Capitulo Veintiséis

1582 Words
Amelia El aire fresco acaricia mí rostro, provocando que cierre los ojos y disfrute de estos momentos de plena paz, en medio de mí soledad. Los lentes de sol oscuros protegen mis ojos, de los cálidos rayos del sol, mientras mí piel recibe los nutrientes que activan la vitamina D, abriendo mis poros. —Signorina, è pronta per pranzo? (Señorita, ¿está lista para el almuerzo?)— pregunta el mesero que se acerca a la mesa en la que me encuentro. Florencia es el destino que elegí para pasar un par de días de vacaciones, el avión aterrizó hace solo un par de horas, pero inmediatamente con Oliver rentamos un auto para poder trasladarnos por esta hermosa ciudad. Decidí, sacar dinero suficiente de la cuenta, cuando estaba en Croacia, así la Duquesa no podrá rastrear en donde me encuentro, Oliver prometió ser discreto, y para que yo pudiera creer en su palabra, él lanzó en un contenedor de basura el móvil. El Restaurante de Miguelanyelo, es nuestra primera parada, la arquitecta antigua de la época romana reina en este lugar, las paredes hechas de piedras sin pintar, le aportan un porte de rústico, pero a la vez clásico. Le sonrío al joven mesero que usa un sencillo uniforme de camisa y pantalón. Según escuché de algunos turista en el hotel que nos hospedamos, este Restaurante tiene las mejores pizzas y está muy cerca, aunque no existe un solo lugar de Italia cuya pizza no sea exquisita. Nunca en mí vida he probado la pizza, es una de las tandas comidas que están fuera de mí dieta alimenticia, pero se mira muy deliciosa y no me quedaré con las ganas, por lo que ordeno una pizza de queso solo y otra de peperoni, le indico a Oliver que puede pedir la que quiera, y el elige la que más le gusta. Las personas alrededor comen y hablan en italiano, el toldo de la terraza no cubre lo suficiente el sol, pero no me molestan los rayos que emite. Me llevo una pierna sobre la otra, el vestido floreado amarillo, resalta el tono de mí piel, las sandalias bajas que uso, me facilitan caminar por las concurridas calles y aceras de Florencia. Aquí no tengo pensamientos de mí vida, solo soy un lienzo en blanco que busca explorar y llevarse la mejor experiencia, inhalo el aire fresco por mí olfato, me siento ten libre, sin ataduras ni obligaciones impuestas, no me importa que solo sean un par de días, los disfrutaré al cien por ciento. El aroma caliente de la pizza, provoca que habrá mis ojos, encontrando frente a mí, una exquisita pizza tamaño mediano, y otra tamaño personal, se me hace agua la boca, el vapor el visible, y tengo que soplar con la boca cuando me llevo el primer bocado, para que no me queme el paladar. La suave masa, bañada en salsa de tomate y el queso se derriten en mí boca y no puedo parar de degustar lo que hasta ahora considero la mejor comida que he probado, no sé cómo pude haber demorado tanto en comer algo como esto. Oliver me mira asombrado, pero no dice nada, como mí pizza como si tuviera viviendo una hambruna apocalíptica, pero no me avergüenzo, y cuando terminó con la primera degustó la segunda en cuestión de segundos. Camino con algo de perece por las calientes calles, Oliver me sigue el paso. Después de la deliciosa comida, decidí recorrer la ciudad y comprar algunos artículos para obsequiar. Nos detenemos en una caseta, en la que compro varias botellas de vino, según el dueño del lugar es de su propia cosecha y las uvas son de las más frescas de la zona. Luego pasamos frente a u a juguetería que llama mí atención, recuerdo que Nikolas tiene una hermosa niña, tal vez pueda encontrar algo que le pueda gustar. Entro al lugar y observo que los juguetes son hechos a mano, muñecas de trapo entre otros juguetes. Un juguete en especial llama mí atención, por lo que me acerco hasta este y lo tomo entre mis brazos, una sonrisa me sale del alma, por lo que decido comprarlo sin importar el costo. Continuamos recorriendo los establecimientos comerciales de rededor, hasta que mis pies se cansan y decidimos que es mejor volver al hotel, descansar un momento y salir más tarde. Camino con un par de bolsas en la mano, y Oliver detrás de mí con un par de bolsas también. Cuando observo que por un vitral están colocando unas macetas con plantas, camino sin fijarme en frente, y mí cuerpo choca contra el de otra persona, las bolsas se caen al piso, y agradezco a Dios que en ellas no cargaba nada que se pudiera romper, ya que Oliver es quien carga las botellas de vino. — Disculpe, me distraje un momento— me disculpo con la persona, aunque no e levantado la mirada para verle a la cara, pues estoy tomando las bolsas del suelo. La persona se pone a mí altura y me ayuda con las bolsas. — Lo importante es que no hubo daños importantes— dice una voz, la cual provoca que mí cerebro retroceda cinco años atrás, mis ojos escanean a la persona dueña de la voz, y con quién me acabo de encontrar, mí corazón late con fuerza, porque creí que jamas volvería a ver a esta persona, los ojos se me llenan de lagrimas y las manos me tiemblan, desee con todas mis fuerzas encontrar a esta persona, y Dios hoy decide ponerlo en mí camino. — ¿Maestro More?— pregunto dudosa y el frunce el seño. — Hace años que nadie me llama así— dice y yo no soporto el miedo que se hace en mí garganta — señorita Amelia Madelinne Rousse Wilson Craig— me llevo las manos a la boca y ahogó un grito de dolor, este buen hombre fue vilmente expulsado de su trabajo solo por darme el mejor consejo que nadie me dio jamás, y el que guardo en mí corazón como tesoro. Oliver se acerca a preguntar si estoy bien, pero solo le indico con la cabeza que si. Bebo un sorbo del vaso de agua que tengo en mis manos, el maestro More, me invitó a sentarme luego del episodio de shock que tuve hace un momento. — ¿Te sientes mejor?— pregunta con suma preocupación el maestro More y yo asiento con la cabeza — de todas las personas del mundo que he conocido a lo largo de mí vida, nunca creí encontrarme con usted en este lugar y en estás circunstancias— me dice. — Yo deseaba poder encontrarlo algún día, y este viaje fue una verdadera bendición— le digo, lo miro a los ojos — necesito pedirle la disculpa que debí darle hace cinco años atrás— él intenta intervenir, pero no sé lo permito — con solo escuchar su pasión por la vida, algo dentro de mí se activó, ye dolió mucho que por mí causa haya perdido su trabajo— le digo. — Sabes que no es tu culpa, ¿Verdad?— me dice. — Si, pero creo que su hubiera hecho algo más— — Si me hubiese quedado en esa universidad dando clases, quizás fuera una figura de renombre internacional— me dice y me siento más culpable, pero entonces el agrega — pero no hubiera sido feliz, cobraba el triple de lo que gano ahora, pero conocí a unos Jóvenes que necesitan más de mí, que los de Escocia— Nikolas Beso una y otra y otra vez el rostro de mí pequeña rubia, su fragancia infantil hace que no quiera soltarla, ella ríe sin parar y me suplica que ya pare de darle besos, pues mí barba le hace más cosquillas. Pase a buscarla a su escuela, luego de indicarle al piloto del jet privado, que llevará a Elsa y Louis a salvo a Escocia. Tomo la mochila de Alia, y me la coloco en el brazo, Anika nos ve y se cruza de brazos, con una sonrisa en su rostro. — Despídete de tu mamá— le indico a mí hija, quien corre hasta su madre y le deposita un beso en la mejilla. — No olvides que tienes tareas por hacer, ¿ De acuerdo?— le dice severa Anika. — Ti mami— responde Alia. — Nada de golosinas, te bañas, cenas y a dormir— le indica Anika y yo ruedo los ojos, es obvio que no haremos eso, si no todo lo contrario. — Está bien— le digo desinteresadamente. — Nikolas estoy hablando en serio, los dulces pueden dañar su dentadura, a demás que ya tenemos un horario establecido para el sueño — me dice y yo asiento con la cabeza. Al llagar a casa, enciendo el televisor, hago palomitas y evito a toda costa las golosinas, aunque Alia las amé y yo quiera consentirla Anika tiene razón, demás somos un equipo y ambos debemos hacer lo mejor por nuestra hija, aunque pienso que a Anika se le da un poco mejor ser madre que a mí ser padre, ella es recta y disciplinaria, e intransigente, aunque nunca deja de ser afectiva con Alia, más yo soy lo que Alia diga, soy más permisivo con sus caprichos. — Papi, ¿Cuándo conoceré a la princesa?— me vuelve a preguntar Alias y yo acaricio su rostro. — Pronto cariño— le digo.
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