Así bajé en la fiesta. Estacionamos donde pudimos. Pablo me miró mientras caminábamos hasta la entrada y me dijo: —Hoy estás más linda que nunca. Rosario le dio un beso y me sonrió. —Es verdad, amiga. —Gracias—sentí que me incendiaba. Si además de tratar muy bien a tus amigas, los novios te tratan bien a vos, es todo. Lo que es la casa de ese pibe. Y ni siquiera es la casa, es la casa de fin de semana. Megacasa. Y nosotros con unas bebidas en una bolsa de supermercado. No hacían nada de falta pero él, que estaba. recibiendo gente en la puerta, nos agradeció mientras nos pedía que pasáramos directo al jardín. La música sonaba bien fuerte. Rodeamos la casa, y al final de la casa, la fiesta. Antorchas rodando el perímetro, iluminándolo todo. Una pileta en un extremo. Mi cara y l

