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Embarazada de mi padrastro millonario

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Blurb

Todo empezó años atrás, cuando Emily Knoxville se casó con Arnold Richter, el heredero del multimillonario grupo Richter. Cuando su hija Maddie regresa de la universidad, se sorprende del casamiento, y hasta rechaza a Arnold por ser apenas diez años mayor que ella, y veinte menor que su madre. Pero por varias circunstancias, ahora ella carga con el hijo de su padrastro, cosa que nadie más que él sabe.

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Introducción
El matrimonio entre Emily y Arnold fue tan repentino que dividió a la sociedad en dos bandos, los que creían que era una linda historia de amor, digna de una novela romántica, y los que pensaban que ciertamente Emily era una trepadora de lo peor. Por supuesto, habían razones para pensar de ambas formas, siendo que Emily, de ya poco más de cincuenta años, fue contratada como asistente personal de Arnold Richter, heredero del prestigioso y multimillonario grupo Richter, que tan sólo contaba con treinta y poco años de edad al momento de sentar cabeza. Y claro, la familia de él no lo podía comprender, pero poco o nada pudieron hacer para impedirlo, puesto que el viejo padre de éste estaba ya moribundo, y su último deseo fue verlo casarse una vez supo de la relación. O según así lo contaba Arnold, pues nadie más que él hablaba con el pobre viejo Richter. Incluso en la ceremonia, el anciano se puso a llorar, argumentando que no creyó poder ver a su hijo casarse por fin, y al mes de la unión, el pobre viejo murió, rodeado del amor de su familia, pero contento de haber cumplido su papel de padre y acompañar a su hijo en su boda. No obstante, la familia de Arnold no estaba en absoluto de acuerdo, pues ¿qué haría una anciana con un hombre tan joven y poderoso? En especial, ¿cómo se supone que ella fuera a dar a luz al futuro heredero de la gran fortuna y todos los negocios, si ella seguramente ya estaría más seca que un desierto a esta edad? A pesar de que no se le notaba en exceso, tampoco era la imagen de la juventud misma, y eso era preocupante. Emily definitivamente se ganó el desprecio de su nueva familia política, y por dicha razón, ocultó a todos que ella venía en paquete. El matrimonio pasó a vivir en la mansión de Arnold, quien hasta este momento se notaba dedicado a su mujer, retirándola de trabajar y dándole un sustancial salario mes con mes, para financiar todas las comodidades que ella quisiera recibir. Emily recibía así el dinero con demasiado gusto, desviando "pequeñas" porciones de unos tantos miles hacia su hija, que estaba ya titulándose de la universidad, como una futura mujer de negocios, tan exitosa la podía ver ahora. Ah, quizá Arnold le haga incluso el favor de poderla emplear en la compañía, darle la experiencia que necesitan las mujeres exitosas como ella será pronto... ah, cierto, olvidó mencionarle a su hija. No solamente olvidó decirle a Arnold de Maddie, sino a la misma Maddie que se volvió a casar. Le dijo en una carta algo al respecto, que ya no se tendría qué preocupar ninguna del dinero ni pasarían ya ninguna necesidad, incluso se dio el pequeño atrevimiento de membretar el sobre con la nueva dirección de su residencia, la hermosa mansión de Arnold Richter. Y seguramente, ya que en poco menos de un mes la chica terminaba su carrera y se graduaba, estaría visitando seguramente. ━━━━━━✧❂✧━━━━━━ A pesar de haber faltado a la graduación, Maddie Knoxville entendía los problemas de su madre. Después de todo, se metió en muchos problemas para mandarla a la mejor universidad posible en el extranjero a estudiar Economía y Administración. Por eso, aunque estuvo sin algún familiar en su ceremonia de graduación, sí que estuvo rodeada de todos los amigos que hizo en la facultad, quienes le deseaban la mayor de las suertes, y la felicitaban por haber solicitado su primer trabajo en el Grupo Richter, con recomendación de varios profesores que aseguraban que haría un trabajo excepcional. Sería como secretaria, lo cual no era ningún problema para ella, pues por algo se inicia. Además, avergonzarse de ello era avergonzarse de su madre, quien hasta donde sabía, también lo era. Por tanto, no podría estar más orgullosa de sí misma, de tener un puesto en tan prestigioso lugar, y uno donde se le permitiera aprender tantas cosas como le fueran posible. Por teléfono fue atendida por nadie más que la vicepresidenta de la empresa, Anya Richter quien, maravillada por tremendo currículum proviniente de una recién graduada, la quería de inmediato como su asistente, aunque para el final le dijo que estaría asistiendo a alguien más en lugar de ella. Qué más daba eso, ser la asistente de cualquiera estaba bien para Maddie. Fue así que asistió la chica a la firma de contrato, desvelada, recién bajada del avión, pero lo más pulcra posible para la señorita Anya, quien la recibió tan pronto supo que estaba esperando. —Es una enorme alegría tenerla por fin aquí, señorita Knoxville —decía la mujer rubia, un ángel ciertamente de rostro afilado. —La alegría, más bien, el honor es todo mío, señorita Richter. Es en serio un honor que pudieran considerar a alguien tan poco experimentada como yo —Maddie le agradecía, tomando lugar frente al escritorio, mientras Anya arreglaba los papeles. —Por favor, no es necesaria tanta formalidad. Ahora bien, tan sólo lea la hoja de prestaciones con calma. Viene explicado su salario, su nueva cuenta bancaria en, por supuesto, uno de nuestros bancos, y firme en la línea señalada. El proceso era tan rápido, todo gracias a que en aquellas entrevistas la mujer le iba explicando todos los procesos y todas las ventajas que tendría. El salario sonaba muy bien, más que bien, en una semana podría hacer casi lo de la rente de un departamento pequeño, más razones para que su madre, Emily, se alegrara por ella, pues entonces no tendría qué desgastarse en tenerla en su casa. Y una vez firmado, todo estaba listo. —Bienvenida al Grupo Richter, señorita Knoxville. Aquí tiene su credencial, su pase de entrada y su tarjeta de transporte. Apenas es miércoles, pero le pido descanse bien esta semana. Los viajes en avión son muy cansados, y aclimatarse lo es más. El lunes empezará sus labores como es debido, y permítame decirle que tendrá el placer de trabajar para mi hermano mayor, el señor Arnold Richter. Eso sí que era una sorpresa, y el rostro de Maddie denotaba esa felicidad y asombro. Ella era linda, y le causaba un poco de risa que se apellidara también Knoxville, como la anciana que se casó con su hermano. Pero debían ser coincidencias, una mujer tan fea como Emily no podría haber tenido a una belleza como Maddison, ¿cierto? Así fue que Maddie se retiró, agradeciendo sin fin y guardando sus nuevas credenciales, yendo al lobby por su equipaje y lista para visitar ahora a su madre, quien... cierto, debía estar ya en su nuevo hogar. Así que tomaba un taxi, señalando al conductor la dirección que venía en el sobre de las cartas que su madre le enviaba. Pero al llegar, se sorprendió al ver tremenda mansión, un sitio tan hermoso que difícilmente creía que pudiera pertenecer a su madre. Quizá no, a la mejor se consiguió un trabajo en la oficina de la casa como secretaria, y le fue arrendada una habitación. Pero no se esperaba que fuera la señora de la casa, hasta que Emily justamente la salió a recibir.

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