Cuando era una niña, sentía que mi mundo debía girar en torno al de mi madre, sentía un gran respeto y admiración por como todos la veían, su elegancia y calidez me hacían soñar, ser como ella cuando fuera mayor, ser una duquesa que inspire esos gratos sentimientos, por eso obedecía sin refutar, pues mi madre siempre tenía la razón.
Amaba los momentos que dedicaba para mí, donde vigilaba mis clases de música, las lecciones de etiqueta y protocolo, nuestras tardes de té,
Los meses transcurrieron y yo solo era una cuerpo vivientes, desocupado por su alma, un ser sin espíritu o voluntad propia, solo un títere cuyas cuerdas están maniobradas por los demás, el dolor embargo mi corazón y me hizo aferrarme a la idea, que en solo cinco años, cuando sea esposa de Cristian Müller y la Duquesa de Kent y Fife, podre ser yo misma, por eso cada día contribuyo en mis estudios y pongo todo mi empeño por salir adelante. Guardo en mi mente mis habilidades, mis sueños y anhelos, pues pienso que cuando llegue mi era seré quien verdaderamente soy, por eso también me enfoco en conocerme a mí misma, mentalmente pienso en que color me gusta más, o cual sería la comida que comería sin parar, defino mi carácter en silencio, en la oscuridad de mi habitación, en medio de las madrugadas, escribo mis más tristes pensamientos y los que me provocaron en su momento felicidad.
El que expulsaran al maestro More, me dolió sobre manera y fue difícil asistir a esa clase y no ver el entusiasmo que brindaba el maestro, los compañeros se sintieron extrañados por el repentino traslado del maestro More a otra universidad, los representantes del consejo, no aceptan escándalos, por eso se nos dijo, que el maestro había sido trasladado, pero yo sé que no es así y eso me causa un cargo de conciencia que me resulta incómodo llevar, quisiera ver al maestro y pedirle disculpas, pero no sé dónde contactarlo.
Tengo prohibido hacer amigos en la universidad, mis exposiciones son sola, no puedo estar incluida en ningún equipo, por mi seguridad, y eso es algo que le suma al peso que cargo en los hombros, soy joven pero no soy una persona normal ni común.
Debo comportarme a la altura que demanda mi posición, Cristian estudia en Londres y de vez en cuando hablamos por video llamadas, al igual que yo estudia tres carreras, y recibe clases de opera como diversión.
Mis flores son otro tema que me hace sentir muy mal, el malestar que me causo ver mis plantas cortadas es inexplicable, las plantas también son seres vivos, y de todos los lujos que hay en la mansión lo único que me hacía sentir útil, era regar mis flores y retirar las hojas secas.
Me limpios las lágrimas y continuo haciendo la tarea asignada, estoy en final de cuatrimestre y es donde siento más presión, pues debo entregar a tiempo los trabajos finales, Elsa me acompaña en la biblioteca del castillo.
Desde que ocurrió el incidente con la Duquesa, no le he vuelto a expresar mis sentimientos, y no he vuelto a tener problemas con ella, casi no nos vemos y eso es algo normal, tomando en cuenta quien es.
– Señorita Wilson – miro a Elsa, quien me ofrece una servilleta, y asumo que es para que limpie las lágrimas que están humedeciendo el libro.
– Gracias – agradezco y ella me mira con tristeza.
– No me gusta, verla llorar así– se sienta frente a mí y toma una de mis manos –quiero que vuelva a sonreír como antes.
La miro y le dedico una triste sonrisa – solo debo adaptarme a la idea, obedecer sin protestar y todo estará bien– le hago saber, ahora mismo solo confío en mi misma, si le digo que las cosas mejoraran cuando sea esposa y duquesa, puede que se lo haga saber a mi madre y no sé qué medidas más drásticas puede tomar ella.
“Pueden encerrar tu cuerpo, mas no tu mente y espíritu” una vez leí esa frase en la portada de un libro, en ese entonces no comprendía muy bien la referencia, pero ahora puedo decir, que la vivo en carne propia, podrán ponerme miles de impedimentos, pero eso no limitara mis sueños, puedo imaginar otra realidad y vivirla en mi mente.
Imagino que soy dueña de mi vida, que vivo rodeada de verdes prados y flores coloridas, respirando el aire puro de la naturaleza, viendo los arroyos y manantiales, ir mentalmente a ese lugar me relaja.
Al terminar mis deberes subo a mi alcoba, en donde me encierro durante toda la tarde, hasta que llega la hora de la cena, bajo y ceno sola, o algunas veces con la Duquesa y otras con alguno que otro invitado especial.
Así transcurren los años, hasta que una inolvidable mañana recibo una de las peores noticias de mi vida, Cristian Müller, rompió nuestro compromiso, abriendo una irreparable herida en mi corazón, de todas las traiciones esperadas, la de Cristian no estaba en mi lista, el consejo se volvió loco y hasta hablaron se expulsarlo de la realeza, pero sus padres no lo permitieron, alegando que es inmadurez y que recibirá su castigo.
Pero las cosas empeoraron y no se solucionaron, Cristian se había enamorado de una chica, vivían juntos en un modesto departamento en la ciudad de Londres, él había abandonado las carreras universitarias y se había enfocado en estudiar opera en el teatro, no diré que no me dolió saber que amaba a otra persona, que en poco tiempo logro sentir por otra, lo que nunca sentiría por mí.
Basto con verlos juntos para saber que eran el uno para el otro, y que por más imposiciones y trabas que pongan para impedir esa relación, es más que obvio que nada los destruirá, Nahomi, así se llama ella, una castaña, que provoca suspiros en Cristian, suspiro que yo nunca provoque.
El rompimiento del compromiso, enojo sobre manera a la Duquesa y al resto del consejo, el que Cristian desobedeciera es señal de rebeldía a las leyes establecidas desde siglos pasados, la Duquesa les exige a los Duques de Kent que deben obligar a Cristian a cumplir su compromiso, debe tener palabra y ser responsable.
Ante todo esto, no opino, no digo nada, solo miro y en silencio, como cada noche a solas en mi habitación, escribo como me siento, si un psiquiatra encuentra mis escritos, me diagnosticaría con depresión severa, muerdo mi almohada y lloro amargamente.
Dentro de mi corazón no quiero aceptar mi destino, porque siento que soy mucho más de los que se me impone, quisiera escaparme lejos e irme a esa casa en verdes prados con la que tanto sueño.
No tengo salida ni escapatoria, estoy mucho más delgada y mi estilista se da cuenta, me dice que he bajado de peso y que debe confeccionar mis atuendos con dos tallas menos, le informa a la Duquesa quien le echa la culpa al rompimiento del compromiso.
Se me impone otra dieta más estricta, se me obliga a asistir a una presentación de ópera, en donde Cristian actuara, con el pasar de los años, se ha convertido en un gran artista, su talento lo ha llevado a presentarse en grandes escenarios.
El vestido de alta costura resalta mi figura, el Duque de Kent sostiene el ante brazo de su esposa y el mío, quedando el entre medio de ambas.
Al llegar al teatro la prensa se vuelve loca, tomando fotos para las que poso con una falsa sonrisa, que no ilumina mis ojos, al entrar al lugar, disfrutamos de una increíble presentación, Cristian es muy bueno y sus padres se sienten orgullosos de él.
A pesar de tener vidas similares, Cristian tiene algo que yo no, y es la admiración de sus padres, a pesar del desobedecer ellos lo miran como si fuera la estrella más brillante del firmamento, como yo quisiera que mi madre me mire.
Miro de reojo a su novia Nahomi y no puedo evitar sentirme celosa de lo afortunada que es, no nació en la realeza, pero un heredero al trono, dejo a un lado su deber solo por ella, enfrento a todo un consejo de víboras por defender a la mujer que ama.
Entonces comprendí que él nunca me amaría, o por lo menos sentiría la mitad de lo que yo siento por él, no refutaba ni desistía ante el consejo sobre el tema de mi compromiso roto, moría por decirles que dejaran a Cristian y esa chica en paz vivir su amor, pero yo no era nadie para emitir opiniones.
El esfuerzo y sacrificio en la universidad valió la pena, cinco años después me gradué con mención honorifica, las notas más altas de toda la universidad, la Duquesa de Fife junto al consejo asistieron, para escuchar las palabras que me fueron asignadas como gratitud por mi dedicación.
El discurso lo había leído durante todo un mes, tres veces al día, los ensayos en el salón del palacio, eran supervisados por el líder del consejo, y tal cual lo ensayamos, tal cual lo dije, fuerte y claro, a pesar de que esas palabras no me representaban, lo hice, porque es lo que tenía que hacer, y fue cuando termine el discurso que al fin encontré la mirada de orgullo que me dedico la Duquesa, aplaudía sin parar junto a la multitud de familias y graduandos que ocupamos el salón de eventos.
Ese día mi madre se sintió plena al ver su creación, no era mi verdadera yo, solo actuaba y así fue como le guste, siendo la que ella quiere que sea siempre, la dócil y obediente, no le interesa que dentro de mi halla una chica que solo quiere ver el mundo por sí misma y respirar aire puro solo una vez en la vida.
– El consejo decidió, que como regalo por tu graduación y tu mención honorifica, llevaras a cabo un importante negocio – habla la Duquesa, cuando estamos almorzando en el comedor, la ceremonia de graduación fue ayer.
La miro y asiento con la cabeza en silencio, tengo los conocimientos necesarios para entablar negocios y se cuán importante establecer buenos lazos con los clientes, ya que pueden ser potenciales recursos para levantar la ciudad.
– Es un importante empresario, fabrica Cristales y hace un par de años se estableció en Londres, viajaras en un par de días, donde te hospedaras ya está arreglado, Elsa, Louis, Marjorie Lombardi la abogada una estilista te acompañan junto a un escolta.
Me dice y la observo, esperando que diga las otras personas que me acompañaran, pero continúa con su plato, sé que hay un truco en toda su “amabilidad” el enviarme prácticamente sola a negociar, implica que, si algo sale mal, será mi responsabilidad, sé que los que me acompañan vigilaran mis pasos y la mantendrán informada.
– Nikolas Katunaric, es el empresario del que te hablo, Elsa tiene los documentos listos, solo debes leerlos, y decir tal cual está escrito, léelo bien, no quiero errores, este es un muy excelente negocio, nada debe salir mal— dice advirtiéndome con la mirada.
Sabía que diría algo como eso, por eso al terminar la cena, voy con Elsa a la biblioteca y estudio el contrato, es un proyecto muy ambiciosos, algunos puntos no me parecen relevantes u oportunos, pero decido enfocarme en lo que me corresponde, en un par de días conoceré a ese empresario, debo estar más que lista y preparada.