Capitulo Diez

1443 Words
Amelia Doy vuelta por la habitación de hotel en la que me hospedo, las manos me sudan y el cuerpo completo me tiembla, lo logre, logre que mi proyecto no solo fuera escuchado, si no también que se le diera una oportunidad, ese es un gran logro para mí, ahora viene la parte más difícil, que es plantear el cambio de planes al consejo, no sé cómo se lo tomaran, la Duquesa fue muy clara al decir que no debía cambiar nada, pero ese acuerdo no tenía beneficios a largo plazo, y por lo que estudie de los Katunaric, una de las cosas que buscan con sus socios son resultados a largo plazo, pero para mí lo más importante, es que la ciudad se vería mejor beneficiada. – Redactare un nuevo documento – dice la abogada – es un excelente proyecto el que planteas, aun pienso que debiste informarme antes, pero los Katunaric se sintieron más cómodos con esta propuesta – me dice y extiende su mano ante mí – felicitaciones señorita Wilson, confío en que el consejo no tendrás más alternativas que confiar en su proyecto, es seguro, y sobre todo le abre nuevas puertas, para cuando sea su turno de gobernar – me dice y yo estrecho su mano. – Muchas gracias por tu apoyo, me alegra escuchar que estás de acuerdo – le digo sonriente. – Ya le tome fotos al proyecto que plasmaste en la libreta, en cuanto llegue a la oficina redacto el informe y te lo envío por correo, estaremos en contacto – me dice mientras se despide. Me quedo en la habitación con mi mucama y Louis, quien desde anoche a tomado distancia conmigo, sé que no le hable de la mejor manera, pero no quiero tener problemas con la Duquesa, suficiente tengo con cambiar su proyecto. – Alistare su equipaje señorita – me dice y yo asiento con la cabeza, Louis se pone de pie y dice: – Iré a terminar de hacer mi valija, con su permiso señorita Wilson – dice distante mi estilista. – ¡Louis! – llamo su atención y ella detiene sus paso, dándose la vuelta para enfrentarme. – En que puedo ayudarla – me dice respetuosamente, llego hasta ella y la tomo de las manos, a pesar de mi desconfianza, siento que no fue la manera correcta en la que le hable, así que a pesar de mi postura, debo pedir sinceras disculpas. – Solicito tus disculpas por hablarte tan duramente como lo hice anoche – le hablo mirando sus ojos. Ella pone una mano de mis manos entre las suyas – no tiene por qué disculparse, fue muy atrevido de mi parte hablarle como lo hice – me dice y noto que la mucama se nos queda viendo, por lo que me limito a asentir, Louis se limita a hablar sobre esa conversación acalorada que tuvimos ella y yo a solas. – Si no se le ofrece nada más, me retiro – dice Louis y yo la dejo ir. Después de varias horas entre almorzar y reorganizar todo lo necesario para volver a casa, la abogada se comunica con mi mucama, informando que ya envió a mi correo el nuevo informe. Con maletas listas aborde el auto con el que el chofer nos llevara al hangar, para subir al jet privado, después de alrededor de treinta minutos, llegados al lugar señalado. No tengo contacto con el señor Katunaric, o mejor dicho con Nikolas, Louis se encargó de enviarle la ubicación, ya que el tenia asuntos que resolver, por lo cual no podría venir con nosotros en el auto hasta acá, pero según tengo entendido, solicito la ubicación y que el llegaría por su cuenta, para abordar el avión que nos llevara a Escocia. El escolta me ayuda a bajar del auto, de las maletas se encarga la mucama, mientras que junto a Louis abordo el jet, unas azafatas noes reciben con unos bocadillos para picar, champaña y agua, todo los necesario para estar a gusto, aunque el vuelo no sea tan largo. Ocupo uno de los asientos que me indican y Louis se sienta junto a mi al lado de la ventanilla. – ¿Crees que fui muy arriesgada? – le pregunto a Louis, cuando estamos a solas en el jet, esperando a Nikolas. Louis me mira y se le dibuja una sonrisa en el rostro – Bastante arriesgada, pero como dicen por ahí, el que no arriesga, no gana – me dice segura y vuelve a mirar por la ventanilla. – Louis enserio necesito que me perdones, no fue mi intensión ser cruel – le digo y ella me vuelve a ver. – Tranquila, yo no debí hablarte como si fuéramos iguales – me dice sincera y mi corazón se lastima con sus palabras. – ¡Oye! No digas esas cosas, no utilice el mejor juego de palabras para expresarme anoche, pero yo te aprecio y mucho, antes te consideraba una amiga, a todos de hecho, pero ustedes se alejaron de mí, y me sentía muy sola, envidiaba verlos desde mi ventana jugar dardos, observaba su risa y quería ir junto a ustedes, pero en cuanto me acercaba, todos cambiaban y se tornaban alejados, hemos crecido juntos, para mi somos una familia – le expreso mi sentimientos, sé que no es lo correcto, pero el nudo que hay en mi garganta me asfixia – yo quería solo un poco de su amistad, y ustedes me la negaron, así que anoche cuando me dijiste esas palabras, no las creí, pensé que la Duquesa te había enviado para persuadirme, y si es así, ya no me importa, solo quiero, quiero ser feliz – le confieso y sus ojos llenos de lágrimas no dejan de mirarme. – Amelia – me dice y acaricia mi rostro con sus manos – se cómo te sientes y quiero que me perdones por alejarte, solo cumplía ordenes, pero no debí permitir que te sintieras así – ella una su frente a la mía y me mira con dulzura. Ella me abraza y no sé porque siento que necesitaba ese abrazo, hacia tanto tiempo que nadie me abrazaba. El carraspeo de una garganta, hace que nos separemos, al poner mi vista algo borrosa al frente logro detallar al espectacular hombre frente a mí, instantáneamente llevo mis manos a mi rostro y limpio las lágrimas que sean derramado, me pongo de pie algo temblorosa y me acerco al alto y apuesto ser que posee los ojos azules más bellos que he visto, trate su cabello húmedo y algo desordenado, su chaqueta de cuero marrón y esos vaqueros ajustado me hacen sonreír, ya que esa, no es la ropa apropiada para visitar el palacio. – Lamento llegar tarde, el GPS me envió a otra parte – dice como si nada. – Tranquilo, puede tomar a siento en donde guste – le digo como anfitriona, debo hacer que se sienta cómodo durante la estadía. El da un paso adelante y pone una de sus manos en mi mejilla, limpiando una gota de mis lágrimas – sí, continúas llorando así, provocaras un tsunami – me dice y yo no puedo ocultar soltar una carcajada, el tacto de sus manos en mi rostro me paraliza, limpia mi mejilla y me toma de la barbilla suavemente, llevo mis ojos a los suyos y no sé porque siento que quiere leer dentro de mí, y que para hacerlo tiene que ver directamente las ventanas de mi alma. – Son……. lágrimas…… de felicidad – le digo tartamudeando. – Entonces eres la mujer más feliz del universo – me dice achicando sus ojos en mi dirección. La mujer más feliz del universo, es lo que quiero ser, por ahora soy la más miserable, la que se esconde detrás de una puerta para llorar lo patética que es su vida, la que finge alergias para no ser interrogada por sus emociones, la que dibuja una sonrisa cuando por dentro está llena de amargura, pero eso es algo que solo Dios y yo sabemos. Desvío mi mirada de la suya, ya que me resulta torturante - ¿Cómo está su familia? – decido cambiar drásticamente de tema. – Todos están bien, le envían saludos y buena suerte – me dice quitando su cálida mano de mi cara. – Bien, ya todos están a bordo, es momento de que tomen sus respectivos asientos y se coloquen los cinturones de seguridad – nos indica la azafata muy amablemente, tomo le hacemos caso. En poco tiempo aterrizaremos en casa y una batalla tendré que lidiar, pero confío en mí y no estoy sola, tengo un buen respaldo en cual confiar.
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