Emma No había pensado en ese pequeño, pero crucial detalle. Jamás se me ocurrió preguntar por el precio, y ahora mi mente ya estaba sacando cálculos apresurados, tratando de ver si mi presupuesto alcanzaría para cubrirlo. Por supuesto puedo dejar mis clases. Tal vez pedirle ayuda a Nicolás... suponiendo, claro, que pudiera sacar la cabeza de su trasero y hacer algo por nosotros. Un suspiro escapó de mis labios antes de poder contenerlo. Oliver lo oyó y me miró, pero sonreí rápidamente para no preocuparlo. — Se lo que estás pensando… —toma mi mano —. Siempre puedo volver a mi antigua escuela —mis ojos se llenan de lágrimas. En momentos así me sentía pésimo, insuficiente. No podía ser que, como madre, no pudiese permitirme darle una buena educación a mi hijo. Tal vez si conseguía un

