bc

Infinito

book_age18+
683
FOLLOW
3.6K
READ
student
drama
bxg
city
first love
tortured
selfish
shy
stubborn
like
intro-logo
Blurb

Le gustaba imaginar que la atracción fue mutua, que esa noche, cuando se miraron, él quedó tan fascinado como ella, pero esa ilusión pronto se desvanecía, cuando al despertar cada mañana regresaba a la realidad, Camila era una niña y David, todo un hombre.

¿Qué podría unirlos con tanta fuerza? El amor. Un amor que no conoce barreras, límites, el paso del tiempo, ni las pruebas que intentan sofocarlo. Aun cuando hay una brecha que los separa, que nada tiene que ver con la edad, ellos se esfuerzan por continuar luchando y permanecer juntos. Sin embargo, ¿Será este sentimiento más fuerte que los secretos, las mentiras, los engaños y el miedo? Una historia llena de pasión e intriga, pero sobre todo, amor.

chap-preview
Free preview
1. Desde la Primera Mirada
Camila Estuvimos toda la semana planeando la fiesta de pijamas. Nos sentíamos emocionadas, con Anabel habíamos sido amigas desde el kínder y jamás nos separábamos, pero esta vez, tendríamos una invitada más. Betty era la nueva del curso, la típica niña tímida que le cuesta hacer amigos, así que en nuestra semana de altruismo nos acercamos sonrientes, en el recreo, preguntándole hasta lo que comió en el desayuno y se formó nuestro grupo. Era la primera vez que le daban permiso para pasar una noche fuera de casa, sus papás eran aún más estrictos que los míos y eso me hacía sentir bien, significaba que mi vida no era tan un infierno como había creído hasta ahora. Ani convenció a su mamá de que llamara a nuestros papás para pedir permiso y ahí es que todo comenzó, mi forma de ver la vida cambió, para siempre. Todas traíamos algo para compartir, alguna entretención y, claro, algo comestible, esta vez yo aporté una enorme caja de helado de chocolate con almendras, Betty traía un millón de galletas con chispas y, en nuestra inocencia, eso era una gran fiesta. Decidimos preparar deliciosas malteadas y teníamos mucho desorden en la cocina cuando la mamá de Anabel se asomó por la puerta sonriendo. —Ani, ya que estás tan entretenida con tus amigas, tu papá decidió invitarme a salir, Carlos se quedará a cargo, eso sí, traerá unos amigos y no quiero que bajen del dormitorio, por favor. —¿Volverán tarde? —el semblante de Anabel se había vuelto sombrío, de alguna manera, esa no era una buena noticia para ella y se trataba de uno de los pocos temas que no solíamos compartir. —No lo sé, sean buenas niñas y no me llames a no ser que alguien se esté muriendo. —Sí, mamá —le dio al botón de la licuadora con rabia y pronto estaba todo listo para subir. Carlos era el hermano mayor de mi amiga, estudiaba economía y era muy divertido cuando jugaba con nosotras. A veces lo descubría mirándome fijamente y, no sé por qué, me hacía sonrojar. Claro que, como mis papás no solían darme permiso para salir, Anabel pasaba más en mi casa y no era mucho lo que lo veía, menos a sus amigos. Aún no era medianoche cuando sentimos la música fuerte en el piso de abajo y en poco rato las risotadas estridentes de una mujer, hacían que nos miráramos confundidas, pero ninguna decía nada, sabíamos que bajar estaba prohibido. Hasta que Betty sintió deseos de ir al baño. —Está al final del pasillo —le decía Anabel con su risa chillona. —No sean malas, acompáñenme, no quiero que me vean en pijamas. —Deben estar tan ocupados que ni te verán. —Vamos, Ani —de algún modo las súplicas de ella me daban pena, yo tampoco estaba acostumbrada a compartir con muchas personas y moriría de vergüenza si alguno de ellos se burlaba de mí. —¡Bueno! —exclamó, parecía enojada, pero dio un saltito para ponerse de pie, quitándose los colgantes de princesa— es ridículo que tengas trece años y no puedas ir sola al baño —la imitamos al calzarnos las pantuflas, pero sabíamos que su enojo pasaría. —Y si nos deslizamos, quizás no nos vean. —Me parece bien. La tentación de risa aparecía a cada momento, aunque sin contratiempos, llegamos al final del pasillo. Ani se apoyó en la pared y yo tuve la genial idea de recostarme en el suelo asomándome por la baranda. Había unas diez personas, el humo de cigarro subía hasta nosotras y todos parecían… eufóricos, noté unas botellas de licor en la mesa y, en un sillón pequeño, una pareja se besaba de una manera que, yo estaba segura, no estaba permitida. A Carlos no lo veía en ninguna parte y me fijé en un grupo, al parecer jugaban a los naipes, porque tenían un mazo sobre la mesa, pero sus rostros estaban vueltos hacia el más alto de ellos, gesticulaba con las manos mientras hablaba. No lograba distinguir su voz, cada cierto rato reían fuertemente, pero él no detenía su historia y, sin saber bien qué significaba, me pareció tan atractivo, lo recorrí una y otra vez con la mirada, memoricé sus zapatillas, su pantalón gastado, una sudadera verde con el cierre abierto marcando el torso musculoso bajo la camiseta celeste. ¿Es que acaso era un precioso modelo deportivo? El pelo rubio desordenado en muchos rizos sobre su cabeza, como si se hubiese bañado y se le olvidó peinarse, pero a la vez era como si lo hiciese a propósito; su piel estaba increíblemente tostada y los ojos, color topacio, rodeados de largas pestañas. Cuando nuestras miradas se encontraron, lo supe, él era, con una mueca en lugar de sonrisa, parecía burlarse del mundo entero, estaba segura, nunca podría ver a otro hombre sin acordarme de él y cuál sería la intensidad de mi mirada, totalmente perdida en ese hermoso rostro, sentí que fueron horas, interrumpida por una fuerte exclamación que salió de su boca. —¡INTRUSAS! Anabel me tironeaba del brazo, pero yo no quería dejar de mirarlo, sólo cuando noté a Carlos subir por la escalera, salí de mi trance. Betty estaba con nosotras y corrimos de regreso al dormitorio, antes de que él llegara, claro que, de todos modos, abrió la puerta. —¿Están bien? —Betty quería ir al baño y no se atrevía a salir sola, pero no lo volveremos a hacer —se apresuró a decir Anabel, antes de que él la reprendiera. —Bueno, mamá dijo que no se duerman tarde. —Pero con el ruido de ustedes. —En una hora más se irán todos ¿les parece? —Sí, pero… —Anabel lo miró suspicaz—. ¿Podrías traernos una Coca y papas fritas? —Sí, sí… lo que quieras… por supuesto que mamá sabrá que nos estamos portando bien allá abajo. —Claro, hermano, como siempre. Pensé que mi amiga no se había dado cuenta de mi “trance” ya que no mencionó nada esa noche, pero el domingo cuando fue a estudiar a mi casa no dejó pasar el tema. —No quise preguntarte delante de Betty, pero ¿qué es lo que te pasó anoche? —No sé de qué hablas —no creyera que tan fácil lo confesaría, aunque mi corazón latía con tanta fuerza que temía ella lo escuchara—. ¿Me puedes explicar cómo hiciste el ejercicio número cinco? —¿Me estás cambiando el tema? ¡Camila! ¡Estás escondiéndome algo por primera vez en tu vida! —a pesar de su baja estatura tenía una voz muy potente. —No es la primera vez, además no quiero que te rías de mí. —Se llama David —ladeó el rostro para comprobar que me había sonrojado— creo que es el mejor amigo de Carlos, son compañeros en la universidad, a veces lo veo, pero no mucho, parece que vive en una casa con otros universitarios. —Prométeme que si sabes que irá a tu casa me dirás —y me sentí tonta por mostrar tal ansiedad en mis ojos, pero eso pareció ablandar el corazón de mi amiga. —No seas tonta —susurró. —Lo soy ¿y qué? Han pasado casi tres años y no lo he vuelto a ver, tengo la leve sospecha de que Anabel tiene que ver con eso, pero nunca sería capaz de reprocharla, de alguna manera sé que lo hace porque me quiere. De todos modos, ese año fue mi tema favorito y cada vez que ella me decía que lo había visto, yo le hacía millones de preguntas sin sentirme satisfecha y me enojaba, porque no era más detallista y lloraba en mi cama, porque esto era un castigo y no quería nada más que poder verlo una vez más, hasta que, días después de terminar el año escolar, mi amiga me visitó en casa, encontrándose con mis millones de preguntas y sólo me tapó la boca. —Ayer estuvo en la casa, Carlos estaba con su novia, Josefine y David con una amiga de ella, creo que se llama… Celine, irían a una fiesta, los vi besándose en el sofá mientras esperaban que mi hermano terminara de vestirse. —¿Es su novia? —la indiferencia era mi mejor amiga en este momento, no quería que mi amiga viese el dolor de mi corazón. —No lo sé, pero ¿Por qué más la besaría de ese modo? —No importa, ¿De acuerdo? —dije, haciendo un gesto de desprecio con mi mano. —¿Estás bien? —posó su mano en mi mano, pero la ignoré. —Sí, después de todo sólo soy una niña —mis hombros se levantaron, atragantándome con el suspiro que luchaba por salir de mi pecho, pero ella jamás sabría que por dentro estaba muriendo. —¿Cuándo te veré de nuevo? —esperó un poco para volver a hablar, sabía que yo no podría responderle mientras escondía los deseos de llorar. —Mañana nos vamos —dije por fin— la playa debe estar deliciosa, me compré mil bikinis —hablé tan apresurada y con tanta emoción que perdí el aliento y eso nos hizo reír, mi cuerpo había madurado y era una prenda que recién este verano podría lucir como una mujer, Anabel solía quejarse, porque sus pechos aún no crecían y yo sólo sonreía. —¿Me llamarás? —Como todos los veranos. —Nosotros no haremos nada, papá dice que no tiene los ahorros suficientes. —Ven conmigo entonces ¿estarías dispuesta a separarte de tus papás por dos meses? —No lo pensaría dos veces. Papá, aunque yo le digo Pablo, es arquitecto, desde que salió de la universidad trabaja en una empresa de construcción muy importante y su jefe lo aprecia mucho, por eso le presta el departamento que tiene en Santa Mónica, por todo el verano, claro que mi papá sólo va en febrero y el resto del tiempo estamos con mamá y los mellizos, mis hermanos pequeños, Ignacia y Joaquín. Nos divertimos tanto, compartíamos la misma cama, aunque casi siempre estábamos tan cansadas que apenas alcanzábamos a comentar lo sucedido en el día. Hicimos muchos amigos y a ella le encantaba molestarme diciendo que Erik, un niño de cabello colorado, me miraba demasiado, yo cortaba el tema inmediatamente, una cosa era no volver a hablar de David y lo otro era pensar que lo olvidaba. Regresamos más unidas que nunca, con un largo año por delante. Ninguna de nuestras compañeras había tenido mejores vacaciones que nosotras, ni tantas historias que contar, pero pronto la rutina nos inundó y ya nada era tan novedoso, ni interesante, incluso Betty nos perdonó por haberla dejado abandonada tanto tiempo. Mirándome de reojo, un día a Anabel se le escapó que David había ido a su casa de visita y que habían conversado por un buen rato mientras él esperaba a que llegara Carlos. No lo pude evitar, mi pecho se llenó de rabia y me fui de su lado, eso era algo que no podía soportar. Entonces comenzaron los sueños, cada noche, sin falta, despertaba con la sensación de sus manos entre las mías, de sus labios en los míos y creí que me estaba volviendo loca, por eso no se lo conté a nadie, es que es ridículo, menos de un minuto, eso es todo lo que lo vi y era imposible sacarlo de mi mente, de mi cuerpo… de mi corazón. Anhelaba algo que nunca había tenido, tratando de convencerme que eran sólo tonteras de niña, pero, en el fondo de mi pecho, sabía que nunca lo olvidaría. Terminamos la temporada escolar con sonrisas en nuestros rostros y una sensación distinta en nuestros cuerpos, ya no éramos niñas, de eso estábamos seguras, aunque al mundo le costara creerlo. Por mucho que Anabel le insistió a su mamá para que le diera permiso de pasar otras vacaciones con mi familia, esta vez no quisieron, llorando me explicaba que lo consideraban un abuso y ni siquiera la llamada de mi mamá los sacó de su posición, la abracé muy fuerte, sólo serían dos meses y luego volveríamos a estar juntas todo un año más, pero la extrañaría demasiado. Estas vacaciones fueron distintas, me sentía diferente, ya no me interesaba jugar en la arena con mis hermanos y mi cuerpo no había tenido cambios notables desde el verano anterior, pero me sentía algo avergonzada de usar los bikinis que compré antes de venir, por lo que me cubría con un enorme pareo, aun así, sentía que me miraban de otra manera y poco me costó comprender que a los chicos les gustaba. Mi rostro se ruborizó por completo, encantándome la forma en que los ojos de Erik se desorbitaron al encontrarme con él, había crecido, muchísimo, era alto, musculoso, no como el niño que recordaba. —H… hola —logró tartamudear y sonreí. —No te había visto —bajé la mirada, ligeramente, no quise acercarme a saludarlo y creo que él se sentía un poco intimidado con mi presencia, trataba de mirarme solo a la cara, pero no podía evitar recorrerme con la mirada. —Llegué ayer, ¿y tú? —al final terminó por observar el océano, normalmente lo hubiese encontrado un desubicado, pero creo que lo comprendía. —En cuanto comenzaron las vacaciones, como siempre. —Te gustaría… —mordió sus labios mientras pasaba la mano por su pelo— mi hermana hará una fiesta en el depa esta noche ¿Vendrías? —Debo pedir permiso, pero es en el piso de abajo ¿Cierto? —Sí, me avisas si no te dejan —debía aceptar que su risa era muy linda —¿Cómo? —¿Tienes celular? —Me acaban de regalar uno, por mis buenas notas. —Dámelo —arrugó los ojos levemente mientras anotaba su número y luego se llamaba a sí mismo— bien, ya no desaparecerás tan fácilmente. —Tampoco tú. —Parece que tu mamá te espera —apuntaba hacia donde jugaban los mellizos y me volví lentamente, no quería sentirme avergonzada. —Sí, debo irme —sonreí al ver la expresión ceñuda de Sophia, tampoco quería que se llevara otra impresión. Extrañamente, me permitió salir, sólo hasta las doce. Mi piel resplandecía, después de dos semanas de sol, me había bronceado y tenía una leve luminosidad, como si pequeños diamantes reflejaran la luz, por lo que mi vestido veraniego con tirantes, de un suave color azul, parecía lucir mejor que cuando lo compré, sobre todo porque resaltaba mis ojos. Sí, Erik pareció turbado durante la tarde, esta vez ya casi rayaba en lo ridículo, su rostro se volvió de todos colores y no me soltó de la mano ni cuando se acercó a una mesa para servirme un vaso de gaseosa, su piel era tan tibia, agradable, quizás una característica de su color tostado. —Hay ron, si quieres. —No, gracias —sonreí al notar que él también tomaba sólo una coca. —¿Quieres conocer a mis amigos? —Claro —parecía orgulloso, eran un grupo grande y pudimos conversar con ellos por el resto de la jornada, no me reía tanto en mucho tiempo, Rachel era la hermana de Erik, no soltaba el cuello de Tim, su novio, como si estuviese soldada a él. Ben parecía algo mayor que los demás, pero su novia Emma era más joven, tenía una enorme cicatriz en la sien, que ella no pretendía ocultar y que yo no podía dejar de mirar, hasta que noté el ceño fruncido de Ben y comprendí que debía comportarme, pero no dejaba de preguntarme qué le habría sucedido, era muy hermosa a pesar de eso. —¿Quieres bailar? —susurró Erik en mi oído y dudé por un momento, no quería que él pensara que me interesaba de otra manera y esto de tener mi mano tomada, ya me parecía algo extraño. —Bueno, pero en media hora debo estar en casa. —Ok, te voy a dejar —era un tema moderno y él parecía conocerlo bien—. ¿Y tú amiga? —exclamó como recordando, tomando mis manos me giró suavemente. —No le dieron permiso para venir, estaba muy triste. —Ella es agradable, como si tuviese una sobredosis, aunque tú eres más linda. —Gracias. —Pero también eres agradable —corrigió levemente preocupado. —Tú también —exclamé alzando la voz por sobre el ruido de la música. —¿Qué… lindo o agradable? —Si lo pones así… las dos cosas —y lo vi reír con… orgullo, sí, eso era, estaba feliz. —Seguro que tienes novio allá, en tu ciudad. —Sacramento y no, nunca he tenido novio. —Yo sí —no pude evitar fruncir la frente, además, la conversación iba por un lado que me asustaba— pero terminamos. —¿Cuánto duraron? —Seis meses, ella tenía quince y se portaba muy niña. —Yo tengo quince —murmuré bajando el rostro. —Pareces mayor —estaba confundido— eres tan seria, bueno, yo sólo tengo dieciséis, pero no eres como ella, seguro. —Eso será bueno. —Lo es, definitivamente —miró la hora en su celular y se levantó de hombros— te veré mañana ¿Cierto? —Si tú quieres. —¿Juegas paleta? —Recuerda que el verano pasado te gané un par de partidos —De veras —me tomó de la mano con fuerza— vamos, ya es hora. —Si caminamos lento —exclamé riendo. —No quiero que te castiguen la primera vez que salimos, para que te den permiso otra vez. —Nunca te he preguntado de dónde eres tú. —También soy de Sacramento. —¡No te creo! —me detuve un segundo a ver su sonrisa suficiente. —Mis papás son divorciados, ella vive acá con su nuevo esposo y mi hermana, yo decidí quedarme allá, con papá, por mis amigos, el cole y todo eso. —¿Dónde estudias? —se apoyó en la pared, junto a la puerta de mi departamento y, como aún no soltaba mi mano, no me dejó otra opción que apoyarme junto a él. —Instituto Saint Michael. —Dicen que es un buen colegio —He estado en él toda mi vida académica —sonrió y mi cuerpo se estremeció por completo cuando acercó una mano a mi pelo, acariciando un mechón en toda su larga longitud—. ¿Dónde estudias tú? —A papá no le gustaba la idea de que fuera a un colegio mixto. —Entonces estás en uno de monjitas. —Así es. —¡Hija! Estás aquí, te llamé al celular y no contestaste —me volví a mirarla, estaba con la puerta abierta y uno de los mellizos dormía en sus brazos. —Lo tengo en silencio, lo siento. —Quince minutos y entras, no te muevas de ahí, si tu papá llama… —Lo sé —la miré con los ojos bien abiertos para que comprendiera, me estaba avergonzando, no me volví hasta que cerró la puerta. —Te cuidan mucho, ¿Cómo es que te dejaron venir a la fiesta? —Es que mi papá llega en dos semanas más, él está trabajando, mamá sabe convencerlo. —Entonces sólo tenemos dos semanas —vi su sonrisa burlona y no pude evitar reír con él. —Si mi amiga hubiese venido sería más fácil. —Pero en este momento no estaríamos así… hablando, quiero decir —volvió a ruborizarse y un suspiro se le escapó, dejé de mirarlo, para no incomodarlo, mientras jugaba con mi celular en la mano libre, un leve carraspeo me hizo levantar la vista y él estaba ahí, sus ojos verdes luminosos, la boca a centímetros de mi boca y me besó, sus labios eran fuertes y suaves, acariciando los míos con gran ternura, cerré los ojos y en cuanto lo hice, el rostro de David apareció en mi mente, ya ni siquiera sé si luce así o es simplemente producto de mi imaginación, pero estaba ceñudo y entonces me aparté, bruscamente. —Lo siento —alcancé a murmurar sin mirar, desapareciendo tras la puerta del departamento. Mamá seguramente había ido a acostar a los niños, por lo que no dudé en correr a mi dormitorio, lanzándome sobre la cama y llorar, amargamente, durante horas, hasta quedarme dormida. No podía comprender qué es lo que pasaba conmigo, sabía que David era sólo una estupidez, un sueño infantil, fuera de que probablemente nunca volvería a verlo, yo era una niña y él jamás se fijaría en mí, pero no dejaba de tener una esperanza y odiaba esa sensación, por él no podría tener una vida y Erik ¿qué culpa tenía? Lo había dejado solo en mitad de un beso, pensando las cosas más ridículas de mí, si creía que su novia era muy inmadura, entonces yo sería una pequeña de kínder a su lado. No tendría la cara para volver a verlo, estaría encerrada en el departamento por el resto del verano, sí, eso haría. Salté de la cama dispuesta a cumplir mi promesa, busqué ropa en mis cajones, unos shorts de mezclilla muy corto y un top de pabilos, iba a darme una ducha cuando mi celular dio dos pitidos, eso era un mensaje “acompáñame al supermercado, en media hora paso por ti” mi corazón latió rápidamente, Erik quería verme otra vez. —¡Mamá! —chillé mientras iba a largar el agua para que se calentara, ya me duchaba cuando escuché la puerta. —Creí que te pasaba algo, cómo gritaste tan fuerte. —Erik me pidió que lo acompañe al supermercado, dime que sí, por fa… —¿Qué pasó anoche? —la tapa del estanque hizo un ruido cuando ella se sentó y supe que tendría que contárselo. —Él me besó y yo salí corriendo y lloré porque me sentí muy avergonzada. —¿Te gusta? —No lo sé, es lindo y simpático —le sonreí asomándome por la cortina. —Era tu primer beso —me miraba fijamente y no pude evitar sonrojarme. —Sí, casi… porque salí corriendo como te dije —regresé al agua, viendo cómo la espuma dejaba mi ondulado cabello n***o brillando bajo el agua. —Prométeme algo. —Sí —dije con duda. —No lo besarás otra vez hasta que sepas que realmente te gusta, además si Pablo lo sabe no te dejará salir con él. —Bueno —mordí mi labio suavemente, una vez había escuchado que cuando te besan por primera vez, la sensación te acompaña por días, pero yo no lo sentía para nada—, ¿mamá? —Dime. —¿Cuándo diste tu primer beso? —Mmmh sólo puedo decirte que fue con tu papá —supuse que iba a irse, como siempre que le preguntaba cosas de ella. —Espera. —¿Qué? —Al otro día de que se dieron ese beso ¿Todavía podías sentirlo? —Oh, sí, mi niña, no sólo al otro día. —Eso quería saber —esparcí el acondicionador por toda mi cabeza, ya sabía que no volvería a besar a Erik. —¿Hija? —¿Qué? —Te amo, eres lo mejor que me ha pasado en la vida —y escuché la puerta cerrarse. Fue un verano demasiado divertido, Rachel resultó ser sólo un par de años mayor y nos llevamos muy bien. Cuando llegó papá no puso problemas en que fuera a su casa o saliera con su grupo, él nunca vio que Erik no me soltaba la mano y disfrutábamos de nuestra compañía durante horas, no fue necesario aclarar las cosas con él, se disculpó esa mañana diciendo que no volvería a besarme si eso me ponía nerviosa o no me agradaba. Sólo rompió su promesa en una fiesta que hicimos en su departamento, todos tenían a alguien a quien besar cuando jugamos a la botella y, riéndonos, volvimos a estrechar nuestros labios por un minuto encantador, pero sólo eso, un minuto.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
54.2K
bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
25.7K
bc

Prisionera Entre tus brazos

read
101.9K
bc

Venganza por amor: Infiltrado

read
64.7K
bc

La embarazada sacrificada

read
3.2K
bc

Eres mío, idiota.

read
3.6K
bc

Profesor Roberts

read
1.7M

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook