Capitulo Veinte

1584 Words
Nikolas Ivanna Gavrilova, es una mujer con la cual entable una bonita amistad, nos conocemos desde niños, pero durante mí estadía acá en Zagreb cuando pasó lo de Anika, nos volvimos más cercanos. Es una mujer emprendedora e inteligente, apoya a su familia en el negocio de los bolígrafos, pues los Gavrilov, son los pioneros en inventar los diferentes modelos de bolígrafos del mundo. Ivanna es una mujer muy hermosa y coqueta, durante mí estadía aquí se interesó en mí, y aunque ella desperto sentimientos románticos en mí, no pasó nada ya que en mí corazón solo podía pensar en Anika y su supuesta "traición" Observo a Amelia quien juega con sus manos y no me despega los ojos de encima, Ivanna recuesta su cabeza de mí hombro y sonríe. — ¿Puedo acompañarlos? Es que no quiero almorzar sola— habla Ivanna y yo miro a Amelia. No me parece prudente que Ivanna se integre a nuestra mesa, no solo porque estamos hablando temas confidenciales, si no porque creo que Ami, se siente algo incómoda, por lo que busco su mirada y agrego. — Estamos tratando temas laborales, y no se si Amelia este de acuerdo — le indico. Amelia arquea levemente las cejas mira nuestros platos sobre la mesa, adopta una postura desafiante y dice: — Ya iniciamos a comer, por lo que no es adecuado recibir a una invitada, y estamos en medio de una junta, no es solo un almuerzo por placer — agrega Amelia. — Entiendo, me disculpo por incomodarlos — Ivanna dice y siento algo de irritación en el tono de su voz — me alegra mucho verte Nikolas, espero permanezcas por más tiempo aquí— agrega Ivanna besando mí mejilla izquierda, muy cerca del borde de mis labios. — Fue un placer volver a verte, no permaneceré por mucho tiempo ya que solo vine por asuntos de trabajo — le digo. — Papá dará una fiesta por motivo al carnaval, me sentiría honrada de tener tu presencia— dime Ivanna sin dejar de observarme con sus penetrantes ojos cafés — puedes traer a tu amiga, creo que se divertiría mucho— agrega para después darse la vuelta y mirar a Amelia. — Después te informamos — le digo. — Pues los dejo, un gusto en conocerte Alina— dice Ivanna, extendiendo su mano hasta Amelia, pronunciando erróneamente el nombre de la pelinegra. — Amelia, mí nombre es Amelia — agrega Amelia estrechando la mano de Ivanna Camino con Amelia al lado mío, por las principales calles de la ciudad, después del almuerzo a estado muy callada, y algo distante, le pregunté que si se sentía bien y me dijo que sí, sostengo el paraguas con mí mano diestra, mientras con la izquierda trato de tomar la mano d Amelia, pero ella se abraza a si misma, impidiendo que lo haga. El sol brilla con todo su esplendor, por las calles circulan muchas personas, las plazoletas están decoradas de forma carnavalezca. Me impacienta la actitud de Amelia, no sabe disimular cuando algo no le gusta y se que algo no le pareció bien, ya que sus cejas juntas y sus labios fruncidos son una señal de que tiene una interrogante en su mente, pero aún no está lista para expresarla. Le muestro varios atractivos de la zona, le cuento la historia de este país, sus lugares más atractivos y ella solo intervine para decir, ok, es muy lindo y nada más. Conduzco algunas calles, hasta llegar a las instalaciones de la fábrica, de cristales de los Katunaric Mijalov, los empleados tienen unos días libres, por motivo al carnaval. La soledad de la fábrica no se siente pesada, enciedo algunas luces, porque a pesar de aún ser de día, las gruesas paredes y las copas ventanas no permiten que la luz entre naturalmente. —Mi abuelo heredó está fábrica de su padre, mí padre la heredó de mí abuelo, y mí hermana Nikole y yo la hemos heredado de nuestro padre, y en el futuro nuestros hijos la heredera de nosotros— le cuento imaginando a mí pequeña princesa y mí sobrina Dániel dirigiendo con valor este legado. Amelia camina y observa alrededor y en silencio, las instalaciones son modernas con un toque clásico, fotos en blanco y n***o de los inicios de la fábrica están colgadas en el lobby que en donde nos encontramos, estas fotos cuentan su propia historia. — Y ¿qué pasaría, si tu hija o ti sobrina, no quieren seguir este camino, sino algo diferente? — indaga Amelia — ¿se perdería su legado?— — Lo primordial es la felicidad de mí hija y sobrino, desde ahora le estamos inculcando este legado, pero si en el futuro ellos no desean hacerlo, pues los apoyaré en lo que tengan talento y sean auténticamente felices — le expreso. — Entonces se perdería el legado familiar — me dice — imagina un caso hipotético en el que ninguno de la nueva generación se sientan interesados en el negocio, tendrían que vender su legado — habla Amelia. — Se perdería la fábrica de cristales, más no el legado de emprendimiento, esfuerzo y entrega— le digo — si mí hija quiere hacer lo que le apasiona, y tiene el talento para hacerlo, estaré ahí para ella, lo más importante para mí es ella, no vivo para engrandecer la fábrica, vivo para engrandecerla a ella— le habla desde mí corazón de padre, ya que si llega a suceder lo que me plantea, yo estaré preparado. Mí mirada se pierde con la mía, cómo siempre pasa cada vez que nos miramos y somos sinceros el uno con el otro. — Tu hija tiene un gran padre — agrega — si hubiese tenido la oportunidad de conocer a mí padre, quisiera que hablara sobre mí de la forma en que has hablado tu— se voltea dándome la espalda y entiendo que este tema le afecta mucho. Me acerco poniéndome frente a ella, es muy fuerte, pero también sensible, por lo que la abrazo, ella no corresponde por lo que me vuelvo a posicionar de manera erguida. — ¿Qué pasa?— la pregunto, porque me causa molestia verla así, quiero que se sienta bien durante el tiempo que estemos aquí. — Ya te dije que no pasa nada— me expresa, pero se que me miente. — No tienes porque mentir, si algo no te gusta dímelo, si hice algo fuera de lugar habla conmigo— le expreso. — En verdad no es nada— me dice y me frustra un poco. El camino a casa a pesar de no estar muy distante de la fábrica, me pareció eterno, el silencio en el auto entre Amelia y yo, no es interrumpido por ninguno. Al llegar a la casa estaciono el auto, le abro la puerta a Amelia y ella me agradece, entramos a la casa e inmediatamente se nos acercan algunos empleados de la propiedad. — ¿Dónde están todos?— indago. — Aún no han vuelto de realizar las compras — agrega una empleada. — Gracias — agradezco — si quieres distraerte, Olga puede darte un paseo por la casa, estaré en mí habitación enviando algunos correos — le expreso a Amelia, le presento a Olga quien sonríe y saluda con amabilidad a la pelinegra. Al llegar a la habitación me peino el cabello hacia atrás, con las manos, cerrando la puerta, no se que hice mal, todo fluía a la perfección, pero repentinamente Amelia se encerró en su misma, se que no la conozco la suficiente, pero estoy tratando de haceras cosas bien. Unos leves toque en la puerta hacen que me de la vuelta y la abra, encontrándome con la figura de Amelia. — En que puedo ayudarte — le expreso. — ¿Puedo pasar?— me pregunta y asiento, dejando que invada mí habitación con su perfume. No quiero preguntar que hace aquí, solo me quedo en silencio y dejo que sea ella quien decida hablar. — No tengo muchos amigos o personas cercanas en quienes confiar— me dice de frente — te conocí hace muy poco tiempo y siento que puedo confiar en ti, me has demostrado y expresado sus emociones y eso no ha de ser sencillo para ti, y yo de igual forma me puesto ante ti una Amelia que solo yo conozco — respira profundo y continúa diciendo — fui muy inmadura está tarde, lamento haber arruinado nuestro paseo, cuando tu solo querías hacerme sentir bien — me dice. — Solo me interesa que estes bien, si algo hice mal, por favor dime— le expreso. — No, tu no hiciste nada malo, es que tengo muchas emociones encontradas y a veces no se cómo manejarlas, al menos no contigo. Me atrevo a tomarle las manos, al bandita aún sigue en la vena de su ante brazo, dirijo mis manos hasta esta y se la retiro, ya no está sangrando. — Nadie debería de ver esto— le digo. — Lo había olvidado — me expresa. — ¿Que te pareció la ciudad?— le pregunto curioso. — Es hermosa y colorida, su arquitectura es preciosa, amé la fábrica y los retratos familiares, pero sobre todo me gustó mucho saber que lo más importante para ti, no es la fábrica sino tu familia — me dice amable. — Me alegra mucho que te halla gustado — le expreso — ahora descansa un poco, porque está noche saldremos a festejar.
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