Capitulo 10: Ecos de la noche

986 Words
El día siguiente pasó con la misma indiferencia con la que se habían sucedido los demás. Ángel se despertó esa tarde, aún con los recuerdos de ese encuentro nocturno rondando en su mente. “La mujer del pasillo”, esa figura enigmática, seguía presente en su cabeza, como una sombra que no terminaba de irse. Se levantó de la cama con el mismo cansancio habitual, pero hoy algo parecía distinto, como si la rutina ya no fuera suficiente para llenarlo. Miguel lo había llamado temprano, como siempre. —¿Nos vemos en la noche verdad?—le preguntó curioso,—claro que sí, misma hora mismo lugar— respondió Ángel sin pensarlo demasiado, igual no tenía otra opción trabajaban juntos. Él aún con la imagen de la mujer en el fondo de sus pensamientos, No lograba dejar ir una sensación extraña, como si el destino hubiera girado por completo y ahora él estuviera siguiendo una senda de la que no podía escapar. Al llegar al edificio esa tarde, Miguel y Ángel se encontraron en la entrada principal, saludándose con la misma complicidad que siempre los había caracterizado. La noche cayó rápidamente, y con ella la rutina del trabajo comenzó otra vez. Ángel estaba en la recepción, tratando de concentrarse en sus labores. Haciendo lo que correspondía: asegurarse de que todo estuviera tranquilo, verificar las cámaras de seguridad, comprobar el cierre de algunos accesos sin embargo, todo le parecía distante, como si estuviera viendo el mundo a través de un vidrio empañado. Los ruidos del edificio le llegaban con una sensación de lejanía, casi irreales, como si estuviera viviendo en una película que ya había visto antes, pero con un final que aún no conocía. La jornada transcurrió entre rondas silenciosas, llamadas telefónicas a la central y poco más. El cansancio comenzaba a acumularse en los hombros de Ángel, pero la sensación de inquietud seguía sin abandonarlo, en el fondo algo le decía que esa noche sería diferente, como si el mismo aire estuviera impregnado de una energía inexplicable. Ya avanzada la noche, mientras hacía su ronda por el primer piso del edificio casi a la misma hora del turno anterior. Ángel decidió tomar el mismo camino que había seguido la noche pasada, Al girar la esquina, pensó que no pasaría nada, que quizás la oscuridad del pasillo lo había hecho imaginar cosas, Pero cuando cruzó al lado opuesto, vio algo que lo hizo detenerse en seco nuevamente. Allí, en la misma esquina del pasillo donde la había visto antes, estaba ella. La misma mujer, caminando con la misma calma serena, sin prisa, como si el tiempo no la afectara. Ángel sintió que el corazón le dio un vuelco. La luz tenue del pasillo la bañaba suavemente, dibujando sombras delicadas en su rostro. Era como si el destino lo hubiera traído de vuelta para este momento, para encontrarse con ella nuevamente. El instante fue tan breve como la noche misma. Ángel sintió que el aire se hacía denso, pesado, mientras miraba a la mujer acercarse. Esta vez, su mirada no fue casual, ni tan distante como la primera vez. La mujer lo miró de reojo, y algo en su rostro cambió, como si hubiera sentido su presencia. No era una mirada común; era como si reconociera algo en él, algo que él mismo no comprendía. Fue solo un breve segundo, pero en ese momento, el mundo alrededor de Ángel se detuvo por completo. Cuando ella pasó por su lado, Ángel no pudo evitar dar un paso hacia ella, casi como si estuviera siguiendo un impulso, Pero en el último momento, se detuvo. No podía hacerlo, no pudo hablarle. La mujer siguió su camino sin detenerse, como si nada hubiera sucedido, y Ángel por un momento, se quedó allí, parado, con la sensación de que algo había cambiado en él, pero sin entender ¿qué cosa?. La noche continuó, pero Ángel no pudo dejar de pensar en ella, cada rincón del edificio, cada paso que daba, le recordaba la imagen de esa mujer. La realidad parecía distorsionada, como si él estuviera atrapado entre dos mundos, entre la rutina de su trabajo y la extraña conexión que sentía con ella, aunque no la conociera. Al final de su turno, cuando ya casi amanecía, Ángel se encontró con Miguel nuevamente. Estaba cansado, con la mente aún sumida en esos pensamientos que no lograba descifrar. —¿Todo bien?— le preguntó Miguel, y como si nada hubiera pasado, como si todo fuera normal,respondió Ángel sin mirarlo demasiado. —Sí, todo bien, solo un poco de sueño como cada mañana, ya sabes.— Miguel asintió. —Lo mismo digo, pero por fin ya es hora de irnos a casa.— Mientras se dirigían a la salida, Ángel sentía que su cuerpo respondía automáticamente, como si estuviera actuando en piloto automático. Su mente seguía centrada en la mujer, en su rostro, en esa conexión fugaz que había tenido con ella. ¿Quién era ella? Se preguntaba, sin poder encontrar respuesta. Cuando avanzaban para ir a sus respectivos hogares, Ángel miró hacia el edificio vacío detrás de él. El viento soplaba con suavidad y él de alguna manera se sintió extraño, como si hubiera dado un paso hacia lo desconocido. La sensación de que algo estaba por suceder lo acompañaba, como un eco que no se desvanecía quizás, solo quizás, había encontrado algo que nunca había estado buscando, pero que lo había estado esperando. Esa mañana, mientras caminaba hacia su departamento, no podía sacarse de la cabeza esa idea. El destino quizás ya le había mostrado su carta, Pero aún quedaba mucho por descubrir y Ángel sabía que de alguna manera, el encuentro con ella no era solo un accidente. Algo más grande estaba en juego, algo que ni siquiera él podía entender todavía. Pero una cosa era segura: desde aquella primera noche en aquel pasillo, ya nada... absolutamente nada sería igual.
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