Jayden —Oye, jefe, ¿ordenaste un montón de sándwiches? —me preguntó mi obrero Jason con una expresión dudosa. —¿Qué? —Apagué mi sierra circular, me quité los tapones para los oídos y le pedí que repitiera la pregunta. Jason señaló con el pulgar al repartidor de comida estacionado junto a mi camioneta y preguntó: —¿Ordenaste el almuerzo? —¡Oh, sí! —Comencé a buscar mi billetera—. Reúne a todos los chicos. Hoy, el almuerzo corre por mi cuenta. —¿Estás bromeando? —Jason parecía gratamente sorprendido. —A menos que no lo quieras —bromeé, y Jason dejó claro que sí lo quería al correr a reunir a todos los trabajadores para un almuerzo gratis improvisado. —¿Cuál es la ocasión? —preguntó mi capataz Manny con la boca llena de pavo y jamón. —Solo quería hacer algo bueno. —Me encogí de hombro

