Capitulo 16: Efecto Hilo rojo

1304 Words
Era una madrugada tranquila, la luna llena iluminaba la ciudad desde la ventana del apartamento de Ángel sin embargo, dentro de él todo estaba lejos de ser sereno. Se encontraba sentado en su sillón, con una taza de café en las manos, mirando el teléfono mientras revivía cada momento del encuentro con Luna en el café. “¿Qué había sido eso entre ellos?” No era solo un juego, no era solo una tarde ligera. Había algo más, algo que no podía identificar completamente, pero que no lograba sacar de su cabeza. La suavidad de su risa, la chispa en sus ojos cuando hablaban, el pequeño rubor que se asomaba en sus mejillas, algo en todo eso lo había marcado, con un suspiro, guardó su teléfono y de repente, sintió que necesitaba hablar con alguien. Necesitaba hablar de Luna, de lo que había sucedido. Pensó en Miguel, su amigo de toda la vida, alguien con quien siempre podía contar cuando las cosas se ponían turbias así que, sin pensarlo dos veces, marcó su número. El teléfono sonó varias veces antes de que finalmente escuchara la voz de Miguel al otro lado de la línea, algo somnolienta pero alerta. “¿Qué pasa, Ángel? ¿No es tarde como para que me llames o me extrañas demasiado? ” —dijo Miguel, con su tono habitual de diversión mezclado con algo de cansancio. Ángel rió suavemente, aunque había una tensión en su voz que Miguel pudo detectar al instante —¡Tienes que venir!. Hay algo que necesito contarte y no sé cómo procesar Te prometo que no tiene nada que ver con… bueno, con nada de lo que hemos hablado anteriormente. Miguel, ahora completamente despierto, dejó salir un respiro pesado ¡Ya voy! Solo No me digas que has hecho alguna tontería Ángel. No quiero quedarme escuchando tus problemas con chicas que nunca se resuelven. —No es eso —respondió Ángel, con una sonrisa leve, pero con una seriedad que no se le escapó a Miguel—. Es algo más, algo que tiene que ver con Luna. “¿Luna? ¿quién es Luna”… se preguntó Miguel a si mismo, mientras intentaba recordar si habrá sido nombrada en alguna de sus conversaciones, sin decir nada más por un par de segundos, pero algo en su tono hizo que se sintiera intrigado, incluso un poco preocupado. —Voy en camino —dijo Miguel finalmente y colgó. Cuando Miguel llegó al apartamento de Ángel, encontró a su amigo esperando en la sala junto a dos cervezas frías, inquieto y ansioso, como si estuviera atrapado en un torbellino de pensamientos que no podía ordenar. —¿Qué pasó? —preguntó Miguel, mientras se dejaba caer en el sofá junto a Ángel el cual lo miró, con una mezcla de incertidumbre y excitación. —Hace unas horas, estuve en un café con Luna —dijo, finalmente soltando el peso que había estado cargando toda la noche— y Fue… no sé, diferente. No fue solo un café, no fue solo una cita casual... siento que hay algo entre nosotros, algo en lo que no puedo dejar de pensar. Miguel lo miró fijamente, levantando una ceja como si estuviera procesando lo que Ángel acababa de decir. No lo interrumpió, pero sus ojos brillaban con la intuición de que algo más estaba pasando. Ángel continuó, su voz un poco más baja —Desde que nos despedimos, no he dejado de pensar en ella, en su risa, en cómo me miraba, en cómo todo se sentía… natural, cómodo, como si no hubiera nada forzado. No entiendo ¿qué está pasando?, pero sé que… que hay algo. Miguel asintió lentamente, como si ya lo estuviera viendo venir y antes de que Ángel pudiera continuar, Miguel lo interrumpió con una sonrisa pícara. —Tú… ¿Estás hablando de esa Luna como si fuera algo más que una chica en una cita, verdad? —dijo, con un tono que no ocultaba su diversión. Ángel, al principio, no supo qué responder, pero luego dejó escapar una risa nerviosa, —No sé ¿qué es?, Miguel. No sé ¿qué pensar?. Me siento… por primera vez confundido. Miguel se recostó en el sofá, cruzando los brazos sobre su pecho, mientras observaba a su amigo con una mirada pensativa —Mira, Ángel —dijo, tomando un tono más serio.— Recuerdo la conversación que tuvimos hace unos días, cuando te hable del destino, el amor y esas cosas. Dijiste que no creías en ellas, que todo eso de las señales, el destino, las conexiones mágicas… era solo una idea romántica sin fundamento y estabas completamente escéptico. Ángel frunció el ceño y miró a su amigo con incredulidad.—¿Estás por volver a hablar de esa maldita leyenda del hilo rojo? —preguntó, dejando escapar una pequeña risa nerviosa— Ya te dije que eso es solo una superstición absurda. Miguel lo miró fijamente, sin mover un músculo, como si estuviera buscando una respuesta en los ojos de su amigo. —Sí, exactamente eso pero, ¿qué pasaría si todo eso tiene algún sentido Ángel? ¿Y qué pasa si Luna… es la persona a la que el destino te ha conectado?. El hilo rojo como dicen las leyendas, une a dos personas que están destinadas a encontrarse. Puede ser un concepto algo… místico, pero ¿y si no es tan absurdo? ¿Y si lo que sientes con ella es solo el comienzo de algo más grande?. Ángel se quedó en silencio por un momento, procesando lo que Miguel acababa de decir. “¿Era posible que estuviera cayendo en la trampa de creer en algo tan irracional?”. Siempre había sido escéptico y había rechazado esas ideas románticas, esas historias de almas gemelas e hilos invisibles que conectaban a las personas pero ahora, sentado allí, mirando las huellas de lo que había vivido esa tarde con Luna, una parte de él se sentía muy confundido. —Miguel, yo… no sé qué pensar pero, de alguna manera todo lo que pasó hoy me hizo pensar en eso. ¿Y si, en alguna extraña forma, esto es real? ¿Y si Luna es esa persona para mí?. Miguel lo miró fijamente, sus ojos llenos de complicidad. —Lo único que te puedo decir Ángel, es que: "a veces el destino tiene una forma curiosa de recordarnos que hay cosas que no podemos controlar, y que a veces, todo lo que podemos hacer es seguir el hilo." Ángel lo miró y suspiró, esa idea de la leyenda del hilo rojo, algo que había desechado por completo, ahora comenzaba a rondar su mente y no sonaba tan ridículo después de todo. Quizás, había algo entre él y Luna que estaba más allá de lo que podía entender y tal vez, solo tal vez, el destino había comenzado a tejer ese hilo invisible entre los dos. “¿Y si, después de todo, este es mi hilo rojo?” —Dijo en voz baja, como si estuviera convencido de algo, pero también dudando. Miguel sonrió y se levantó del sofá, dándole una palmada en el hombro. —Solo el tiempo lo dirá, amigo pero te diré algo: "no tengas miedo de seguirlo". Ángel miró a su amigo, un poco más tranquilo y asintió, después de todo, había algo más grande en juego, algo que ni siquiera él podía controlar y lo único que podía hacer era seguir el hilo, quizas hacia un destino que nunca imaginó. Esa noche, mientras Ángel reflexionaba sobre todo lo que había sucedido, una sensación de incertidumbre y emoción lo invadió. “¿Sería Luna realmente el comienzo de algo más?”... y por primera vez, se sintió dispuesto a creer que el destino probablemente, tenía algo reservado para él.
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