El peso de un paìs entero se encontraba sobre sus hombros, siempre aparecían nuevos problemas después que el sol saliera causando que para la fémina de cabello dorado fuera casi imposible poder pensar en una única complicación. Olivia bajo la mirada hasta la bandeja observando la torta de chocolate con fresas mientras sonreía antes de tomar con la cucharilla una porción.
- Puedo hacer las tres cosas al mismo tiempo. – Aseguro con orgullo ocasionando que las dos personas que a su alrededor mantuvieran un rostro disgustado por la terquedad de la joven. - ¿Tienes alguna noticia sobre ese tema? – Le cuestiono a Adonis quien negó con su cabeza ante de pasar una de sus manos sobre cabello rizado con frustración. – Esta situación es anormal, su majestad, creo que debemos ser cauteloso.
En ese momento la puerta volvió a abrirse revelando al joven de cabello blanco, Alexander se adentró a la habitación ignorando las formalidades generando que Andrade empezara a reprocharle las acciones mientras Olivia sonreía antes de llevarse un trozo de torta a sus boca disfrutando del sabor. Los ojos bicolor del mestizo reflejaron dolor al momento de pararse delante de la Emperatriz quien tenía un rostro cansado e incluso las ojeras eran visibles para él a pesar del maquillaje.
- ¿Cuál es la prisa, mi hadita? – La mujer interrogo con calma, sus ojos negros podían distinguir como las mejillas del fae empezaron a sonrojarse por el nuevo apodo.
- Majestad, recibimos dos cartas de la misión que enviamos. – Alexander se acercó hasta ella para entregárselas quien empezó a leer la carta en silencio, el mestizó observo a su mejor amigo que estaba al lado izquierdo de la joven. Lefevrè comenzó a explicar el contenido para los otros dos. - El Príncipe Rhory viaja en un carruaje con una mujer que conoció en el instituto, aparentemente únicamente tienen dos meses de relacion así como conociéndose.
- Es poco tiempo para conocer a una persona. – Andradre comento antes de llevar su mano a su mentón para acariciarlo pensativo. – El príncipe heredero siempre a sido algo tímido.
- En la carta también se menciona que la muchacha tiene una apariencia inusual. – El fae en ese momento se vio interrumpido por la suave voz de la monarca.
- ¿Cabello blanco, ojos grises, piel oscura? – La fémina arrugo su nariz en señal de confunción, en la información que tenía sobre las princesas que estudiarían con el Príncipe Imperial o conocían a su sobrino no había ninguna con esa descripción.
-Sí. Esa es la apariencia que los soldados han encontrado extraña. – Alexander estaba debatiéndose internamente sobre si debería retirarle la carta de las manos para que pudiera descansar.
- Leí sobre personas con esos rasgos físicos. – Cavendeshi comento captando la atención de la mujer quien giro su rostro para verlo, el joven de cabello castaño llevo una mano a su nuca mientras intentaba recordar cual era el libro. –Era un libro de criaturas mágicas.
¿Era posible que la joven fuera una mestiza como su tercer concubino?
- Es suficiente. – Las palabras del hombre de voz dulce causaron que la Emperatriz arrugara el ceño, Alexander se recargo en el escritorio para arrebatarle de las manos la carta que le había entregado causando que las cejas de Olivia se fruncieran. – Pareciera que no has descansando, Emperatriz, es momento de descansar.
- El mestizo tiene razón. – Adonis se cruzó sus brazos mientras observaba con seriedad a la mujer de piel lechosa. – Estas enferma, usaste demasiado mana arriesgándote a exponerte a un blot*.
El blot era una sustancia que una especie de desecho que generaba el mana después de ser usado para crear un hechizo, sin embargo para Ortswan no era algo importante.
- Descansare después de solucionar este problema. – Era una verdad a medias, porque como Jefe de Estado era incapaz de asegurar poder descansar.
La joven intento que sus palabras sonaran lo más convincentes posibles pero era evidente que no estaba diciendo la verdad. Ortswan se limitó a realizar una seña con sus manos para restarle importancia a la situación delante de los tres hombres que habían en su despacho, recargo su espalda en la silla mientras varias interrogantes llegaron a su mente de golpe: ¿Por qué el príncipe Rhory estaba actuando diferente a lo habitual? ¿Cuál era el motivo por la cual sus sirvientes no informaron de su acompáñate? ¿Quién era la mujer que regresaba con él? ¿La situación podía causar una amenaza para su persona?
La joven de ojos oscuros era capaz de sentir como un dolor de cabeza empezaba a hacer actos de presencia.
Olivia tenía un mal presentimiento.
La Emperatriz deseaba prepararse con la mayor cantidad de información a su disposición antes de la llegada del Príncipe Heredero, no obstante, le inquietaba tener poca información a su alcance. La joven de ojos oscuros estaba sumida en sus pensamientos en su totalidad que fue incapaz de percatarse cuando Lefevrè se acerco hasta su persona para dejar un beso en su mejilla.
- Su majestad, deje de pensar. – Alexander susurro cerca de su oid causando que Olivia girara el rostro encontrándose frente a aquella mirada bicolor, su respiración en algún momento se mezclaron causando que las mejillas de la Emperatriz empezaran a sonrojarse. – Sus pensamientos únicamente lograran lastimarla.
- ¿Qué estas…? – Las palabras de Olivia fueron interrumpidas cuando detrás del joven mestizo distinguió a su principal concubino con una sonrisa radiante.
El joven de cabello blanco cargo el cuerpo de Ortswan sobre su hombro izquierdo sin mucho esfuerzo mientras empezaba alejarse del escritorio siendo seguido por el Vizconde junto el Jefe de la Guardia Imperial. Alexander tenía una sonrisa en su rostro sin importarle los pequeños golpes que recibia en la esplada por parte de la joven de cabello rizado.
- ¡Bájenme! – La fémina de cabello rubio pataleo con más fuerza pero el hombre que la estaba cargando continuo con su camino pasando por la puerta. - ¡Te dije que me bajaras!
- No. – la voz de Lefevebrè era burlona, empezó a tararear una canción para evitar escuchar las quejas de la Emperatriz que estaba cargando como un costal de papas.
- ¿Te atreves a ir en contra de mi orden? ¡¿Te atreves a ignorarme!? – La nariz de Olivia estaba arrugada, sus cejas estaban fruncidas por el enfado que recorría sus venas. -¡Adonis, te ordeno que me bajes!
- No. – La respuesta del joven causo que Ortswan levantara rápidamente su cabeza. Adonis sonría tranquilamente mientras tenia ambas manos detrás de su nuca en señal de no estar preocupado. – Nuestra tarea como concubinos es cuidar su cuerpo, eso incluye cuidar su mente cuando sus pensamientos empiezan a ser dañinos para usted.
- ¡Paolo, te ordeno que me bajes!
Los ojos de color avellana del Vizconde se encontraron la mirada severa de la Emperatriz, sin embargo, cuando recordó que el estado que el salud físico de Ortswan empeoro debido a la cantidad de magia para curarlo un sentimiento de culpa golpeo su corazón ocasionando que apoyara a los demás en esta ocasión.
- Necesita recuperarse. – Las palabras del joven eran tranquilas, sin embargo, fue incapaz de sostener la mirada de la mujer de cabello rizado.
Los ojos grises de Andrade se encontraban repletos de determinación, en consecuencia, Olivia suspiro antes de continuar pataleando por unos momentos hasta cansarse rápidamente por su estado de salud.
- El amor joven, que hermoso es. – Ortswan al escuchar ese comentario de algunas de sus sirvientas empezó a sonrojarse e intento esconder su rostro de los demás ocasionado la risa Adonis.
- ¿Qué es tan gracioso? ¡Yo también quiero saber! – Alexander inflo sus mejillas en un pequeño puchero mientras giraba a la izquierda, sus ojos con heterocromia divisaron la entrada del Jardín Imperial.
- La Emperatriz esta sonrojada. – Las palabras repletas de cariño ocasionaron que la fémina de cabello dorado sintiera sus mejillas calentarse más. – Luce hermosa de esa manera, esta intentando que no pueda ver sus mejillas rojas.
- Es demasiado tierno. – Paolo agrego con diversión mientras una cálida sonrisa se posaba sobre sus labios.
- Yo también deseo verlo. – El joven albino se apresuró a comentar, realmente tenía ganas de descubrir como era su rostro sonrojado. - ¿Olivia, me dejarías verte sonrojada más tarde?
El mestizo no tuvo respuesta pero mantuvo su sonrisa juguetona. Alexander salió del pasillo para adentrarse en el Jardín Imperial, cuando los primeros rayos del sol golpearon su rostro cerro los ojos para poder disfrutar la sensación agradable que lo invadía. La energía, las vibraciones de cada rayo de luz celestial causaban calidez en su corazón.
- ¿Por qué te detienes? – Cuestiono Andrade pero la única respuesta que logro obtener fue apreciar como el mestizo dejaba a la Emperatriz en el suelo delante de su persona mientras sujetaba con firmeza sus manos sobre las caderas de la mujer.
- Su Majestad, ¿Por qué no siente el sol?
La pregunta del joven mestizo genero confusión en la joven de piel lechosa a quien le parecía una pérdida de tiempo experimentar ese tipo de cosas.
- ¿Disculpa? – Olivia levanto una de sus cejas incrédula de las palabras que estaba escuchando, de todas maneras, Alexander era mayor por dos años pero solía comportarse la mayor parte del tiempo como un niño
- Sienta el sol sobre su piel. – El joven de ojos bicolor repitió sus petición mientras entrelazaba su mano derecha con la contraria - ¿No sabe como hacerlo? ¡Es sencillo, si quiere le puedo mostrar!
La Emperatriz se encontró con aquella mirada bicolor que la había cautivado desde el primer momento. Un ojo del color del jade mientras que el otro era avellana causando que quien lo mirara recordara el otoño junto a una sonrisa pura e inocente, Olivia fue incapaz de negarse a la petición del hombre delante de su persona, en silencio, levanto sus ojos oscuros hasta el cielo, cerro sus ojos mientras se concentraba en respirar. El calor golpeando su piel, la brisa moviendo sus largos cabellos, los pájaros cantando sus melodías.
Era una sensación cálida, pacífica e incluso podríamos decir que la joven emperatriz era capaz de sentir que el cansancio en su cuerpo desapareció.
- El sol puede ser una manera de recargar las energías así como una forma de encontrar la paz, Su Majestad. – Las palabras del mestizo parecían música en sus oídos.
Los cuatro permanecieron un rato en el jardín Imperial hablando trivialidades así como buscando la manera de conocerse mejor mediante charlas profundas. Sin embargo, su conversación fue interrumpida cuando delante de la Emperatriz apareció el Alquimista Imperial vestido con el traje tradicional característico pero de color azul oscuro.
- Saludos a Su Majestad, la luna de nuestro Imperio. – Sirius coloco su mano derecha sobre su pecho antes de realizar una reverencia, era capaz de sentir la mirada penetrante de la joven sobre sus hombros.
Olivia odiaba que la interrumpieran cuando se encontraba en compañía de sus concubinos.
- Habla. – Ordeno de manera tajante sin soltar la mano de Alexander quien empezó a balancearlas de manera infantil.
- Encontré el motivo por el cual el objeto divino enloqueció en la biblioteca. – El joven de ojos violeta se apresuro a ver al Vizconde quien únicamente con la mención del objeto se estremeció. – El intento del Vizconde Cavendeshi no era la causa, únicamente tuvo una pésima suerte para estar en ese momento cerca del objeto.
- Entonces… - La voz del joven de ojos avellana interrumpió a Sirius. – El hecho que intentara descubrir como utilizarlo, no era la causa para que empezara a atacar a los demás, ¿verdad? – El hombre de cabello n***o asintió con la cabeza, Paolo en ese momento sintió un peso menos en sus hombros.
La culpa del fallecimiento de varios soldados a manos del objeto divino no era su responsabilidad, saber eso aliviaba el peso que sentía en su corazón desde hace tres semanas.
- ¿Vez? – La suave voz del mestizo causo que Cavendenshi dejara salir una risa nerviosa de sus labios. – No es tu culpa. - Alexander coloco su mano libre sobre el hombro derecho de su mejor amigo antes de dedicarle una sonrisa.
Los ojos oscuros de la Emperatriz divisaron al hombre delante de su persona, el Alquimista de la Torre Imperial carraspeo su garganta antes de girar su rostro en dirección a la mujer de piel lechosa quien tenía un rostro estoico. Sirius emitió un leve suspiro de sus labios antes de seguir con su explicación.
- Estuve investigando en las anotaciones que tenia de ese día, al mismo tiempo estuve buscando en los archivos que tenemos sobre el objeto divino. – Los tres concubinos Imperiales giraron su rostro a escuchar el tema de los archivos porque los documentos del mismo se encontraban en una sección especial de la biblioteca. – Las estrellas tuvieron una alteración en el noreste.
- ¿Qué clase de alteración? – Cuestiono el hombre de cabello castaño.
- Una alteración en la formación de todas las constelaciones existentes en esa dirección. – Los ojos violetas divisaron la mirada contraria carente de emociones, no obstante, en los ojos de la Emperatriz era notorio la inquietud. – Al principio sospechaba que se debida a la cercanía del mes Minht para las criaturas mágicas pero cuando revise los archivos sobre la funcionalidad de “La Condena de la oscuridad” me di cuenta que era el caso contrario.
- ¿Qué esta provocando su comportamiento violento? – El hombre de cabello ondulado se apresuro a hablar.
Adonis pensaba que acabando con la fuente de ese comportamiento, el caos en el Palacio Imperial culminaría con facilidad, de esa manera, la Emperatriz tendría una menos fuente de estrés,
- Es la magia negra. – La voz ligeramente del hombre causo que los presentes se sintieran tensos.