ALESSANDRO El sótano de Villa Moretti tiene una acústica particular, el goteo de una tubería lejana suena como un reloj marcando el tiempo de vida que les queda a mis prisioneros. La celda 1 está vacía, ya han limpiado la sangre de Bianca y solo queda el olor a lejía fuerte que usa Enzo para borrar rastros. Camino hacia la celda 4. Marco está sentado en el suelo con la espalda apoyada en la pared de piedra, tiene la barba crecida, la ropa sucia y los ojos hundidos, cuando oye mis pasos no se levanta solo levanta la cabeza, resignado, sabe de antemano que ayer Bianca partido de este mundo y supone que él es el siguiente. Abro la puerta, el chirrido del metal hace eco en el pasillo vacío. Entro con una carpeta azul en la mano y dos botellas de cerveza fría. - Levántate —le digo.

