí golpeó la puerta y la tiro de una patada, se acercó a mí como un león a punto de atacar a su presa, sus ojos estaban inyectados en sangre y yo lo único que hacía era temblar.
— No has aprendido nada Carmen… sigues de metiche, ya veo que lo que tu madre dice es cierto, en ese colegio solo te enseñan a espiar. ¿Tienes curiosidad de saber que se siente? ¿Quieres comprobar… lo que un hombre hace con una mujer? Por eso te veías con ese chico a mis espaldas. Eras mi niña, ¿en qué momento te convertiste en una put*? Eras apenas una niña. Yo te enseñaré a respetarme, y te quitaré ese ardor de tu cuerpo. Comenzarás a ser una niña buena.
Me tomo por el cabello, me arrastro por mi cuarto, tomo mi cuello cortando mi respiración. Me desesperé tanto, intenté luchar pero no podía. Cuando se detuvo conmigo en sus manos, en frente de la ventana de mi cuarto estaba la señora Coral… ella horrorizada soltó un grito, pero lo empeoró todo, desperté a los 3 días en el hospital, no sé cómo y lo primero que oí de los labios de mi padre fue.
— Afuera está la policía, cuidado y cuentas lo que te paso, porque volveré a salir de la cárcel y será peor. — me dio un beso en la frente al ver que había entrado el oficial. Se paró detrás de él y solo podía ver sus ojos indicando que no abriera mi boca. No tenía escapatoria, mentí, una vez más, mentí.
El oficial se fue, pero no sin antes volver a mirarme y sentí que quería decir algo más… pero no lo hizo, solo se devolvió hasta mi cama, se acercó como si fuese a arreglar mi almohada, me susurró en el oído
— Sé que mentiste, deje una tarjeta debajo de tu almohada, llámame cariño, puede acabar tu dolor. — una lágrima rodó por mi mejilla, pero la escondí rápidamente, asentí con mi mirada y antes de salir, distrajo a papá para que yo pudiese tomar la tarjeta. Había una esperanza…
Papá se acercó luego de hablar con aquel oficial, y dijo
— ¿Qué te dijo? Vi que se acercó, no me como el cuento de que arreglo tu almohada. — me hizo a un lado bruscamente y no encontró nada. — Escúchame bien, Carmen, no pienses nunca en traicionarme o te arrepentirás. Ya bastante mal te has comportado, te arreglaré sí o sí. Así tenga que matarte en el intento. Volverás a ser mi niña, mi hija dulce e inocente.
No entendía por qué papá decía aquellas cosas, yo nunca hice nada malo… desde que mamá comenzó su amistad con aquella mujer… la vecina… mi vida había caído en un infierno. Me sentía muy mal. No quería seguir viviendo así…
“Fin del flashback”
De vuelta a la realidad, pasaron dos semanas, las que faltaban para mi cumpleaños. No hubo felicitaciones, ni regalos, nada, solo entró mi padre a mi habitación a decirme que me apurara que vendrían visitas, y que tapara mis brazos, claro a él no le convenía que vieran cómo me tenía… no pregunté no dije nada solo me levante de la cama y me cambie por un suéter y un pantalón, andaba en un short y mis piernas estaban cubiertas de moretones y rasguños, la última paliza me había dejado terriblemente mal.
Ya lista, bajé a la sala donde estaba mamá, con un vestido muy elegante, y pues papá también se había vestido muy bien, traía un traje hecho a medida color gris claro, haciendo juego con el vestido de mamá. Parecían una pareja normal… si supieran. Mientras estaba perdida en mis pensamientos, sonó el timbre, Martha, la nueva señora de limpieza, fue a abrir la puerta antes de hacerlo, me observo con pena, ella sabía lo que hacían conmigo.
Entró en nuestra casa una pareja, la cual no conocía de nada, pero pronto entendí era el socio de papá y su esposa eran una pareja muy agradable y atenta. Papá nos presentó a mi madre y a mí, al acercarme a saludar la señora tomo mi mano y abrió mucho los ojos al ver cómo tenía mi muñeca, saqué mi mano muy rápido, pero era tarde ya lo había visto… sentí morir cuando ella habló llamando la atención de todos.
— Cariño… ¿Que te ha pasado en la mano? — volvió a tomar mi mano y subió la manga, trate de retirarla, pero me sostuvo más fuerte, al ver cómo había marcas, cómo de correa o cuerda en mi muñeca y brazo, el silencio incómodo fue desgarrador. Mamá fue la que hablo, e hizo que la señora me soltara bruscamente.
— No es nada… esta niña es muy torpe, cayó en la ducha y al golpearse contra el orillo de la puerta, pues quedó así marcada.
— Paola, usted me va a disculpar, soy médico y eso no es por caída, ¿ustedes cometen abuso contra esta niña? — volteo a mirarme — ¿Carmen, verdad? — asentí levemente— Cariño, ¿Tus padres hicieron esto?
— Yo… no, si de verdad me caí se lo aseguro. — mire a mi padre y este tenía los ojos inyectados en sangre, Dios mío hoy no me dejaría con vida. Decidí terminar yo misma con esto. — Mamá, papá, ¿me puedo retirar a mi habitación? Tengo tarea que terminar.
— Claro que si hija… ve a tu habitación cuando terminemos la reunión, te llamaremos para que vengas a cenar — asentí y me fui a mi habitación. Cerré la puerta con llave. Y coloque una silla trabando la puerta. No puedo más.
Corrí a mi mesa de noche, ahí tenía dentro de un cuaderno unas píldoras que me había dado mi amiga Nadia Cortez, le había contado todo… Según ella eran muy fuerte, su mamá las tomaba para sus nervios y me dijo que no quería verme sufrir más. Me las entrego hace una semana, no podría resistir una agresión más, ya no… las saque y busque en mi mochila mi botella de agua, bebí 6 de esas pastillas, esperé y comencé a sentirme mal.
Las náuseas eran horribles, mi pobre cuerpo estaba quemándose, sentía que me estaba desgarrando cada uno de mis órganos. Corrí al baño a liberar lo poco que me habían dado de comer… mi vista comenzó a nublarse y cuando menos lo esperé me había desmayado, tuve un sueño hermoso, en el que papá me cargaba en brazos y lloraba, lloraba mucho era como si estuviese viéndolo desde otro lugar.
Me habría gustado que no fuera un sueño… que papá nunca hubiese cambiado, pero ya había terminado con todo ese sufrimiento. De repente la luz tan hermosa que había observado se alejaba y yo no sabía qué sucedía, cuando comencé a despertar… quise volver al lugar donde estaba. No puede ser… no morí, Dios mío, no quiero vivir. Abrí mis pequeños ojos poco a poco y vi a mi padre hablando con un señor, por su bata debe ser el doctor…
Al ver que estaba despierta, mi padre corrió hacia mí. Por primera vez lo vi desgarrado. Sus ojos estaban muy rojos, ¿había llorado? ¿Será porque no morí? Tal vez él lo estaba esperando…
— Hija, Carmen, me has dado un susto terrible, cariño, ¿cómo vas a tomarte esas pastillas?
Creí que moriría al verte así, fuimos por ti para cenar y no respondías… cuando te encontré estabas tirada en el suelo del baño… perdóname, hija, perdóname, no volverá a pasar, te lo prometo… yo te amo mi bebé.
Observe a mi padre, sentía lágrimas recorrer mis mejillas, ¿será que cambiaría? ¿Acaso era sincero? Tomo mi mano y la beso varias veces. Sí, después de ese día todo cambio… era diferente, pero que poco sabia lo que pasaría… dos años más tarde.