ALESSANDRO El niño nuevo es como un fantasma, lleva una semana en casa y apenas ha dicho tres palabras, come rápido, protegiendo el plato con el brazo como si alguien fuera a robárselo, y duerme con un cuchillo de mantequilla bajo la almohada (Isabella finge que no lo sabe, pero lo reemplaza por uno de plástico cuando él se duerme). Sin embargo, hay algo que ha cambiado. Miro por la ventana de mi despacho, en el jardín, Matteo está tirado en la hierba, lanzando una pelota de tenis, Draco corre tras ella, torpe y feliz y sentado a unos metros, con las rodillas pegadas al pecho, está Dante. No juega, vigila, sus ojos azules escanean el perímetro del jardín, los muros, los guardias, no actúa como un niño de seis años, actúa como un soldado, pero cuando Draco vuelve con la pelota y, en lug

