Capitulo Nueve

1661 Words
Nikolas Siento los desmesurados latidos de su corazón, contra mi pecho, mis brazos se enredan alrededor de su cuerpo, todas sus suaves fragancias llegan a mi olfato, provocando en mi ser, sentir su angustia, cierro mis ojos, tratando de entender, porque no la alejo, o porque no insisto en separarla de mí, pero es como si mi alma, la conociera, como si mi ser comprendiera que algo no está bien, y que no la debe soltar, es complicado entender las razones que surgen en mi mente, tengo pensamientos contradictorios respecto a esta bella mujer. Los hechos me dicen que no debo confiar en ella, pero al verla y escudriñarla, algo me invita a protegerla, es como ese sentido de sobre protección que despertó mi hija, cuando la conocí, algo muy extraño me pasa, a penas anoche fue la primera vez que vi a Amelia, pero desde entonces una avalancha de incertidumbre me corroe. Al separarme de ella, siento un enorme vacío en mi pecho, ¿pero qué es lo que me pasa? Sus ojos están ligeramente aguados, sus mejillas sonrojadas y sus manos tiemblan levemente, la sonrisa que sus labios me brindan provocan que mis ojos escaneen su boca, los demás a nuestro alrededor hablan y aplauden, pero yo me he perdido en su belleza, en el misterio de su semblante, en la dulce melodía de la risa que se le escapa, en el sensual movimiento de su cuerpo, cuando sus manos esconden un mechón de su cabello y lo coloca detrás de su oreja izquierda, cuando baja la mirada al piso y deja escapar un suspiro de alivio. Junto a mi familia, la despedimos junto a su equipo, prometiendo que en un par de hora tomaremos un vuelo con destino a Fife, no está dentro de mis planes ir, pero tengo la sensación de que debo ir, por tal razón, continuo con mis labores, para dejar todo en orden antes de irme, así no tener dolores de cabeza, durante el tiempo que permanezca en ese lugar. Durante el resto de la mañana adelanto trabajo y culmino otros, mi madre entra a mi oficina y sostenemos una conversación, a lo que prefiero llamar interrogatorio, la intensidad de esa castaña de ojos azules me desconecta de lo que hago, la verdad no sé cómo mi padre la ha soportado todos estos años, Miranda Carrey es la persona más insistente del planeta, cuando algo se le mete a la cabeza, no lo suelta, hasta que las cosas resulten como ella quiere, me hace preguntas a base de torturas de cosquillas, a las que debo responder lo que ella quiere escuchar. Cuando le digo lo que ella quiere escuchar sale con una enorme sonrisa de mi oficina, diciendo en voz alta que use preservativo, al escuchar esta última parte, me exaspero, sé que no me dejara en paz hasta que consiga pareja y por lo que veo, me está empujando a los brazos de Amelia. Me paso las manos por el rostro con desesperación, como es que apenas conozco a Amelia y ya mi madre me quiere emparentar con ella, es obvio que algo entre nosotros no pudiera funcionar, ella es una futura Duquesa, su linaje real le exige que deben mantener las tradiciones, yo no pertenezco a la realeza, así que las ilusiones de la señora Miranda no tienen oportunidad. Es más que obvio que no me quedare soltero toda la vida, pero tome la decisión de darme tiempo para mí mismo, y si en algún momento llega alguien que vuelva a despertar los sentimientos de amor en mí, pues estaré abierto a esa posibilidad. No creo que llegue a amar a alguien como ame a Anika, pero si llego a sentir aunque sea algo mínimo que se asemeje, lo tomare. Al culminar mi labor, salgo de mi oficina rumbo a empacar mis cosas y pasar tiempo con mi hija, antes de partir, por lo que tomo mi chaqueta, abordo mi auto y salgo de la fábrica rumbo a la casa de Anika, en donde está mi pequeña rubia. Al estacionar frente a la enorme propiedad, salgo del auto y toco el timbre, cuando estoy delante de la puerta, varios segundos después, la hija mayor de Arthur el ahora esposo de Anika, es quien me recibe. – Bienvenido Nikolas – me dice la jovencita de algunos dieciséis años de edad. – Gracias por recibirme Lissy – correspondo a su saludo verbal - ¿Alia esta despierta? – pregunto mirando el reloj, por lo general a esta hora Alia está en su siesta de la tarde. – Esta despierta, ella y Lili están jugando a las muñecas – me dice Lissy, dejándome pasar y cerrando la puerta principal detrás de mí. – Bienvenido Nikolas, me da mucho gusto que vinieras – dice Miriam, la abuela de Anika, me acerco a ella y beso su mejilla - ¿te gustaría algo de tomar? – me pregunta muy amable la anciana, mientras me invita a sentar en el sofá que ocupa en la sala de estar. – Descuida Miriam, solo vine a despedirme de mi hija, no estaré en la ciudad por asunto de trabajo, por lo que me tomara algunos días resolverlo – le expreso mi intensión, ella se sienta frente a mí y me observa. – Entiendo, espero que Alia no te haga un espectáculo – me dice y yo frunzo el ceño – Anika y Arthur están en su luna de miel, pero anoche Alia lloro a mares cuando ambos se estaban despidiendo – me dice haciendo que me sienta incomodo, ya sé que es algo normal que las parejas luego de casarse se tomen la luna de miel, pero aún hay cosas que pasan con Anika, que me hacen sentir triste, pero unas pisadas aceleradas y un grito lleno de emoción que dice – ¡Papi! – de mi hija, hace que mi corazón se acelere y me ponga de pie rápidamente para cargar entre mis brazos a mi pequeña rubia de ojos azules, quien me llena la cara de besos, y provoca que mi ser de derrita en un dos por tres, Dios como es que la extraño tanto, si apenas anoche la vi. – Mi niña hermosa – le digo mientras beso su mejilla y dejo que recueste su cabecita en mi hombro - ¿Cómo está la princesa más hermosa del mundo? – le pregunto haciéndole mimos, es mi niña y me siento el hombre más feliz del mundo, por ser su padre, su amor y ternura refrescan mi corazón, no fui el mejor hombre con su madre, pero definitivamente seré el padre que mi pequeña rubia se merece. Me siento con mi hija en el sofá, y me es inevitable no ver las miradas tiernas de las mujeres frente a mí. – Papi, mi mami y papi Arthur se fueron – me dice mi hija haciendo un puchero e inmediatamente sus ojos se llenan de lágrimas, aún no me acostumbro que Alia le llame "papá" a Arthur, pero como su madre me dijo una vez, él la conoce antes que yo, a parte de que sus hijas la aman como a una hermana. Beso su frente preparándome para cuando le diga que yo también me iré, pudiera irme y no decirle nada, pero no quiero simplemente irme sin que mi hija sepa, es una niña, solo tiene dos años, pero es muy hábil además que es parte importante de mí. – Entiendo que estés triste princesa, pero ellos volverán, ya verás que sí y ¿sabes cuál es la mejor parte? que te traerán juguetes y todo lo que quieras – le ánimo y su otra hermanita pelirroja se acerca a ella y le acaricia el cabello. – Ya vez, hasta tu papá lo sabe, cuando mamá y papá vuelvan, nos traerán muchos regalos – le indica la niña de al parecer la misma edad de mi sobrino Daniel, nueve años. Trato de calmarla, acurrucándola en mis brazos, juego un rato con ella y sus ahora hermanas a las princesas, dejo que me pinten la cara, juego a las escondidas y ver que mi hija ya no se ve tan triste me hace sentir más aliviado, ella está muy bien cuidada, Miriam junto a Lourdes hacen un excelente trabajo, cuidando a las niñas, además que mi madre y hermana, colaboraran mientras no esté, esa es razón más que suficiente, para irme tranquilo. Cuando se aproxima el atardecer, voy a la habitación de mi princesa y a solas con ella le explico que no estaré, empieza a llorar, pero me invento una historia que se que le gustara. – No llores mi amor, estaré en el palacio de una princesa – le digo y me mira a los ojos, en cierto modo no le estoy mintiendo, Amelia no es una princesa, pero si será una Duquesa y vive en un palacio. – Una princesa, ¿tomo te llama? – me pregunta. – Se llama la princesa Amelia – le digo. – Y ¿nonde esta su reino? – me pregunta y ya sé a quién salió mi hija, tan preguntona, Alia ha visto todas las películas de las princesas, más de un millón de veces en su corta edad, esta obsesionada con ella, por eso me aborda con esas preguntas. M – Es un lugar muy hermoso, es en Escocia – agranda los ojos al escucharme. – Tomo la princesa Mérida – me dice sonriente. – Si mi amor, como la princesa Mérida – le digo y la abrazo. – ¿Y ella es valeinte tomo Mérida? – me pregunta feliz. Analizo sus palabras un instante, Amelia tiene un carácter dócil, pero al mismo tiempo es parcial, lo pude ver mientras exponía el nuevo acuerdo, por lo que con lo poco que conozco de ella, ha de tener mucha valentía, y más con las cosas que sucederán a continuación. – Si mi amor, Amelia es una princesa muy valiente.
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