ALESSANDRO El viaje de regreso se vuelve una franja muda, densa, cargada de adrenalina que todavía no se disipa. Enzo conduce la camioneta blindada y yo voy en el asiento trasero junto a Isabella, no nos tocamos, pero el espacio entre nosotros vibra, tenso, como si bastara un movimiento mínimo para que todo estalle. La observo de reojo. Tiene una mancha oscura de sangre seca en la mejilla, su pecho sube y baja rápido, no por miedo, sino por algo más profundo, sus ojos siguen fijos al frente, brillantes, encendidos por la violencia que acabamos de atravesar juntos. Matar altera, sobrevivir deja el cuerpo encendido y saber que ella es capaz de lo mismo que yo… eso me desarma. El olor a pólvora, sudor y sangre se queda atrapado en la cabina, debería dar asco y en cambio me enciende como

