Capitulo 7: El silencio de la noche

1042 Words
El reloj marcaba casi la medianoche cuando Ángel y Miguel se levantaron de la mesa en la terraza, el aire nocturno estaba fresco y la ciudad a su alrededor parecía haber disminuido su ruido, aunque el bullicio de las calles no desaparecía por completo. Ángel estaba algo pensativo, más callado que de costumbre. La charla sobre el hilo rojo y el destino había dejado una pequeña g****a en su creencia de que la vida era solo una sucesión de eventos sin mayores implicaciones, y a pesar de su postura escéptica, algo en su interior seguía dándole vueltas a las palabras de Miguel, esa idea de que algo más grande que la casualidad podría estar jugando en sus vidas. —¿Nos vamos?— preguntó Miguel, dándole un suave toque en el hombro, la noche está calmada, pero no tengo ganas de seguir dando vueltas por aquí. Ángel asintió, un tanto distraído. —Sí, vamos, además ya he tenido suficiente de charlas filosóficas por una noche. Salieron del bar, y caminaron por las calles desiertas del centro, con sus pasos resonando contra las paredes de los edificios antiguos. Ángel se ajustó la chaqueta, sintiendo el viento frío cortar la calma de la conversación. Miguel, como siempre, parecía no tener prisa. Caminaba a su lado, con una tranquilidad que se notaba en su postura, mientras Ángel se sentía más intranquilo que nunca. No era un mal momento, pero algo en el aire lo inquietaba. —¿No sé qué pasa Miguel?,— dijo Ángel de repente, mirando al frente con cierta incomodidad. —Es como si algo estuviera… en el aire, como si en cualquier momento, algo fuera a suceder. Miguel lo miró, pero no dejó de caminar. —¿A qué te refieres con eso?— pregunto— Ángel se detuvo unos pasos más adelante, mirando la calle vacía. —¡No lo sé!... es como si estuviera esperando que algo sucediera, Como si todo se conectara. Siento que hay algo… como si todo estuviera alineado para que pase algo importante, algo que no puedo controlar. Miguel, que había estado caminando a su lado sin prisa, detuvo sus pasos y lo observó con una ligera sonrisa. —¿Y eso qué significa Ángel? ¿Qué ahora crees en la magia del destino?— Ángel no dijo nada de inmediato y por un momento, se sintió atrapado en esa sensación extraña, pero no iba a darle ese gusto a Miguel tan fácilmente. Resopló, dándole a su mente el tiempo necesario para que sus pensamientos se organizaran. —Sí, claro, lo que pasa es que en realidad siento que este momento es… el que me lleva directo hacia mi alma gemela. — dijo Ángel, alzando una ceja y haciendo una mueca burlona, imitando lo que él imaginaba que sería un tono dramático. —Sí, ya sabes, tal vez todo esto esté conectado por un hilo rojo invisible, ¿no? Como la leyenda que me contaste, Quizás todo el universo se ha alineado y ahora me tocará encontrar a mi verdadera media naranja. Eso es lo que pasa, ¿verdad Miguel?— Miguel lo miró, desconcertado por la forma en que Ángel estaba hablándole, pero antes de poder responder, Ángel estalló en carcajadas Ja,ja,ja,ja —¿A poco me creíste?—dijo, dejándose llevar por la risa mientras miraba a su amigo. —¡Es solo una broma!. Estaba probando si realmente pensabas que iba a caer en todo ese rollo de las almas gemelas y los hilos rojos. Ya sabes que yo soy de los que piensa que la vida simplemente es lo que pasa, no algo predestinado. Miguel, aunque al principio pareció confundido, se permitió sonreír. —Ya sabía que te ibas a reír tarde o temprano de esto, pero aún así… algo me dice que no estás tan seguro. Si no creyeras en nada de eso, no estarías sacando el tema, ¿no?— Ángel se encogió de hombros con aire despreocupado. —No hay nada que discutir. Es solo que hoy me dio por pensar, por probar qué tan bien te conoces Miguel. Ya sabes, ver si realmente me comprabas el cuento de las almas gemelas y esas cosas, pero ni de broma amigo...ni de broma. El amor es… es algo que se da, y cuando se da, también se acaba... todo Lo demás son solo cuentos para distraídos. Miguel dejó escapar un suspiro y, aunque le dedicó una sonrisa tranquila, no insistió más en el tema. Había algo en la forma en que Ángel había respondido que lo hizo sentir que, en algún rincón de su mente, su amigo no estaba tan cerrado a la idea como pretendía aparentar. Sin embargo, no era momento de presionar más. La noche seguía su curso, y la brisa fría les golpeaba el rostro. —No te creas tan seguro de todo, Ángel. — Dijo Miguel finalmente, mientras retomaba su paso: —Lo que pasa, es que el amor a veces es el que se presenta cuando menos lo esperas, y justo cuando no crees en nada o tal vez, todo lo que dices es para no admitir que, en el fondo, todos buscamos algo más profundo, Pero ya veremos. —Ángel lo miró mientras continuaban caminando por las calles solitarias, un poco menos seguro de sí mismo de lo que le gustaba admitir. —Ya veremos, Miguel pero por ahora, lo único que me preocupa es que ya es tarde y tenemos que dormir. El resto son solo historias. y con una última sonrisa burlona, Ángel se despidió de Miguel en una esquina, mirando al horizonte mientras caminaba hacia su apartamento. La ciudad seguía dormida, sumida en el ruido lejano de los coches y las conversaciones perdidas. Sin embargo, en el fondo, algo seguía zumbando en su mente, tal vez había algo más de lo que quería admitir, algo que ni siquiera él podía comprender. La noche se alargó en silencio y mientras caminaba solo, con su rumbo fijo, Ángel sintió como si el mundo de repente fuera un poco más grande, más incierto, y tal vez, todo era más posible de lo que había pensado. Pero, por ahora, seguiría siendo un escéptico.porque a veces, las respuestas solo llegaban cuando uno dejá de buscarlas.
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