- La mayoría de sus núcleos de vida se encuentran en perfecto estado. – Sus palabras fueron interrumpidas por la Emperatriz quien se levanto de su asiento con ayuda del joven de ojos avellana. – Debería quedarse sentada, Su Majestad.
- Aclara mejor el estado de mis núcleos vitales. – La joven de cabello rizado ordeno de manera severa con una mirada gélida.
Sirius llevo una mano hasta sus labios para cubrir la sonrisa que deseaba hacerse más evidente sobre sus labios, aunque varios años hubieran trascurrido continuaba siendo aquella mujer rebelde que detestaba que le dieran ordenes, aquella mujer que conoció hace varios años atrás, no había cambiado demasiado su manera de ser.
- El núcleo Anahata. – El joven señalo con su mano derecha el centro de su pecho para que todos pudieran comprender en donde se encontraba dicho núcleo en el cuerpo humano. – Se relaciona con el amor y la capacidad de amar de manera incondicional, además del perdón, la compasión y la aceptación a si mismo.
- De todas las cosas que acaba de describir la Emperatriz es capaz de hacer una de esas con ciertas condiciones de por medio. – Cavendeshi acababa de pensar en voz alta ocasionando que la mujer a su lado golpeara su cabeza con fuerza ocasionado que terminara mirando así abajo por inercia. Paolo cerro sus ojos disculpándose repetidas veces mientras sobaba su cabeza.
- Es uno de los núcleos que suele desequilibrarse con más facilidad porque perdonar y amarse a si mismos es complicado. – El alquimista se apresuro a comentar con la intención de evitar el enojo en la mujer quien mantenía arrugada su nariz. – Cuando esta desequilibrado podemos sufrir de presión alta y una dificultad para amar a los demás.
-No tengo dicha dificultad, tampoco presión alta. – La Emperatriz se apresuro a negar, sin embargo, los dos concubinos con mayor tiempo sabían que Ortswan tenia grandes dificultades para admitir que sentía amor.
- El núcleo Sahasrara. – Sirius señalo con su mano derecha la coronilla de la cabeza de la Emperatriz, sus ojos violetas parecieron perderse en el abismo de aquellos ojos oscuros por unos pequeños segundos antes de continuar con su explicación. – Es el centro de conexión espiritual así como del mana. Cuando esta desequilibrado puede causar problemas mentales como la ansiedad, estrés postraumático, depresión, problemas de coordinación, etc.… - Sirius bajo un poco el tono de voz con la intención que únicamente ellos dos escucharan.- Esta desequilibrado desde los ocho años.
Era uno de los núcleos más importantes, el hecho que estuviera fuera de su estado normal durante catorce años podía causar demasiadas complicaciones para llevar una vida cómoda. Sirius sentí lastima por la joven delante de su persona, sus heridas causadas por el golpe de Estado de su hermano eran tan profundas que aunque pasara el tiempo eran incapaces de sanarse por completo.
- Díganos. – Adonis carraspeo su garganta obligándolos a separarse, Sirius coloco ambas manos entrelazadas a la altura de su abdomen antes de ver a joven con una sonrisa calmada. - ¿Qué es lo que debemos hacer ahora?
- Trataremos la hemofilia reemplazando el factor de coagulación faltante para que la sangre pueda coagular bien e incluso para prevenir el sangrado, colocare ese factor en su sangre mediante una inyección en una vena, también me encargare de suminístrale, medicamentos. Necesitare que la Emperatriz venga todos los lunes después del medio día para tratarla. – Adonis asintió con la cabeza, le avisaría a su hermana menor para que esta se encargara de acomodar el horario de la joven. Cavendish estaba dispuesto a habla con su padre para que ambos pudieran ayudarla en las reuniones evitando que se cansara en extremo mientras que Alexander pensaba detenidamente en acompañarla para sus tratamientos porque tenía menos obligaciones que los demás. – En el caso de la anemia, son síntomas leves debido al mestizo, me gustaría tratarla junto a él.
- ¿Junto al mestizo? – Cavendeshi y Andradre cuestionaron al mismo tiempo.
- Correcto, el cuerpo de la Emperatriz fue curado con la magia medicinal de las hadas y su cuerpo acepto de una manera excepcional los tratamientos. – Lefevrè no pudo evitar tener una gran sonrisa en sus labios mientras inflaba su pecho con orgullo causando que su mejor amigo negara con la cabeza. – Creo que lo mejor para nuestra señora es seguir ese tratamiento ¿Qué opina, Emperatriz?
El silencio se instaló en la habitación mientras esperaban la respuesta de la fémina de cabello rubio, Olivia sabia que la magia de las hadas era espectacular pero durante muchos años se había negado a creer ese hecho hasta que uno de sus concubinos uso dichas habilidades medicinales sobre su persona. Ortswan tuvo que reconocer que se sentía un poco mejor.
- No tengo alguna objeción.
- ¡Me encargara de cuidarla bien! – El joven albino no pudo evitar la gran sonrisa en su rostro, su entusiasmo causo la risa del mayor en edad.
- Entonces esta decidido. – La mirada violeta volvió a concentrarse sobre el joven de sangre noble y el Guardia Imperial. – La Emperatriz debe evitar estresarse demasiado, con respeto a su anemia necesito que cambien sus hábitos alimenticios, debe consumir alimentos ricos en hierro.
- Entendido.
La mujer de cabello rizado se levantó de su asiento con la ayuda de Alexander, sus ojos negros divisaron a los cuatro hombres de la habitación antes de hablar con firmeza.
- Las palabras que se dijeron en este lugar, se van a mantearse en secreto. – Sus ojos trasmitían la misma frialdad de costumbre al momento de dar una orden a sus tropas. – Es una orden, quien se atreva a desobedecerla será decapitado. – Cavendeshi llevo su mano derecha hasta su cuello ante la idea de perder su cabeza y trago un poco de saliva. – No me interesa si se trata del Alquimista Imperial o mis propios concubinos.
- Entendimos, Su majestad. – La voz de Sirius era tranquila causando que el joven de ojos avellana se sintiera tranquilo. – Las personas que estamos presentes aquí deseamos ver una mejora en su salud física.
Ortswan asintió ligeramente con su cabeza antes de girar sobre su propio eje para retirarse de la habitación siendo seguida por sus acompañantes, sin embargo, sus acciones fueron interrumpidas por la voz del hombre de cabello oscuro.
- El príncipe heredero esta camino de regreso. – Las palabras de Dostoyesvky ocasionaron que Adonis girara sobre sus talones, sus ojos grises distinguieron al maestro de la torre con una mueca de enfado. – Mi señora, la visita es diferente a la vez anterior… Su sobrino va a venir acompañado de una mujer de la cual debería tener cuidado.
- ¿Una mujer? – Paolo murmuró para si mismo.
El príncipe Rhory se encontraba estudiando dentro de las regiones más tranquilas del Imperio, era una institución del Imperio a la cual únicamente los hijos de los gobernantes tenían acceso, no obstante, en la alta sociedad de Impure se conocía que el siguiente en la linea del tono no estaba interesado en el amor.
(...)
El Alquimista de la Torre esa misma noche creo en la Biblioteca Imperial una barrera mágica de un nivel nunca antes visto para poder contener el objeto divino que enloqueció de manera repentina, los ojos oscuros de la Emperatriz estaban fijos sobre la espalda ancha de hombre de cabello n***o quien baja sus manos con tranquilidad mientras admiraba su trabajo con orgullo.
- Eres un gran alquimista. – La mujer halago de manera sincera, sin embargo, la semilla de la duda empezó a crecer en su interior.
La joven de cabello rizado creía que el nivel de magia del hombre que habitaba en la Torre era superior al horizonte que estaba registrado en los archivos.
- ¿Es imposible que las armas celestiales puedan traspasarlo? – La pregunta de Adonis ocasiono que la fémina olvidara momentáneamente sus sospechas. – Mis hombres deben patrullar esta zona.
- Las armas no podrán atravesarlas. – Sirius afirmo con total segura sobre su creación antes de girarse sobre sus talones, sus ojos violetas observaron atentamente al joven encargado de la seguridad del lugar. - ¿Eres capaz de verlas?
- No. – La respuesta de Andrade fue tajante causando que Dostoyevski arqueara una de sus cejas.
El hombre de ojos violeta era conocedor del arduo entrenamiento militar que realizar los soldados del Imperio, sin embargo, no estaban preparados para enfrentar armas del cielo. Andradre era de esquivar armas que eran invisibles para el ojo humano, era una hazaña increible para un mortal. Adonis carraspeó su garganta antes de señalar con su mano derecha a la Emperatriz.
- La Emperatriz me señalo que habían armas, es gracias a Su Majestad que me encuentro sin heridas. – Olivia asintió con la cabeza mientras observaba con seriedad al hombre de ojos rasgados que estaba causando que sospechara, la mayoría de las veces sus sospechas eran verídicas. – Nuestra señora empezó a aplicar un nuevo entrenamiento con la finalidad de mejorar nuestra capacidad para luchar careciendo de la vista.
- Entonces ese es el entrenamiento que realizan con los ojos vendados que dirige personalmente la Emperatriz. – El joven comento con una sonrisa.
Después del regreso de la Emperatriz al territorio de Newcastell una vez a la semana los soldados debían de ir al campo de entrenamiento, que podía ver desde su ventana, para entrenar con la Emperatriz mientras tenían sus ojos vendados. Dostoyevski en su momento encontró estas acciones inusuales, sin embargo, tuvo que restarle importancia en ese instante porque tenía otras cosas que atender.
- ¿Puedo saber, qué ha causado que la Emperatriz deseara realizar este tipo de entrenamiento? – Los ojos de Sirius se encontraron directamente con los contrarios, sin embargo, la mujer de cabello dorado únicamente giro sobre su propio eje ignorado la pregunta.
- Vámonos. – Ortswan empezó a caminar rumbo a la salida de la biblioteca mientras era seguida por los dos hombres en silencio. – Estaré revisando la barrera durante las primeras veinticuatro horas, espero, por su propio bien que el artefacto sea incapaz de dañar a otra persona.
- Le prometo por mi propia vida que no existe en la tierra una manera de pasar mi barrera. – La voz del joven sonaba seguro de si mismo, la fémina decidió darle una prueba para asegurarse que podía confiar en èl.
- Tienes tres días para darme una explicación sobre la causa de la locura del artefacto. – La joven detuvo sus pasos, giro sobre su propio eje encontrándose directamente con la mirada estoica del Alquimista más reconocido de todos los tiempos después del primer hombre que se convirtió en inmortal. – Los dos sabemos que no pude ser por una combinación errónea en la clave.
- Como usted ordene, Emperatriz. – Sirius coloco una mano sobre su pecho antes de inclinar su torso hacia delante realizando una pequeña reverencia a la mujer que dirigía el Estado.
(…)
Era el ultimo día que tenia el hombre encargado de la Torre Imperial para realizar la prueba, Olivia estaba esperando que fuera incapaz con darle una respuesta clara cuando fuera a visitarlo para su tratamiento medico. La mujer de cabello rubio tenía su codo recargado sobre la mesa mientras leía detenidamente el informe entregado por su segundo concubino quien estaba delante de su persona, no obstante, la mujer era incapaz de concentrarse.
Ella estuvo investigando durante dos días la supuesta acompáñate de su sobrino.
Ortsawan esperaba recibir alguna información o notificación por parte de su sobrino que hablar sobre su misteriosa acompañante pero nunca la recibió, en consecuencia, la mujer de ojos negros envió una pequeña misión de exploración para comprobar la situación. La mujer solto los papeles antes de cubrir con sus dedos sus propios ojos causando que Cavendeshi se inquietara.
- ¿Se encuentra bien, mi señora? – El joven de cabello castaño rápidamente rodeo el escritorio para colocarse a su lado, jalo la silla de Emperatriz hacia atrás para poder arrodillarse delante de su persona mientras sujetaba sus manos. - ¿Se siente mal? Llamare a una sirvienta.
- No es necesario. – Un suave suspiro escapo de sus labios delgados – Me encuentro bien, únicamente…
El joven de ojos avellana permaneció en completo silencio esperando una respuesta mientras Ortswan volvía a sumirse en lo profundo de su ruidosa mente, el pasar de los minutos causo que la joven de cabello ubio empezara a sentir un dolor de barriga debió a la ansiedad. El silencio en la habitación fue interrumpido por el sonido de la puerta abriéndose, Olivia giro su rostro a esa dirección encontrándose con Adonis que tenia en sus manos una bandeja de dulces de chocolate. El líder de la Guardia Imperial camino hasta el escritorio, movió unos papeles con su mano izquierda para dejar la bandeja delante de su amada quien tenia una sonrisa cansada.
- Imagine que debías tener la mente cargada de angustias. – La voz dulce del hombre causo extrañeza en Paolo, sus ojos grises divisaron al Vizconde quien continuaba sujetando las manos de la mujer. - ¿Ocurre algo? ¿Se siente mal, Emperatriz?
- No es nada importante. – Aseguro de manera firme, la mujer soltó las manos cálidas del hombre de ojos avellana antes de girar su rosto para ver a Andrade dispuesta a interrogarlo pero las palabras del hombre a su lado causaron que sus palabras se quedaran a la mitad.
- Tengo la noción que la Emperatriz esta mordiendo más de lo que puede masticar. – Cavendeshi aseguro mientras se incorporaba, un suspiro escapo de los labios del joven de cabello rizado que parecía estar acostumbrado a esa situación. – Su majestad, le imploro como su concubino que tome un descanso.
- El señor seriedad tiene un punto. – El hombre vestido con el uniforme militar tomo de la bandeja la pequeña cucharilla para colocarla entre los dedos finos de la mano izquierda de la mujer que amaba. – Enfócate en una sola tarea, por ejemplo, enfócate en comer el dulce ahora