ALESSANDRO El sonido más aterrador del mundo no es un disparo, ni una explosión, ni el grito de un hombre al que torturan, el sonido más aterrador es un pitido agudo, continuo e interminable. Biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiip. Estoy dormitando en el sillón junto a la cama de Isabella con su mano fría entre las mías, cuando el monitor cardíaco se convierte en una alarma de incendio para mi alma. Abro los ojos de golpe, el corazón me martillea contra las costillas. Veo líneas rojas en la pantalla, veo a Isabella arquearse levemente sobre la cama convulsionando, su piel que ya era pálida se ha vuelto grisácea en cuestión de segundos, el tubo del respirador parece vibrar. - ¡DOCTOR! —rujo, saltando hacia ella sin saber qué hacer, con miedo de tocarla y romperla—. ¡ENZO! La puerta se abre de

