Camila Lo escuchaba reír al otro lado de la línea y mi furia iba creciendo a cada momento, entendiendo qué es lo que sucedía, él había cambiado el número que yo tenía grabado como de Erik por otro. —Ya, detente —exclamé con enojo. —Eres tan desvergonzada y predecible a la vez —la risa se entremezclaba al hablar— sabía que encontrarías cualquier resquicio en mi petición. —Te llamé y me mandaba a buzón —reclamé. —Es que tuve que cambiar el chip para que la broma resultara, ay Cami, gracias por hacerme reír. —¡Anda a reírte de otra! —le grité y corté la llamada arrepintiéndome en el mismo momento, pero me contuve de llamarlo, dos minutos después escuché la musiquita y su nombre en la pantalla—. ¿Dejaste de reír como niñita histérica? —¿Te he dicho que me encanta cuando te enojas? Me gu

