Veinte minutos, veinte años . . . No habìa nieve. No caía nada del cielo, nada blanco cubrìa el suelo y los únicos muñecos que podía ver eran los rellenos de aire, que parecían saludar a los automovilistas que ni siquiera volteaban a mirarlos. El hemisferio sur tiene esa temperatura que dista de la que intentan convencer que debe acompañar a la navidad y sin embargo, Cecilia, la disfrutaba más que nada en su vida. El mes de diciembre, per se, lograba ponerla de buen humor. Había terminado sus pruebas más temprano que de costumbre y había decidido salir antes del laboratorio. Al fin y al cabo ya era diciembre, pensó con entusiasmo, el mismo que solía vestir cada día, porque así era más sencillo. De haber mostrado en su rostro lo que sentìa su corazòn, la gente continuarìa mirándola co
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