Amelia
El olor de las plantas se instala en mis orificios nasales, sostengo la mano izquierda de la pequeña Alia, mientras caminamos entre los pasillos del vivero al que acabamos de llegar, para comprar las plantas que sembraremos en el jardín delantero de la propiedad de Nikolas.
La sensación de hormigueo en mis manos me recorre todo el cuerpo, en las copas horas que llevo de conocerla, la pequeña rubia me ha cautivado con su dulzura, sus ojos son idénticos a los de su padre, el tono infantil y aniñado de su voz endulza mis oídos.
Estos cálidos y agradables momentos, los guardo en un espacio especial dentro de mí corazón.
Siento que mis alas han crecido y se han extendido, preparándose para emprender un vuelo nuevo, un vuelo en donde yo comando y dirijo el destino.
Miro a Nikolas, quien sostiene la otra mano de Alia, mientras ella parlotea sin parar sobre lo bella que son las flores, y que su abuela tiene un enorme jardín con flores de estás.
Sonrío ante su mención al igual que su padre, Nikolas Katunaric, ese hombre es sin dudas una pieza importante en como me siento ahora, y no es solo por el hecho que de la noche anterior nos fusionáramos en una sola pasión, compenetrándonos en un solo ser, expresando con nuestros cuerpos en el ardiente y descontrolado sentimiento que recorre nuestra mente y corazón, Nikolas me hace sentir importante, cuida de mis emociones, le importa como me hace sentir los acontecimientos externos.
Quizás por eso me siento tan enamorada de él, en tan poco tiempo, aunque tenga cientos de personas que velen por mí, y que estén dispuestos a dar sus vidas por mí, no me ven como un ser fuerte y sensible, solo les importa que sonría y salude, no permiten que explore con mis propios medios y aunque para muchos mí vida es todo un sueño, nunca he podido verla así.
Mis horizontes están escritos, mí vida tiene que ser dirigida como ese grupo selectivo de personas diga.
Ya no puedo encerrar mis sueños dentro de mí, ya no quiero solo vivir un mis pensamientos la libertad, quiero que mí cuerpo explore junto a mis sentimientos y es por eso que tome una decisión estando en Croacia.
Ese viaje me sirvió para darme cuenta que de nada me sirve tener tres carreras, vivir en un palacio y dirigir una nación si yo misma no me puedo dirigir.
He roto todas las reglas y he perjudicado a personas inocentes con este comportamiento, por primera vez en mí vida estoy siendo egoísta, pero no quiero pensar en ello, ya pronto llegará el momento en que enfrentaré mí destino.
Nikolas había contratado algunos paisajistas para que removieran la maleza del jardín y prepararán la tierra, mientras él, Alia y yo, venimos al vivero para comprar las plantas adecuadas al ambiente, para luego plantarlas.
La horticultora del vivero nos recomendó comprar Calathea, Helechos, Fittonia, Violetas Africanas Begonias, Espatifilo, ya que se adaptan muy bien a los climas húmedos, y yo estoy de acuerdo con ella.
—Quelo esta— dice Alia, señalando unas suculentas.
Las suculentas se adaptan mejor a climas secos y desérticos, aunque son hermosas y pueden armonizar cualquier espacio dentro de la casa.
— Pues, llevaremos también esta— agrega Nikolas y yo los observo.
En las pocas horas que he pasado con ambos juntos, me he dado cuenta, de que Nikolas consiente mucho a su princesa, es un padre cariño que utiliza complidos para referirse a su hija, desde que entré a la habitación de Alia lo supe.
— Es muy hermosa — le digo a Alia y ella siente con la cabeza.
Andamos por todo el lugar, escogiendo un sin fin de platas climatizadas a la humedad, Alia se soltó de mí mano y la de su padre, para llegar hasta el sembradío de fresas frescas.
Nikolas y yo caminamos más despacio mientras nos acercamos.
— ¿Has hablado con tu madre?— me pregunta de repente, la sola mención de la Duquesa, me pone algo nerviosa, porque sé que debe estar a punto de explotar, por mí comportamiento.
— ¡No! Desde mí viaje a Croacia — le digo y él, asiente con la cabeza.
— Entiendo, olvidé decírtelo ayer, pero ella me estuvo llamando y me preguntó si sabía algo de tu paradero— habla Nikolas.
— Y ¿qué le dijiste?— indago.
— Las verdad, que no sabía nada al respecto — me dice.
— Disculpa por ponerte en aprietos con la Duquesa, actuar de manera impulsiva no es lo correcto, pero me resultó de bien hacer esto por mí cuenta— le dejo saber.
— Tranquila— me dice con una sonrisa, vemos un banco de descanso y tomamos asiento uno al lado del otro, mientras la jovencita le muestra a Alia las fresas frente a nosotros.
— Mí vida es muy complicada, no todo es lujo y buena vida, este es el primer viaje al que salgo por mí cuenta, seré Duquesa y tengo una carrera en relaciones internacionales, sé cómo compenetrarme con nuevas culturas, pero nunca lo había puesto en práctica, cómo esperan que sea una buena sustituta de mí madre, cuando ellos son los que hacen todo por mí, yo solo soy una pantalla— le digo y esta vez no siento el pesado nudo en mí garganta, él solo me observa y siento como me desnuda el alma — Nikolas yo solo quiero ser feliz — le digo y el acaricia mí rostro con sus manos.
— No puedo decirte lo que debes o no debes hacer sobre tu felicidad, pero pase lo que pase, quiero estar ahí para ti, entiendo muy poco sobre la monarquía, incluso no se nada sobre como ser feliz, a veces nuestras emociones nos muestran un reflejo sobre el camino que nos lleva hasta ala felicidad plena, y nos dejamos arrastras pretendiendo que ese es el camino, pero luego nos damos cuenta que nos falta algo, como si no estuviéramos completos, hasta que aprendemos que todo lo que nos rodea debe de hacernos feliz, porque nuestra felicidad depende de nosotros mismos, única y exclusivamente— sus palabras me sacan una sonrisa, me concentro en sus ojos y mis labios se derriten por unirse a los suyos, nos acercamos lentamente, hasta sentir nuestras respiraciones, estamos apunto de saborear la dulzura del otro cuando, una tierna e infantil voz, llama nuestra atención.
— Mila papi, Katy me degalo una canasta de flesas— habla Alia, y Nikolas y yo nos reunimos, no queremos que Alia sepa de lo nuestro, es una pequeña de apenas dos años, ella no sabe sobre las complicaciones de llevar una relación, Nikolas me lo propuso y estuve de acuerdo, él quiere cuidar las emociones de su hija y de mí parte quiero lo mejor para Alia.
La camioneta delivery del vivero, traslado todas plantas que elegimos, hasta la propiedad de Nikolas, mientras abordamos el auto y dirigimos al delivery.
Alias desde su asiento de seguridad, come fresas y nos brinda a su padre y a mí.
Al llegar a la casa, los paisajistas ya han limpiado y arado la tierra, el delivery del vivero nos ayuda a desmontar las más de cincuenta plantas y nos pasamos la tarde en ropa de jardinería, plantando.
La señora Nuria, quien limpia la casa, cuida de Alia, dentro de esta, pero la pequeña rubia, quiere salir a ayudarnos a plantar, Nikolas le permitió que nos ayudará con una o dos plantas y que debía volver a casa, pero Alia, le plantó un berrinche, hasta convencerlo de dejarla.
A pesar de ser muchas plantas, gracias a la ayuda recibida por los paisajistas, logramos plantarlas todas, y dos horas después estábamos cubiertos de lodo, Alia en vez de rubia parece pelinegra, ya que durante sembraba, se cubrió el cabello con lodo y abono natural.
El resultado de la plantación es hermoso, las plantan combinan muy bien una cerca a la otra, dándole a la cabaña un también relajante en el cual pasar los amaneceres. Ya no hay rastro del cumulo de maleza, ahora es un paisaje natural, como si fuera una reserva que hay que preservar para toda la vida.
Nos retiramos casi toda la ropa en el pórtico, mientras Nuria nos trae toallas para poder entrar a la casa.
— Vamos pequeña cerdita, es hora de tu baño— le dice Nuria a la pequeña Alia, pero está niega con la cabeza.
— No Nuri, me bañale con la plincesa— dice ella y Nikolas frunce el ceño.
— Nena, la princesa debe ducharse sola, es nuestra invitada, no debemos incomodarla— le habla Nikolas.
— Pelo yo quiero bañarme con ella — agrega Alia, yo nunca he bañado a ninguna persona antes, a penas hace una semanas yo empecé a bañarme por mí misma.
— Entiendo que es lo que quieres, pero no es lo prudente, así que deja que Nuria te bañe— agrega Nikolas.
Alia se lo toma muy mal, ya que inicia a llorar y agitar sus piernitas, manotea ha la señora Nuria, y yo no sé que hacer, si acepto el chantaje de la pequeña, le estoy restando autoridad a su padre, pero si no hago nada, la pequeña rubia se enojara más.
Lidiar con los adolescentes del orfanato en Florencia, fue distinto, con ellos pude negociar y conocer más su personalidad, pero Alia es una niña, ella no conoce los límites, apenas los está aprendiendo.
Por lo que me pongo a su altura y la mira los ojos, inmediatamente se lanza en mis brazos, rodeándome el cuello con sus pequeños brazos, a pesar de la mugre en su cuerpo, aún conserva su fragancia infantil, lo que me saca una sonrisa.
— ¿Te gustan las princesas?— le pregunto y ella asiente con la cabeza — ¿Que te parece, si después de que te bañes, nos reunimos en tu cuarto para darte una sorpresa que te he traído?— indago y ella aún con los ojos aguados me observa — es una sorpresa que espero te guste, la compré pensando en ti— le digo y logro que se le escape una sonrisa.
— ¿Es una plincesa?— investiga.
— Puede ser, o tal vez, sea otra cosa, la verdad la sabremos luego de que todos estemos limpios — le digo y ella toma la mano de Nuria.
— Te espelo en mí habitación— me dice, mientras se marcha, ya no hay rastro de la Alia que estaba haciendo un berrinche infantil.
Me pongo de pie y me volteo a ver a Nikolas, quien me observa de una manera, tan especial, así como desde la primera vez que me vi en sus ojos.
A discreción, me escabullo con Nikolas a la privacidad de su cuarto, hasta llegar a su baño personal, en donde tomamos una ducha, limpiando nuestros cuerpos el uno al otro, sobra decir que volverlo a tener desnudo me impacto, su cuerpo es bien esculpido, paseo la esponja por su pecho y veo las venas de su cuello llenarse de sangre y bombear a toda máquina.
El agua recorre nuestros cuerpos y sus ojos no abandonan a los míos.
Si me hubieran dicho antes que un desconocido provocaría en mí un sin fin de sensaciones, probablemente no le creería, pero heme aquí, haciendo el amor por tercera vez bajo un chorro de agua de una ducha, dejando que sus labios recorran cada parte inexplorada la noche anterior, encontrando nuevos puntos de un placer inmenso que acelera mí circulación sanguínea y eriza mí piel.
El sonido de las gotas que agua impactar nuestros cuerpos, nuestros suaves gemidos son esa canción que quisiera escuchar cada día.
Salimos de la ducha, sin medir cuánto tiempo nos tomamos, pero el atardecer que se filtra por la ventana, nos indica que había pasado un largo rato.
Me causa un poco de vergüenza ver a Nikolas después de lo ocurrido en la ducha, me desconozco, es como si no tuviera control de mí propio cuerpo, pero en el buen sentido.
Me coloco ropa cómoda y con la bolsa de regalos, me dirijo a la habitación de Allá, quien está sacando la ropa de sus gavetas y tirándolas al piso.
Nuria las vuelve a colocar dentro, pero ella las vuelve a tirar.
—¿Todo bien?— indago y Alia se dan la vuelta y se cruza de brazos.
— No encuentra su pijama favorita — agrega Nuria.
Alia es una dulzura, hasta cuándo se enoja, aunque puedo ver qué Nuria se siente algo frustrada por su comportamiento.
— Alia, ¿por qué tu habitación está tan desordenado?— le pregunta Nikolas y está se queda callada, veo como Nikolas se acerca hasta ella y repite la pregunta, pero Alia parase hacerle la ley del hielo.
— Es que...— intenta hablar Nuria, pero Nikolas la detiene con una mano.
— Quiero, que Alia sea quien responda — Alia se voltea y empieza a llorar y hacer pataletas, quiero intervenir, pero no sé que más puedo hacer.
— Quelo mí ota pijama— habla Alia enojada, rosada de brazos.
— Tienes muchas pijamas, puedes elegir otra, ya mañana vemos si está en casa de tu madre — le dice Nikolas.
— Pero es que la quelo hoy— dice irritada.
— Tienes dos opciones Alia, ponerte una nueva pijama y pasar la noche viendo películas con nuestra invitada, claro luego de ordenar tu sala tu cuarto o Nuria escogerá una pijama para ti, organizarlas tu cuarto y te irás a las cama sin ver películas — le dice Nikolas poniéndose a su altura y observando sus ojos.
La cena estuvo deliciosa, está vez Nuria fue quien cocinó para nosotros, para luego marcharse, mientras veníamos un sin fin de películas infantiles, que yo aún no hay visto, la opción de Alia, fue la primera, después de llorar por unos segundos, logro tranquilizarse.
Le hice entrega del regalo que le había comprado en Florencia luego de ella ordenar su cuarto, abrazo a la muñeca de trapo y le bautizo, cómo Carolin.
Cuatro películas después, Alia quedó rendida y su padre la llevó a su dormitorio, le colaboré ropandola entre sus sábanas y Nikolas encendió la lámpara con simulador del espacio sideral.
Recuesto mí cabeza sobre el pecho de Nikolas, este acaricia mí espalda con sus dedos.
Después del berrinche de Alia he notado que Nikolas está un poco silencio y más serio, por lo que decido preguntar.
— Has estado muy callado, ¿Qué cambió?— indago.
El suspira y con su mirada puesta en el techo agrega:
— Es Alias, a veces no sé cómo tratarla, porque cuando quiero disciplinarla, siento que la maltrato— me dice — amo a mí hija y quiero ser de ella una persona, con inteligencia emocional, pero también quiero consentirla y mimarla con todo, y me resulta un poco difícil porque siento que ella está recibiendo dos tipos de crianzas— suelta un suspiro — quiero adaptarme a la manera que tiene su madre de criarla, ella es psicóloga escolar, conoce más de esos temas que yo— lo escucho con atención.
— No se nada sobre como criar, nunca tuve la oportunidad de sentir el calor de mí padre, y si hubiera tenido esa oportunidad, me hubieras gustado que sea como tu— le expreso lo que siento — te derrites por tu hija, y ella lo sabe, sabe que puede acudir a ti ante cualquier circunstancia, tu eres como una especie de príncipe para ella, te mira con admiración y ternura, te ama y mucho— le digo y levanto mí rostro para encontrar sus ojos, debido a la luz de la lámpara, puedo ver qué están húmedos.
— ¡Gracias! Cada día trato de ser mejor para ella— me expresa.
— Eres el mejor papá que he conocido — le digo la verdad.
— Eso dices porque no conoces a Arthur — me dice — él es genial con Alia y sus otras hijas— y Anika, ella es increíble, tiene todo bajo control, parece que nació para ser madre— se expresa — juntos hacen un gran equipo, a veces siento que yo salgo sobrando — me preocupa como se siente, y lo peor es que no tengo palabras que lo ayuden a sentirse mejor.