Nikolas
Mis ojos se deleitan con la inconfundible belleza de la mujer frente a mí, mí corazón siente una cálida sensación de paz al tenerla cerca, la sonrisa que sale de sus labios, aumenta mí ritmo cardíaco, provocando que no me resista más y la vuelva a besar, acariciando sus delicados y rosados labios, sintiendo como la boca se me vuelve agua cuando su lengua toca la mía, es indescriptible el caos de mis pensamientos, la siento tan mía, y yo me siento tan suyo.
La abrazo más hasta mí cuerpo y ella me aprieta, envolviendo con sus brazos mis costillas, es prematuro pensar que está ola que inunda mí corazón es más fuerte que simplemente el querer, pero es así, dentro de mí se que no solo la quiero y la deseo, este sentimiento es mucho más sólido, ella ha penetrado en cada célula de mí ser, cada neurona reconoce que su carisma y ternura aportan materia gris en mí cerebro.
El olor de su piel es otro nivel, aunque no la tenga cerca mí memoria atrae esa exquisita fragancia natural que la acompaña.
Lentamente alejo mis labios de su suyos, uniendo nuestras frentes y cerrando mis ojos para solo disfrutar de la calidez de su compañía, acaricio su rostro con mis manos, y el doy un tierno beso en la punta de su nariz, haciendo que sonría y lleve sus manos a mí rostro.
— Me estás volviendo un necesitado de tus besos — le susurro y puedo sentir como su piel se estremece — estos deliciosos labios me atraen hasta ti— le digo sobre excitado mientras aprovecho y tocó con mí dedo índice la comisura de sus labios, abro los ojos y le sonrío.
— Y tu me has vuelvo, una insaciable por tus besos— me dice y con mucha coquetería, se muerde levemente el labio inferior, aumentando mis ganas de querer pasar al siguiente nivel, pero debo controlarme y no apresurar las cosas, ella es delicada y cómo tal debo ser con ella, demás debemos de disfrutar de cada etapa de esto que estamos viviendo.
— Me alegra mucho haberte conocido, eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo — le expreso sin miedo, se que estoy siendo muy expresivo justo ahora, pero necesito decirle todo lo que provoca en mí, además de que ella necesita escuchar la maravillosa persona que es, que me trae a sus pies por ser como es.
— No sabes lo feliz que soy por conocerte— me dice con una bella sonrisa en su rostro.
Nos volvemos a besar y nos ponemos cómodos en el sofá, ella me cuenta lo divertido de su viaje y la hermosa experiencia de vida que vivió, me comentó todo sobre la historia con un maestro en la universidad, aquí en se encontró en su viaje y por eso le resultó terapéutico, pues pudo sincerarse con ese maestro que cambió su vida y la alentó a ser libre.
Me conmueve la manera tan especial que ella habla sobre ser más que un adorno, a pesar de los lujos, su vida no ha sido fácil, pero su corazón es muy fuerte y a podido resistir sin cambiar su autenticidad, lo cual es difícil.
— Creo que me siento algo celoso de ese maestro — le digo a modo de broma y ella se ríe a carcajadas.
— Estimo mucho al maestro More, espero algún día, puedas conocerlo — me dice mientras acaricia mí cabello — ahora, quiero que me muestres ese jardín del que hablabas — me dice haciendo referencia al jardín de mí casa, del cual le comenté cuando estábamos en Zagreb.
Muchas emociones pasan por mí cabeza, es la primera vez que la llevaré a mí casa, solo espero que le guste y que pueda hacer algo por mí jardín.
— Te llevaré, pero no seas tan dura conmigo cuando lo veas, no he tenido tiempo de nada y Nuria solo se dedica a los quehaceres domésticos y cuidar a Alia— le digo y ella sonríe.
— ¿Tan mal está?— me pregunta.
— No tienes idea — me expreso.
El silencio de Amelia me preocupa, se cruza de brazos y camina de un lado a otro por el patio delantero de mí propiedad, llegamos hace unos treinta minutos, salimos a modo incógnitos de la fábrica, ya que quería evitar encontrarme a mí madres justo ahora.
La casa está en una zona de bosques, a las afueras de la ciudad de Londres, es de un solo nivel y tiene un sótano enorme, en donde paso poco tiempo.
La yerba mala a crecido un metro, los palos secos y la hierba húmeda no le aportan belleza a lo que se supone es el jardín.
Amelia frunce los labios, se pone en cuclillas y toca la maleza, arrancando una cantidad con sus manos.
— Por favor, dime algo— le digo poniéndome a la par de ella e imitando su accionar.
Me mira muy seria, tanto que empieza a asustarme.
— Nikolas, todo está vuelto un desastre— me dice mirando a su alrededor.
— Eso ya lo sé— digo.
— Debemos arrancar toda la maleza, limpiar los escombros, para luego arar la tierra, entonces podremos comprar plantas que sean adecuadas para este tipo de clima, así no se mueren y tú jardín se mantendrá fresco— escucharla me alivia un poco, pero miro a mí alrededor y hay mucho terreno por limpiar — necesitaremos manos extras debido a que el espacio es muy grande— asiento con la cabeza y charlamos un poco más sobre algunas ideas que pueden hacer lucir mejor.
— Te pones tan sería cuando te concentras — le digo, cuando ambos nos ponemos de pie y la atraigo a mí cuerpo, es como una necesidad de tenerla a mí lado que solo ella puede llenar.
— Esto es serio Nikolas, puede que estén viviendo insectos y reptiles aquí, a parte que la hierva húmeda atrae mosquito y tienes una niña pequeña— me dice seria y me preocupa lo que me acaba de decir, y al mismo tiempo me reconforta que se preocupe por la salud de Alia, ella es solo una niña y no quisiera que se enferme por mí culpa.
Asiento con la cabeza y decidimos entrar a la casa, las maletas de Amelia las dejamos en la sala de estar.
Amelia observa el lugar, que ahora pued apreciar mejor ya que desde que llegamos nos quedamos en el jardín, que era la parte que más le interesó a ella.
— Tu casa es muy acogedora, se puede respirar aire fresco— me dice y la invitó a qué se siente en el sofá.
— La compré cuando decidí venir a vivir a Londres, está algo lejos del trabajo y de casa de la madre de Alia, aquí nos alejamos de todo y disfrutamos de la naturaleza— le expreso.
Ella sonríe y sus ojos se posan en algunas fotos que tengo de mí pequeña rubia traviesa, toma uno de los marcos en sus manos y agrega:
— Es preciosa — dice.
— Y está loca por conocerte— le comento.
— ¿Le has hablado sobre mí?— me pregunta.
— ¡Si! Pero ella cree que eres una princesa, por más que he intentado decirle que eres una heredera para ser Duquesa, ella solo escucha princesa de Escocia.
Sonríe y me mira — me causan nervios conocerla, ¿Que pasa si no soy lo que ella espera?— me dice algo preocupada.
— Alia es una niña muy dulce, y de noble corazón, aunque también algo mimada— me mira a los ojos de una manera indescriptible.
Me acerco a ella y acaricio su rostro — debes tener hambre, anda vamos, prepararemos la cena juntos— le digo invitándola a ponerse de pie, y ella lo hace con una sonrisa.
— Nunca en mí vida he cocinado nada, espero no incendiar la cocina— responde haciéndome reí.
— ¿Te gusta la pasta?— le pregunto.
— Sí, pero comí mucha comida italiana estos días, quiero algo diferente— me dice.
— Enserio, es lo único que se hacer— contestó y ella se ríe a carcajadas.
— Lo siento— dice entre risas, lo que aprovecho para tomarla entre mis brazos y llevarla hasta la encimera de la cocina, en donde la deposito, dándole un tierno beso en los labios.
— Tengo otra especialidad, y es la ensalada César— le digo.
— La ensalada estaría bien para mí— responde.
—¡Bien! Ensalada César será, ¿en que deseas colaborar?— le pregunto.
— Creo que puedo cortar algunos ingredientes— me dice.
Voy hasta el refrigerador y saco la lechuga romana, y tomates cherry, los coloco en la isla de la cocina.
— Pues iniciar a lavar y cortar estos vegetales— le digo, entregándole el cuchillo por el mango — cuida de no cortarte por favor— le digo y ella se baja de la encimera contenta.
Mientras ella limpia los ingredientes, le pasó un utensilio muy útil que tengo en mí cocina, para secar rápidamente la lechuga.
Mientras tanto, enciendo la plancha y cocina la pechuga sazonada con sal y pimienta, enciendo el estéreo con música relajante, solo el piano, violín y el saxofón.
Ella decide ponerse más comida, quitándose los zapatos, y juntos llevamos los trozos de pan al horno, sazonada con un chorro de aceite y un poco de ajo.
Durante esperamos la cocción de la pechuga y que el pan se dore por ambos lados, decidimos hacer el aderezo, y charlamos tranquilamente.
Esta experiencia con ella, es muy agradable, cocinamos como si fuera alguna rutina diaria de pareja, disfruto de su compañía, me siento auténticamente feliz.
Después de casi media hora la cena está lista, el sol aún no se oculta del todo, y la luz anaranjada se filtra por la puerta de estilo francesa de la cocina.
— Mmmmmm, es la ensalada Cesar deliciosa que he probado— dice Amelia.
— Estoy de acuerdo, nunca me había quedado tan buena, como esta— le digo sincero, no sé por que, pero aunque agregué los ingredientes de siempre, está tiene mejor sabor que las anteriores hechas por mí.
La idea principal, es que Amelia pase la noche aquí en Londres, le ofrecí que se quedará en mí casa, aunque solo hay dos cuartos habilitados, ella puede dormir en mi cuarto y yo en el Alia, o viceversa, pero eso no lo tenemos definido todavía.
Acompañamos la cena con un buen vino blanco, solo una copa para cada uno. El toque de alcohol le pone las mejillas rojas a Amelia.
— Disfrute mucho la cena en tu compañía — me dice, mientras me ayuda a poner los platos en el lava vajillas.
— Ambos disfrutamos de la compañía del otro, eso hace que lo demás sea perfecto— beso sus labios, con ternura.
Después de unos minutos y ya con la cocina limpia, la llevo hasta mí dormitorio, le muestro el baño, y dejo que se ponga más cómoda, mientras yo me ducho en el baño de Alia, y me coloco ropa relajada para estar en casa.
Acordamos ver una película en la sala de estar, en donde está el enorme televisor y el sofá estilo ele, propuse hacer unas palomitas, pero luego tuve una mejor idea, por lo que opto por una picadera sencilla de quesos en cubitos pequeños, uvas verdes, aceitunas y una botella de vino.
Acomodo la bandeja sobre la mesita y lleno las copas de vino, los pasos lentos de Amelia acercándose a mí, hacen que volteé a verla, quedando deslumbrado por lo hermosa que se ve, trae una pijama corta de seda azul cielo, y unas pantuflas blancas, su cabello está atado en una cola, y su rostro está libre de maquillaje.
Así sin una gota de maquillaje luce aún más hermosa, aunque ella no es de llevar mucho maquillaje con exageración.
— ¿Necesitas que apague la luz?— me pregunta y asiento con la cabeza, dándole autorización de que haga lo que quiera.
La película que elegimos es una romántica, al parecer son las favoritas de Amelia, aunque no haya visto muchos en su vida.
La pantalla del televisor nos ilumina, proyectando las imágenes del film.
Desde que inicio la película, Amelia y yo hemos estados muy callados, apreciando cada detalle de la película.
En las escenas amorosas, me causa un poco de incomodidad verlas con la cabeza de ella sobre mí pecho, la primera película la que vimos estábamos en un avión con varias personas más, por eso tal ves no me incomodó tanto, además que no era la primera vez que la vería.
Acaricio sus brazos y ella levanta su rostro para darme un beso y yo la recibo gustoso.
— ¿Llevas mucho tiempo solo?— me pregunta de repente — es decir, ¿hace cuánto no tienes pareja?— dice — disculpa que te pregunte así, es que me interesa saberlo.
La miro y comprendo que se refiera al sexo — llevo algún tiempo, ¿Por qué lo preguntas?— indago.
— Es que eres hombre — decido poner en pausa la película para prestarle toda mí atención — Elsa dice que los hombres no pueden permanecer mucho tiempo sin, ya sabes— me hace reír su comentario — ¿no te hace falta?
— Claramente los hombres somos tallados de adictos y/o maniáticos del sexo— le digo — y en ciertas circunstancias, en especial cuando se está en la adolescencia, sucede mucho, pero no soy un adolescente Amelia, no puedo solo involucrarme con una persona, por sexo, yo en esta etapa de mí vida, necesito lealtad, compromiso y una verdadera relación, cuando se piensa de esa manera, vez que el sexo es importante, pero no lo primordial, tengo una hija que amo, no quiero andar con esta y luego con aquella, ese no sería un buen ejemplo para mí hija, así que por mí, decidí esperar hasta estar con la persona adecuada para mí— tomo su rostro entre mis manos — y sucederá cuando tenga que suceder, no estoy desesperado, quiero vivir cada proceso al ritmo que nos queramos mover— y beso su nariz, sus ojos me miran y me consume una enorme llama al percibir el deseo en sus ojos.
— Y, ¿Que pasa si quiero que llevemos ese ritmo?— me pregunta.
— No quiero que hagamos nada solo por mí y los mil años que llevo sin tocar a nadie, seamos nosotros mismos y cuando estemos listos pasará — le digo tranquilo, cagando mis impulsos internos.
Ella se pone a horcajadas sobre mí cintura, y esta suelta un suave jadeo al sentir la pequeña dureza de dentro de mí pantalón de chándal, me avergüenza un poco que me sienta así, pero desee que la vi, así de sexi, sabía que estaría en problemas.
— Yo nunca he estado con nadie antes — me confiesa acariciando mí cabello y yo acaricio su cintura — quiero que está noche pase, puedo sentir lo excitado que estás — ella toma una de sus manos y toma la mía, llevándola hasta su pecho — yo también estoy muy acelerada — dice y lleva sus labios a los míos, devorándolos con una intensidad que me pone aún más cachondo.
La deseo como mujer, porque es hermosa, su piel, su aroma, todo de ella me pone a mil.
Intento razonar conmigo mismo sobre lo que está pasando, si hacemos el amor, estamos llevando los nuestro más allá, y quiero que ella sea consiente sobre ello.
— Te deseo de una manera que no tienes idea— la beso mientras le hablo — pero necesito que seamos consiente, que si hacemos el amor está noche, nos veremos más comprometidos con lo que tenemos, que lo hacemos porque así ambos lo decidimos, y que estamos dispuestos a enfrentar lo que venga después — le digo y ella me mira.
— Estoy dispuesta a largar con las consecuencias — dice dándome total acceso a su cuerpo y yo acepto dándole total acceso al mío.
La tomo entre mis brazos, envolviendo sus piernas en mí cintura mientras nos besamos apasionadamente, durante camino con ella hasta la dirección de mí habitación, la luz está encendida, la coloco con sumo cuidado sobre el colchón, enciendo el estéreo y la misma melodía que coloque para la cena, suena ahora.
Me coloco sobre su cuerpo estirado sobre el colchón, aumentando la intensidad del beso y acariciando las partes de su cuerpo que la ponen más traviesa.
Es la primera experiencia que ella tendrá, por lo que debo ser cuidadoso y que ella pueda disfrutar sin miedo.
Tener su cuerpo desnudo es el más hermoso poema, sus curvas me traen al borde de la locura, le pregunté si quería que apagadas las luces, y ella respondió que no, que quiere ver todo y estar consiente sin perderse algún detalle.
Ser unos con ella, es la experiencia más agradable que he vivido, entendía que ella sería quien viviera esto por primera vez, pero me equivoque, me siento excitado por su cuerpo que siento como si fuera la primera vez en ver a una mujer desnuda.
Sua gemidos suaves me ponen más necesitado de ella, quiero siempre tenerla así y estar así entre sus brazos, sintiéndome suyo y ella sin miedos ni vergüenzas.
No me canso de besar sus labios mientras entro y salgo por su intimidad, uno su frente a la mía y dejo que disfrute llegar al que es su primer orgasmo de la noche.
La veo retorcerse y temblar, cerrar los ojos mientras su piel se enchina y pone más roja, estoy siendo muy suave y delicado.
Nuestras respiraciones agitadas, el sudor en nuestros cuerpos y el corazón acelerado, son la muestra de haber hecho el amor dos veces seguidas.
La abrazo a mí cuerpo y cubro su desnudes con las sábanas grises.
— ¿Estás bien?— le pregunto.
— Un poco de molestia en la zona, pero estoy perfecta— tiene las mejillas rosadas y los labios mucho más rojos que antes.
La beso y abrazo un poco más — ¿disfrutaste?— aunque conozco la respuesta, su cuerpo me lo dijo, quiero escuchar su palabras.
— Es una noche que nunca podré olvidar — me dice y veo que sus ojos se llenan de lagrimas.
— ¿Qué pasa nena?— le pregunto — si te lastime debes decirme— le digo.
— ¡No! No me hiciste daño— las lágrimas corren por su rostro y yo las limpio con mis dedos — me siento tan feliz a tu lado — responde.
— Yo soy muy feliz a tu lado nena— le digo.
— Y tú, ¿Te sientes bien?— me pregunta.
— Es nuestra primera experiencia y es inolvidable, me siento todo tuyo— le saco una carcajada.
A la mañana siguiente despierto con su cuerpo a mí lado y no me puedo creer qué pasáramos la noche juntos, me causa alegría verla sobre mí cama, siendo parte importante de mí vida.
Le beso la frente y con cuidado salgo de la cama para hacer algo que debería hacer hace algún tiempo.
Me baño y pongo ropa casual, mientras Amelia aún duerme.
Voy a la cocina y preparo café y unas tostadas francesas, le sirvo el desayuno y lo coloco sobre la mesita de noche, apenas está amaneciendo , son las siete de la mañana, beso su frente otra vez y ella se queda quieta.
Llego hasta mí destino, en cuarenta minutos debido al tránsito.
Toco el timbre y varios minutos después me recibe la abuela de Anika, la señora Miriam.
—¡Nikolas! ¿Cómo estás?— me pregunta la señora luego de un cálido abrazo de saludo.
— Estoy bien doña Miriam, ¿Y usted cómo se encuentra su salud?— investigo.
— Está todo en orden— me dice.
Pasamos a la sala y los pasos del pasillo se escuchan, durante el camino le envié un mensaje a Anika para que estuviera lista a Alia ya que pretendo pasar estos días con ella.
La señora Miriam me brinda café, pero no lo acepto, ya que quiero hacer esto rápido.
— Buen día Nikolas— saluda Arthur el esposo de Anika.
— Buen día Arthur— estrecho su mano.
— Puedo ir con ustedes— me pregunta la hija menor de Arthur.
— Cariño, es su momento, además tienes escuela— le advierte su padre.
— Buen día familia— habla la hija mayor de Arthur.
—¡Papi! — dice la voz de mí pequeña corriendo hasta donde estoy, recibirla en mis brazos completa mí felicidad.
— Estás lista para divertirte— le digo y ella se ríe a carcajadas, trae nos pantalones largos y sus zapatillas Rosa, junto a to gorro y abrigo de lana del mismo color.
— ¿Me llevarás a conocer a la princesa?— me pregunta.
— ¡Si!— le digo y ella mí mira quieta.
— Espera, papi— me dice para que la baje y sale corriendo por el pasillo.
Vuelve varios minutos después con su madre y una bolsa.
— Ya estoy lista— me dice con una sonrisa diferente.
Saludo a su madre y me marchó con mí pequeña a casa, donde Amelia nos espera.
Durante el trayecto Alia no paraba de hacerme curiosas preguntas, sobre la "princesa" cuando quiere algo se pone muy parlanchina.
Al llegar a casa, dejo que Alia vaya hasta su habitación, en donde pongo su maleta y la bolsa que traía.
Voy hasta mí habitación y Amelia se está vistiendo, por su cara asumo escuchó la voz de Alia.
— Hay una persona que quiere conocerla su majestad— veo como Amelia se pone de pie derecha, y camina hasta una de las maletas, sacando una bolsa de regalo.
Salimos de la habitación y la tomo de las manos porque la siento muy nerviosa.
— Tranquila, todo saldrá bien— este es un paso verdaderamente importante en nuestras relación, aunque acordamos no decirle claramente a Alia que somos más que amigos, ella es una niña y se puede confundir.
Llegamos hasta la habitación de mí pequeña y está al ver a Amelia, abre la boca y sus ojos se agrandan a modo de sorpresa.
— Alia Katunaric Brown, está usted en presencia de la princesa Amelia Wilson de Escocia— me volteo a ver a Amelia, quien sea quedado boquiabierta con mí hija.
Ambas se miran fijamente, y Amelia es la primera en acercarse a Alia, poniéndose a su altura sin tocar su cuerpo.
— Es un verdadero placer conocerla mí Lady— le dice Amelia, y sonrió cuando Alia hace una reverencia a Amelia.
— Gracias por estar en nuestra casa su majestad — le dice mí pequeña — le pedí a mí papi que la trajera para darle un obsequio — dice mí hija y yo frunzo el ceño — mí papi me dijo que no tenías corona, y una princesa no puede ser princesa sin su corona — mí pequeña le entrega una de las coronas que compramos hace algunas semanas, Amelia me mira y puedo ver todas las emociones que le trasmite el gesto de Alia para ella.