Ese momento fue todo real. Real. Tangible. Como la mano que sentí en mi cintura. Giré sobresaltada y atrás mío estaba León. Igual de real, igual de tangible. Me miró. Tenía puesta una remera de mangas cortas, como si las hubiera recortado, casi musculosa, blanca. Su cara seria, su frente ancha, los ojos hundidos, la nariz recta y los labios llenos. Y no decía nada. Me miraba. Hubo una pausa en la música y de repente sonó algo que yo no conocía, pero fue como si eyectaran a todos del suelo. Empezaron a saltar alrededor nuestro. Solo nosotros permanecíamos quietos, enraizados. León me seguía mirando y empezó a sonreír lentamente. Como en cámara lenta, como si se relantizara todo. Yo también. Dio un paso hasta mí, me agarró la cara con sus manos y me besó en la boca de una. Solo un be

