Mientras todos se reían aún del comentario de Andrés, Maya se inclinó hacia Perla y le susurró:
—Bueno, ahora solo falta despertar a la bella durmiente… ¿Vamos por Lana?
Perla asintió con una sonrisa leve. Se levantaron y dejaron a los chicos hablando entre ellos, todavía burlándose de Andrés por su “atrevimiento”.
Subieron al cuarto de Lana, y como era de esperarse, seguía hecha un ovillo en la cama, abrazando una almohada.
—¡Lanaaaaaa! —gritó Maya, corriéndose la cortina bruscamente para dejar entrar el sol.
—Cinco minutos… —murmuró Lana con voz ronca, tapándose más.
Perla se le acercó y le dio suaves golpecitos con una almohada.
—Levántate, vamos a ir a un parque de diversiones. Y hay que ponernos lindas.
—¿Lindas? —Lana entreabrió un ojo—. ¿Qué están tramando?
—Nada —dijeron ambas al unísono, aunque se les escaparon sonrisas cómplices.
Media hora después, las tres salían del cuarto con ropa que gritaba "seguridad y fuego".
Perla llevaba unos jeans oscuros ajustados de cintura alta y un crop top blanco con hombros descubiertos. Su cabello lo dejó suelto, cayendo en ondas suaves.
Maya, fiel a su estilo, optó por unos jeans rotos y un crop n***o ceñido al cuerpo, con labios rojo vino y delineado perfecto.
Lana, aunque todavía medio dormida, no se quedó atrás: eligió un top verde oliva sin mangas que dejaba ver su abdomen tonificado y unos jeans claros con detalles plateados.
Al bajar, los chicos se quedaron en silencio por unos segundos.
—Wow —dijo Rubén, tragando saliva.
—¿Qué clase de parque es este? ¿De atracciones o de infartos? —añadió Alan, levantando las cejas.
—¿Y ustedes para qué se arreglaron tanto? —preguntó Andrés, intentando sonar casual mientras no apartaba la vista de Perla.
—Para mí —respondió Maya con una sonrisa retadora—. Una se arregla para gustarse a sí misma, ¿cierto, chicas?
—Obvio —respondieron Lana y Perla al mismo tiempo.
Pero dentro de sí, Perla solo tenía un objetivo: observar bien las reacciones, buscar pistas. Si alguno de ellos era LordBlackthorn, no podría evitar delatarse.
Mientras subían al transporte para ir al parque, el celular de Perla vibró.
Nuevo mensaje de: LordBlackthorn
"Te queda bien el blanco. Supongo que querías que te notara, Perlita..."
Ella tragó saliva y volvió a mirar al frente.
Estaban los tres frente a ella,cada uno con sus celulares como siempre…
¿Quién diablos era?
El sol brillaba alto cuando llegaron al parque de diversiones. El lugar estaba lleno de familias, adolescentes y grupos de amigos, todos repartidos entre las coloridas atracciones, los puestos de comida y los gritos que salían desde los juegos mecánicos más extremos.
—Esto se ve mejor de lo que esperaba —dijo Maya, sacándose las gafas de sol para mirar un carrusel de dos pisos con luces parpadeantes.
—¿Por dónde empezamos? —preguntó Alan, girando sobre sí mismo como niño en juguetería.
—Yo voto por los carritos chocones —dijo Lana con una sonrisa perezosa.
—La rueda gigante se ve brutal —añadió Rubén, señalando al fondo.
—¿Y esa? —Andrés apuntó una estructura oscura y tenebrosa con telarañas falsas colgando de la entrada. El cartel decía en letras rojas: La Mansión de los Condenados.
—Ni locaaaa —dijo Lana retrocediendo un paso con una expresión teatral de horror—. Paso. Gracias.
—Yo tampoco, gracias —añadió Maya, cruzándose de brazos—. Ya tengo suficiente con los traumas de infancia.
—Vamos, solo son actores y efectos especiales —insistió Andrés.
—Sí, puro humo, luces y un tipo con motosierra de juguete —agregó Rubén.
—Bueno, si es tan tonto, vayan ustedes —dijo Maya, dándoles la espalda.
—¡Perla! —llamó Alan, girándose hacia ella con una sonrisa de niño travieso—. ¿Tú sí vas, cierto?
Ella dudó.
—¿Yo? No sé…
—¡Vamos! —Andrés la rodeó con un brazo, acercándose mucho—. Prometo protegerte.
—Y yo gritaré más que tú, así no te sentirás sola —bromeó Rubén.
—Además —añadió Alan, inclinándose para susurrarle—, dicen que las chicas valientes se ven aún más atractivas cuando se asustan…
Perla rodó los ojos, pero una sonrisa se le escapó. Aun así, su mente estaba lejos: uno de ellos podía ser LordBlackthorn. ¿No sería una oportunidad para observarlos mejor? Estar en la oscuridad, escuchar sus voces, ver cómo actuaban cuando no sabían que estaban siendo analizados…
—Está bien —dijo finalmente—. Pero si uno de ustedes me deja sola adentro, se muere.
—¡Esoooo! —celebraron los tres, dándose palmadas entre ellos como si hubieran ganado una apuesta.
Maya y Lana la miraron con cara de "¿estás segura?", pero Perla solo les guiñó un ojo y se alejó con los chicos hacia la entrada oscura de la mansión embrujada.
Mientras caminaban hacia allí, el celular de Perla vibró.
Nuevo mensaje de: LordBlackthorn
"Te apuesto que vas a gritar… pero no por miedo."
Ella tragó saliva, disimulando su sobresalto.
Los tres chicos caminaban a su lado, bromeando como si nada.
¿Quién demonios era él?
Apenas cruzaron la entrada de la mansión embrujada, una niebla espesa los envolvió. Luces intermitentes parpadeaban desde las esquinas y un sonido gutural retumbaba en los parlantes ocultos. Al principio caminaban juntos, riéndose de los sustos fingidos y de los actores disfrazados que salían de entre las sombras, pero en cuestión de segundos, una cortina de humo más densa los dividió.
—¡Perla! —gritó Rubén.
—¡Aquí! —respondió ella, pero su voz pareció tragada por la oscuridad.
El sonido de pasos se alejó. Estaba sola. El aire estaba más frío allí dentro, húmedo y denso. Caminó a tientas por un pasillo con paredes acolchadas y luces rojas parpadeantes hasta llegar a una habitación completamente oscura.
—¿Hola? —susurró.
De repente, unos brazos fuertes la rodearon por detrás, pegándola contra un pecho firme. Iba a gritar, pero una voz distorsionada, masculina y susurrante, la heló.
—No grites, Perlita... soy yo, tu coeditor favorito.
El corazón le retumbó con fuerza. El hijo de puta le estaba hablando ahí, en persona. Usaba un modulador de voz para que no lo reconociera. Ella tragó saliva.
—¿Quién eres? —preguntó con la voz temblorosa.
—¿Por qué no preguntas mejor qué pienso hacer? ¿Qué fantasía te gustaría que te cumpliera?
—Deja de bromear…
Pero antes de que pudiera dar un paso atrás, él la acorraló contra la pared con su cuerpo. En medio de la oscuridad, sus labios la encontraron. El beso fue inesperado, rudo, y contra toda lógica... excitante. Perla intentó mover sus manos, pero él se las sujetó con una sola mano por encima de su cabeza, con facilidad.
—Oh, vamos, Perlita… disfrútalo —susurró antes de besarla de nuevo.
Y lo hizo. Su cuerpo reaccionaba con fuego a ese toque furtivo, a esa voz que no podía identificar pero que encendía sus pensamientos más secretos. La humedad entre sus piernas era prueba de ello. Estaba excitada. Mucho. Y no sabía si odiarse por ello.
Justo cuando pensaba que iba a derretirse entre sus brazos, se escucharon gritos a lo lejos. Él se separó, aunque aún podía sentir su respiración contra su cuello.
—Nos veremos pronto, Perlita… o mejor dicho, yo te veré pronto a ti.
Y desapareció.
Perla se dejó caer por la pared, temblando, con los labios hinchados y el cuerpo tenso. ¿Qué acababa de pasar? ¿Quién demonios era él?
Buscó en su bolsillo y sacó el celular. Con el flash de la linterna logró abrirse paso entre los pasillos falsos, esquivando sustos mecánicos y gritos grabados, hasta que por fin vio la luz de la salida.
Afuera, los cinco la esperaban con caras preocupadas.
—¡Perla! —gritó Maya al verla salir—. ¿Estás bien?
—Te buscamos —dijo Alan—. Nos separaron por completo y no te veíamos por ningún lado.
—¡Lo siento! Fue mi idea venir aquí —dijo Andrés, bajando la mirada.
—¿Te asustaste demasiado? —preguntó Maya, alzando una ceja.
—Sólo un poco… ¿por qué? —respondió Perla, intentando sonar natural.
—Estás roja, Perla —dijo Lana, entrecerrando los ojos.
Ella se cubrió el rostro con las manos al instante, sintiendo el ardor en sus mejillas y recordando los besos, el agarre, la voz… Todo.
Al bajar las manos, notó que los tres chicos la miraban fijamente. Cada uno con una expresión distinta: Rubén parecía confundido, Alan curioso, y Andrés… ¿?
Perla tragó saliva.
Uno de ustedes fue... uno de ustedes me besó como nadie antes pensó perla.