Mis párpados pesan, la luz se vuelve mi único campo de visión que se encuentra borrosa, puedo sentir como late mi cabeza al igual que mi corazón, sólo hay silencio y eso me asusta. Mis ojos se abren por completo y de esa forma que me doy cuenta en dónde estoy. Mi respiración es lenta, el aire que respiro es frío, llegando a irritarme la nariz. La punta de mi lengua acaricia mis labios e intento alzar mi mano, pero una pequeña punzada me lo impide. Oh, hay una aguja en mi vena. Trago saliva y observo el interior de la habitación. Un hospital. Eso desde ya me ha quedado en claro. No hay nadie conmigo, solo soy yo y ese pequeño sofá gris a mi lado derecho. Intento incorporarme en la camilla y, con mi otra mano libre, tallo mi frente. —Joder —maldigo en voz alta. Me duele la puta cabe

