La magia era una fuerza de la naturaleza, el mana era carente de una distinción en específico hasta que los seres humanos decidieron crear una distinción según la manera que tenían de utilizarlo. Los hechizos creados con mana que tenían el objetivo de ayudar a una persona eran magia blanca mientras que los hechizos dedicados a acabar con un ser humano eran magia oscura.
La mayoría de los practicantes de las artes oscuras eran un clan de mujeres en las tierras del noreste.
Las brujas oscuras.
- ¿Estás seguro que la causa es la magia oscura? – Ortswan interrogo debido a que aproximadamente cien años que no se había detectado ese tipo de magia en el Continente Occidental.
- El objeto fue creado por el Dios Cathán junto a la Diosa Safira. – El hombre mantuvo sus manos entrelazadas, sus ojos de color violeta observaban directamente los contrarios percatándose del nivel de angustia continuaba creciendo en su interior. Sirius deseaba poder evitarle esas angustias pero por su puesto como la Jefa del Imperio era imposible. – La finalidad era distinguir la magia oscura con facilidad por orden de la Diosa Selenophile quien estaba cansada de observar como los humanos buscaban lastimarse mutuamente.
-Eso quiere decir, que alguien está practicando artes oscuras en mi territorio. – La voz de Olivia parecía estar repleta de enojo en esta ocasión, la joven rápidamente giro sobre sus talones para encontrarse con una mirada gris sobre su cuerpo. – Quiero que envíes a la brigada de magos al noreste.
- Si, Su majestad – Adonis realizo una reverencia.
El hombre de cabello ondulado estaba dispuesto a marcharse pero la voz gruesa del alquimista causo que se detuviera.
- Emperatriz, permítame enviar a mi aprendiz a ubicar con exactitud el lugar donde se encuentra la persona que ha causado este desastre. – Los ojos del mayor demostraban su determinación, su mirada severa aseguraba que estaba hablando en serio.
Fue incapaz de ayudarla antes, al menos deseaba ser útil para la joven de cabello rizado en estos momentos.
- De acuerdo. – La mujer suspiro antes de sobar el puente de su nariz, la situación empezaba a estresarla hasta el punto de estar en constante alerta, al mismo tiempo la joven de cabello dorado podía sentir un naciente dolor de espalda por el estrés.– Iré al campo de entrenamiento de la familia real
- Iremos con usted. –Cavendeshi tomo la iniciativa para la sorpresa de todos
- Aléjense de mi durante dos horas. - La mujer ordeno de manera tajante, en sus ojos se veía una advertencia silenciosa para quienes no siguieran sus deseos.
(…)
El viento era fuerte esa tarde, causando que el cabello dorado de la Emperatriz volara aunque los tuviera atado en una colita alta. Ortswan se tambaleo cuando volvió a tocar el suelo con sus pies, durante unos pocos segundos había perdido el equilibrio, un suave jadeo salió de sus labios gruesos después de realizar una de las acrobacias más complejas del ataru* mientras la frustración se instalaba en su corazón ocasionado que el enojo corriera por sus venas. La mujer de cabellos dorados arrojo su espada en el suelo mientras gotas de sudor se resbalan de su mentón hasta tocar el suelo.
- Concéntrate Olivia. – Se regañó a si misma colocando ambas manos sobre su cintura con voz suave. – Una Emperatriz debe mantenerse centrada.
Era más sencillo decirlo que hacerlo, su mente era un caos en este momento.
La Emperatriz debía de encargarse de preparar el festival que realizarían en dos semanas, la gestión interna así como resolver los problemas externos donde la mafia de los vampiros continuaba asaltando pequeños lugares y adicionalmente, el descubrimiento del surgimiento de las artes oscuras. Era demasiado para una sola persona, no obstante, este era el peso de la corona que estaba portando.
La mujer de cabello dorado soltó un profundo suspiro, camino unos cuantos pasos con la intención de volver a tomar su espada pero cuando se colocó en cuclillas para volver a tomar su espada un fuerte mareo invadió su cuerpo. La joven sentía que el mundo le daba vueltas, en consecuencia, sus rodillas tocaron la superficie de madera mientras colocaba una de sus manos sobre la misma con sus ojos cerrados. Las náuseas acompañaron la sensación para posteriormente escupir una cantidad considerable de sangre mientras empezaba a temblar violentamente, la joven de ojos negros sentía que iba a desmayarse en cualquier momento, su vista empezó a nublarse e incluso su cuerpo se inclinó a la derecha sin fuerza.
Sin embargo, el impacto de su cuerpo contra la madera nunca ocurrió.
Alexander, quien la estaba observando en secreto desde hace una hora, se acercó corriendo hasta la Emperatriz, sus manos cálidas sujetaron el cuerpo de la joven de cabello rizado pegando su espalda contra su pecho para posteriormente hacer que el cuerpo de la mujer girara con la intensión de estar frente a frente. La mirada bicolor distinguió como Olivia estaba más pálida que de costumbre, el sudor cubría su cuerpo, sus labios parecían de un color azul. El joven empezó a tratar con su magia medicinal el cuerpo de Ortswam intentando estabilizarlo, en unos cuantos minutos, los ojos negros de la mujer se abrieron lentamente encontrándose con un ojo verde y otro marrón.
- Ordene que nadie viniera molestarme. – Su voz sonaba débil inquietando más al mestizo de cabello blanco.
- Desobedecí su orden. – Alexander reconoció sin remordimientos, casi con orgullo. Sobre sus labios estaba una sonrisa divertida, su mano derecha empezó a acariciar las mejillas contrarias encontrando que la temperatura corporal de la mujer era baja. Su cuerpo estaba frio. – Si no hubiera venido, usted estaría desmayada en el campo de entrenamiento por horas… - Lefevré limpio con su pulgar la sangre que bajaba por el mentón de la fémina. – Olivia ¿Por qué te torturas de esta manera?
Alexander sentía dolor cada vez que la mujer de cabello rizado empezaba a abusar de su cuerpo afectando su salud física. Sus ojos bicolor distinguieron un la inseguridad e incluso una gran tristeza en los contrarios antes que Ortswan cerrara sus ojos mientras suspiraba, aclaro su garganta antes de responderle.
- El dolor físico calma el dolor del corazón junto a los gritos de la mente. – Sus palabras generando que el albino la observara con compasión mientras se preguntaba constantemente que la orillo a pensar de esa manera, su mano derecha continuo acariciando son suavidad la mejilla contraria. – Quita esa cara, detesto cuando me miran de esa manera.
Ortswam detestaba que la vieran como una mujer débil.
- Existen otras maneras de calmar una mente inquieta. – El joven sujeto la cintura de la mujer con firmeza antes de levantarse. El mestizo la cargo entre sus brazos con una dulce sonrisa en sus labios mientras la mujer levantaba una de sus cejas confundida. – Una manera que no consista en llevar al limite su cuerpo cuando está enferma, usted necesita descanso.
- ¿Por qué te importa lo que suceda conmigo?
Olivia intentaba seguir la línea de pensamiento del fae. Su relación empezó con el pie izquierdo por un comentario que fue malinterpretado e incluso la razón por la cual se convirtió en su tercer concubino era únicamente porque deseaban algo que tenía el otro, no entendía nada que justiciará la inquietud del hombre que la sostenía entre sus brazos. Alexander tampoco conocía la repuesta a profundidad pero deseaba compartir con la mujer el poco entendimiento que tenía en ese momento sobre lo que sentía su corazón.
- Desde la primera vez que la observe entre los soldados en el Territorio de Newcastel no he podido dejar de pensar en usted, cuando observe sus ojos por primera vez sentí una sensación nueva. – Lefevré volvió a ver al frente mientras empezaba a caminar fuera del campo de entrenamiento. - ¿Cómo podría describirlo? Hmmm, era una sensación de pertenecía por así llamarlo.
- ¿Pertenecía? – Ortswam interrogo suavemente, la joven de cabello dorado podría decir que sintió algo similar cuando sus ojos miraron a Adonis por primera vez.
- No sé como expresarlo. – Alexander inflo sus mofletes en un puchero, la mano izquierda de la mujer se coloco sobre su pecho causando que su corazón empezara a aumentar el ritmo de sus latidos y un rubor se instalara en sus mejillas. - Únicamente, era una sensación que me atraía cada vez más a usted. En fin, cuando Adonis me arresto estuve preocupado durante todo ese tiempo… Tenía miedo que el líder de los Vampiros llegara a lastimarla.
- ¿Por qué soy una mujer? - Ella cuestiono a la defensiva mientras sus ojos observaban la sonrisa infantil en el rostro contrario, quien estaba observando el camino.
- Porque la amo, creo que me enamore a primera vista de usted. – La mirada de Alexander bajo para encontrarse con el rostro sonrojado de la Emperatriz de Impure debido a la confesión del mestizo, una gran sonrisa se instaló sobre sus labios. - ¡Su rostro es hermoso sonrojado! La hare sonrojar varias veces al día. – La voz risueña del hombre causo que sus mejillas aumentaran el sonrojo.
- ¿Aun crees que es amor?
- Por supuesto. – Las palabras del hombre de orejas puntiagudas eran firmes, no existía vacilación en ellas.
Alexander regreso su mirada al frente, se adentró al pasillo que conectaba las instalaciones del campo de entrenamiento con el Palacio Imperial mientras sentía las miradas de los sirvientes sobre su espalda. Los murmullos de los sirvientes causaron que Olivia se acurrucara más entre los brazos fuertes del hombre, no quería dar una imagen de debilidad.
Las paredes tenían oídos.
- En realidad, lo que más deseo es convertirme en un apoyo para usted… - Las palabras seguras del mestizo causaron que los ojos oscuros de Ortswan lo miraran con rapidez, el corazón de Olivia latía de manera salvaje. – El peso de la corona, podemos cargarlo juntos.
El camino hasta el Palacio de Jade fue silencioso después de esa declaración.
Lefevré se detuvo delante de la puerta de su habitación antes de abrirla, el joven se adentró en su cuarto mientras la mujer admiraba las paredes pintadas de un color azul oscuro junto a diversos detalles de color dorados. Alexander dejo el cuerpo de la fémina sobre las sábanas blancas de la cama matrimonial antes de sentarse a su lado derecho, el joven albino sujeto la mano de la Emperatriz con una suave sonrisa.
- Conmigo, no tendrás que crear una barrera para protegerte. – Su voz gruesa tenía un tono cálido, causando que la joven de cabello dorado se sintiera cómoda a su lado. – Olivia, nunca te lastimaría.
Ortswan era consciente que el mestizo era incapaz de lastimar a cualquier persona, sin embargo, la Emperatriz continuaba siendo recelosa, en sus ojos negros la duda era evidente. Lefevré al percatarse de eso decidió demostrarle a Olivia que podria brindarle la estabilidad que su alma necesitaba.