Las madres son esos seres sobre humanos existentes para proteger y cuidar a sus hijos durante toda la vida, no importa si son pequeños o adultos, durante cada etapa de la vida ella siempre lucharán para mejorar la vida de sus hijos.
Varios expertos en educación infantil han asociado la crianza de los hijos a una larga etapa que va desde la concepción hasta la adolescencia, algunos otros estipulan que va desde el nacimiento hasta la juventud, mientras que otros más intensos, teorizan que criar es la etapa más extensa de la vida y que apesar de que sus hijos sean adultos, no vivan bajo el mismo techo, incluso tengan nietos los padres siguen criando a sus hijos, esto se debe a qué los mayores representantes de autoridad para una persona son sus padres, por lo que el carácter y personalidad se rigen por el de los padres.
Mientras Miranda Carrey madre de Nikolas le brindaba a sus hijos una vida amorosa e independiente, Yolanda Craig sobre protegía a su hija y la volvía dependiente de ella.
Cómo podemos ver la crianza puede ir en ambas direcciones, pero el objetivo final debe ser la felicidad auténtica de ambas partes tanto como la del que cría como quien recibe la crianza.
Miranda a tenido el apoyo de su esposo y juntos han creado e ideado el modelo que creen adecuado para representar a sus hijos, por otra parte Yolanda a tenido sola que idear e indagar para poder sacar lo mejor de su hija.
Pero algo no le está funcionando bien a Yolanda a pesar de que ella ignore esa parte, Amelia no es plenamente feliz y eso deja mucho que decir de la Duquesa como madre.
No se trata de lujos o educación, se trata de afecto e independencia ¡por Dios!, Amelia ya tiene veinticinco años de edad, no tiene vida social, su mejor amiga es su estilista y su mucama y la relación con ellas es muy estricta, en el poco tiempo que Nikolas lleva de conocerla a podido apreciar lo infeliz que es, a caso solo él puede ver qué esa mirada azul turquesa grita a gritos que no es feliz y que se está ahogando en sus propios pensamientos.
Nikolas afloja el nudo de su corbata y se sienta sobre el como colchón, la angustia en su interior no deja de crecer, es como una larga pena que lo impacienta y esa sensación no le agrada.
El triste pasado de Amelia le grita que su futuro no será diferente, pero que puede él hacer, es solo un potencial socio, ni siquiera sean firmado los acuerdos para sostener una alianza con la Ciudad de Kirkcaldy.
Ciudad que no se siente muy contenta con el consejo de Fife, ya que durante el recorrido que realizó con Amelia, varias personas se le acercaron quejándose de los altos impuestos que tienen que pagar, las deficiencias de empleos, entre otras necesidades que con mucha sabiduría que hablando de forma calmada, Amelia pudo dar respuestas, pero eso lo quita el echo de que los rumores sobre la mala gestión de la Duquesa circulen.
La cena es servida a las siete de la noche, Nikolas observa el reloj en su muñeca, se pone de pies apresurado en desvestirse y ducharse para estar listo e ir a cenar.
Amelia observa a su madre a los ojos, estos la mirando directamente sin parpadear, la postura rígida que siempre la caracteriza la mantiene y sus manos de tras de espalda le agregan el toque de superioridad que usa cuando está frente al consejo, pero en esta ocasión está a solas con su hija.
— ¿Qué le pareció al señor Katunaric la ciudad?— indaga la Duquesa.
Amelia traga grueso, levanta el mentón y adopta la postura de su madre.
— Pude compartir algunas palabras con el señor Katunaric y según me dijo, le parece interesante y organizada— responde Amelia tomando en cuenta el rostro de satisfacción de Nikolas, durante el recorrido.
La Duquesa se acerca dando dos pasos hacia su hija.
— ¿Qué dijo sobre los fabricantes?— pregunta interesada Yolanda, leyendo el lenguaje corporal de su hija.
Amelia, segura de los comentarios que escucho hablar a Nikolas responde:
— El señor Katunaric utilizo palabras tales cómo: arte único y calidad—
— Asumo que eso es bueno, ¿Qué concepto tienen los fabricantes locales sobre el señor Katunaric?— dice la Duquesa.
— Al señor Murphy le pareció interesante y depósito su confianza en nosotros, dijo que hablaría con los demás fabricantes para hacerle saber los beneficios expuestos por Nikolas— expone Amelia.
A los odios de la Duquesa llegaron dos cosas que llamaron su atención, Amelia dijo: depositaron su confianza en ellos, pero también llamó al señor Katunaric por su nombre, lo cual indica un acercamiento, una alarma de enciende en su mente, pero antes debe darle el beneficio de la duda.
— Y a ti, ¿qué te parece el señor Katunaric?— con ingenio la Duquesa no le hace saber que escucho el error anterior a su hija y decide ver la reacción de esta.
Amelia suelta un leve suspiro, Nikolas es un hombre muy interesante, su compañía aunque la pone algo nerviosa no le provoca miedo, su porte de seguridad la hace sentir protegida, la comprensión de sus palabras endulzan su oído, el toque de sus manos hormiguea su piel, son tantas cosas diferentes que en tan solo unos días ese hombre de ojos azules le hace sentir, que podría describirlo con una palabra, "encantador"
Pero es más que obvio que no utilizará esa palabra con lo que su madre pregunta, debe tener un término más profesional y cortés.
Internamente Amelia se muerde los cachetes internos, para reducir el tono rojo que tiene sus mejillas, lleva su mirada al piso y la vuelve a levantar cuando encuentra la palabra que necesita.
— Profesional, el señor Katunaric, tiene el conocimiento y los recursos para hacer avanzar en ese aspecto las industrias de cristales de la ciudad— responde con seguridad.
La Duquesa entre cierra sus ojos en su dirección, no es tonta, claramente puede percibir que Amelia se siente sensible al hablar de ese hombre, pero es normal, Nikolas Katunaric es guapo e inteligente, además de ser joven y rico, pudiera ser un buen partido eso claro si perteneciera a la realeza, cosa que no, por lo cual es descartado, pero necesita que el señor Katunaric invierta en la ciudad, eso traería empleos y los ciudadanos estarían contentos.
— Gracias por el informe Amelia—
— Es un honor Duquesa, sinó necesita de mí presencia, solicito permiso para retirarme— indica Amelia.
— Puedes marcharte, pero necesito que le recuerdes al señor Katunaric la hora de la cena— dice la Duquesa.
Amelia asiente con la cabeza y con el debido protocolo sale del enorme despacho de la Duquesa.
Los pasillos del palacio están desalojados, solo dos o tres personas del servicio se pacean por estos para corroborar que todo está en orden.
Los pies cansados de Amelia llegan hasta la puerta de la habitación de invitados en donde se hospeda Nikolas.
Amelia respira profundo y con su mano echa puños golpea suavemente la puerta, pero nadie responde, lo vuelve a intentar tres veces más, por lo que algo preocupada, abre la puerta y la cierra detrás de ella.
Amelia pasea su vista por toda la habitación en búsqueda de Nikolas, las cortinas están cerradas, la tenue luz ilumina la habitación, el traje que él traía puesto está sobre la cama.
Ella se acerca al traje y pasea sus manos sobre la ropa.
— Ahora eres una acosadora— dice Nikolas recién salido del baño, Amelia se sobresalta y se voltea callendo de un senton sobre la cama.
—¡Oh, disculpa!— dice Amelia al detallar al hombre recién bañado que la mira con el ceño fruncido — toqué, pero o respondiste, así que pase a ver cómo estabas— se defiende Amelia, por violar la privacidad de su invitado.
Con el albornoz blando cubriendo su cuerpo desnudo, Nikolas se acerca hasta Amelia quien se queda sentada sobre el traje de Nikolas.
—¿Puedo?— pregunta Nikolas acercando su mano al colchón, muy cerca de las piernas de Amelia.
Los latidos del corazón de Amelia se aceleran interpretando la acción de Nikolas como un acceso a su intimidad, por lo algo asustada Amelia aleja la mano de Nikolas.
— No sé quién crees que soy, pero yo no soy así— habla temblorosa, Nikolas suelta una carcajada entendiendo el malentendido de Amelia.
— Estás sentada sobre mí traje— le dice Nikolas y las mejillas de Amelia pasaron de rojo a rojo carmeci en segundos, provocando que con un saldo Amelia se ponga de pie.
El olor a jabón del cuerpo recién bañado de Nikolas toma el olfato de Amelia, quien intenta irse chocando con el fornido pecho cubierto por el albornoz de Nikolas.
Éste, viendo la mirada baja y el nerviosismo d Amelia, la toma por los hombros y la mira a la cara.
—¿Viniste a decirme algo?— pregunta Nikolas.
—Este.... Si..... Este.... La cena.....si eso..... La cena— dice entre cortada Amelia con el mentón abajo, pero Nikolas toma su dedo índice y levanta el rostro de ella, para verla a los ojos, esta tarde han tenido una cercanía muy importante y la sensaciones que tiene respecto a Amelia crecen con solo ver sus ojos.
La respiración de Amelia empieza a tornarse difícil, por lo que hiperventilar es la opción que tiene, alarmando de inmediato a Nikolas.
— ¡Amelia!— la llama, para provocar que se calme, pero la ansiedad toma su cuerpo, acelerando aún más su miocardio.
El pecho le sube y le baja con rapidez, ya la había visto así, el día de la boda de Anika y Arthur.
— ¿Me escuchas?— pregunta Nikolas y Amelia trata de asentir con la cabeza — eso es bueno, te recostare sobre la cama y llamaré a alguien para que te atiendan, ¿Estás de acuerdo?— dice Nikolas, pero Amelia niega con la cabeza.
— Ya, se pasará...— dice con dificultad, pero Nikolas no tiene idea de que debe hacer, la otra vez la cargó entre sus brazos, talves ahora funcione.
Por lo que la abraza, rodeando sus brazos sobre su cintura, reposando su cabeza sobre su pecho, acariciando las hebras negras, dejando que su respiración impacte contra su cuerpo.
El rico olor de su cabello, penetra por la nariz de Nikolas — relájate, piensa en cosas buenas, un lugar en el que te gustaría estar— le pide Nikolas, diciendo algunos mecanismos contra la agresión que aprendió durente asistía a terapia.
Con rapidez Nikolas se inclina un poco y busca su teléfono celular, busca el audio de los latidos del corazón de su hija, los cuales Anika la había enviado hace algún tiempo y los que utiliza para sentir a su hija más cerca de él.
Enciende el audio cerca del oído de Amelia, apaciguando un poco su ansiedad.
Amelia cierra los ojos y aferra sus brazos a los de Nikolas, quien aún no d ja de abrazarla, besar su cabeza y decirle que todo está bien.
Cuando la siente más calmada, la sienta sobre la cama.
— Estás más calmada— afirma Nikolas — recuestate unos minutos— indica.
— Disculpa por ponerme así, yo...— Nikolas observa a Amelia y no la deja terminar.
— No es la primera vez que te pasa, al menos no frente a mi— le habla Nikolas — no tienes que disculparte, pero necesitas un médico, está vez pasaron tres minutos para que te relajaras— le advierte.
—Por favor, no le digas a nadie lo que me pasa— le pide Amelia a Nikolas con ojos vidriosos.
—No es cuestión d que le diga a alguien o no, es que debe ir al médico para saber porque te dan estos ataques— habla un poco enojado Nikolas al ver el miedo de Amelia.
— Sí, prometo que iré al médico, pero no le digas nada a nadie, por favor, si lo haces puede que me alejen de este proyecto y en verdad quiero estar integrada— dice Amelia, pero Nikolas se pone de pie.
— No continuaré con el proyecto si no vas al médico, no quiero que la creadora del mismo, empeore su salud, solo por estar trabajando— la advierte Nikolas.
Amelia lo mira sentada desde la cama, se siente un poco mareada como para ponerse de pie, traga saliva y recibe el vaso con agua que Nikolas le ayuda a beber.
— Te prometo que si el proyecto es aprobado por el consejo, antes de iniciar visitaré al médico— dice Amelia, pero Nikolas no parece muy convencido.
— Haremos esto, cuando el consejo apruebe el proyecto yo mismo te llevaré a un médico — dice Nikolas.
— No, yo te doy mí palabra de que ....— intenta decir Amelia.
— Te he visto y se que no eres capaz de decirle a los tuyos lo que te pasa, tampoco puedes salir del proyecto y no puedo trabajar contigo así, por eso me encargaré de tu salud— habla Nikolas, tomando la responsabilidad de la salud física y mental de su potencial clienta.