10 años atrás
Cuando un final es anunciado sin posibilidades de cambiarlo, solo queda esperar y eso es lo que les había pasado a Milo, Lola y Nino.
Charly había enfermado, no lo había querido decir hasta que se volvió evidente. Ella había sonreido siempre, había disfrutado de la vida, había viajado, había tomado fotografías le había hecho el amor al hombre que amaba todas las veces que así lo había deseado, convirtiendo cada encuentro en una fascinación absoluta, apoderándose de su piel, de sus cicatrices, de sus signos del tiempo, encontrandolo más hermoso cada vez.
Charly había escogido el silencio para no molestar, porque siempre se las había arreglado sola, había ocultado su pesar, su dolor, su temor, manteniéndose en el sendero de la alegría que siempre la había movilizado. Abrazando a su pequeño por las noches, llorando en silencio en el cuarto de baño y deseando que la medicina no se hubiera enseñado con ella de esa manera.
Pero entonces los signos se habían vuelto imposibles de ocultar. Había adelgazado, había comenzado a perder el cabello y estaba exhausta. Ya nada había tenido retorno.
Ni el enojo al principio, ni la frustración, ni la tristeza podían cambiar el destino y por eso solo una cosa había quedado por hacer. Acompañarla de la misma forma que ella había vivido, buscando el lado hermoso de la vida.
Como llevaban haciendo los últimos diez años, los amigos, siguieron juntos, con la misma intensidad y el mismo amor. Intentando exprimir los momentos, obteniendo más y más recuerdos, tejiendo notas en el aire, convirtiendo la tristeza en risas, porque así lo quería ella, y si ella así lo quería, era lo mínimo que podían hacer.
Pero, a pesar de los esfuerzos, había llegado el final. Y aunque había sido advertido, dolió mucho más de lo que habían imaginado.
La casa de Milo se había convertido en una exposición de todas las fotos que Charly había tomado en su vida, el silencio resonaba en las paredes blancas radiantes y las lágrimas bañaban el suelo brillante para convertir a las flores blancas en una señal inequívoca de despedida.
-¿Por qué no dejaste que me dijeran?- dijo León, al dar con Lola, por fin luego de un largo año en el que habían perdido el contacto.
Lola le había suplicado a Emma que no le contara, si él había elegido irse, no quería que regresara por lástima. Era fuerte como su madre, no lo necesitaba, no lo había necesitado desde que se había marchado, aunque sí lo había extrañado y por eso, al volver verlo, se olvidó de todo para volver a dejarse caer en sus brazos y derramar las lágrimas que parecían no tener fin.
-¿Por qué duele tanto?- le preguntó entre lágrimas y león la abrazó más fuerte.
-Debería haber estado acá, deberías haberme dicho, Lol.- repetía a su oído y ella seguía llorando.
-Sos libre León, sos un hombre libre como queres. Podías hacer lo que desearas y elegiste irte.- le dijo arrepintiéndose al instante. No quería reprocharle, no tenía derecho a hacerlo, no ahora que todo había adquirido una nueva perspectiva.
-No me digas eso, yo no sabía que Charly estaba enferma, no me dijeron nada, si no hubiera corrido hasta acá.- le dijo entre impotente y enojado.
-Ya no importa, en serio, no hubiera cambiado el destino, ella estaba condenada y como siempre fue tan grande, eligió darnos los mejores años de su vida, para que la recordemos sonriendo, tomando fotos, amándonos.- respondió secando las lágrimas con el dorso de su mano, mientras se alejaba un poco de la multitud para caminar hacia el jardín trasero.
-Esperá, Lol, claro que importa, a mi me importa. Te quiero, no me gusta no haberte podido acompañar.- le confesó intentando ordenar sus propias frustraciones.
Se habia ido, habia aceptado que era lo mejor, confiado en que ella lo entendería, pero ahora sabia que la habia lastimado, que habia sido un tonto y lo que era peor, que ahora era demasiado tarde.
Lola se detuvo y lo miró arrugando sus labios, aunque deseaba que todo volviera a ser como antes, ahora sabía que no podía.
-No te sientas mal, león. Es la vida, hacemos elecciones y tenemos que vivir con ellas. Como mi mamá, que nos robó la posibilidad de luchar junto a ella, de buscar opciones, de ilusionarnos con un final diferente. Se lo guardó todo, y aunque me enoje, no puedo culparla. Ella siempre sufrió conmigo y nunca me lo hizo notar, ¿que podía esperar si no esta heroica forma de enfrentar la adversidad? Y si te digo la verdad, la admiro. Admiro su valentía, su fortaleza, su corazón. Porque mirando atrás sólo puedo recordarla con una sonrisa y eso es hermoso. - le dijo sorbiendo su nariz para volver a caminar más lentamente hacia el jardín.
-Siempre me encantó la forma de ser de Charly, supongo que por eso me gustas tanto vos.- le dijo y ella volvió a detenerse para enfrentar sus ojos.
-No hagamos esto. - lo detuvo y él abrió grande sus ojos.
-¿Qué cosa?- le preguntó sin terminar de entenderla.
-Esto. Nosotros. Ahora la que necesita alejarse soy yo. Necesito poner distancia porque Buenos Aires me duele demasiado. Voy a recorrer el mundo, voy a sacar todas las fotos que mi mamá hubiese querido, voy a construir nuevos recuerdos, porque mi vida como la conocía no puede ser más.- le dijo volviendo a liberar sus lágrimas.
Era el momento más triste de su vida y no tenía fuerzas para soportar más pesar. Una vez la había rechazado y una vez era suficiente. No le mentía, necesitaba tomar distancia y aunque su corazón aun palpitaba por él, aunque aún pudiera sentir su roce sobre su piel, aunque perdurará en sus labios el sabor de sus besos, sabía que no la elegía, no lo había hecho un año atrás, no quería que lo hiciera porque estaba triste ahora.
León la miró devastado. Si antes había sospechado que dejarla había sido un error, ahora estaba totalmente convencido. Pero era tan cobarde que no sabía cómo remediarlo, no cuando esos ojos lloraban tan tristes, no cuando la había lastimado, no cuando la seguía amando y no se animaba a confesarselo.
Por eso sólo pudo volver a abrazarla.
-Hace lo que tengas que hacer. Solo espero que seas muy feliz.- le dijo al oído, con los ojos cerrados y el corazón desbordado, porque en ese momento tuvo la certeza de que había perdido al amor de su vida y todo había sido su culpa