Owen se permitió acariciarle la mejilla, la vio cerrar los ojos ante su toque y todo el cuerpo le tembló. Si Lizzy supiera la verdadera naturaleza de sus sentimientos, estaba completamente seguro que no le permitiría acercarse tanto. —Gracias, Owen —murmuró Lizzy abriendo sus preciosos ojos color miel. El magnate estaba tan acostumbrado a verse en los ojos grises como el metal que ver su color natural ahora, le resultó maravilloso y deseó que no tuviera que esconderse más—. Eres un gran hombre, mis padres jamás se equivocaron al confiar en ti —musitó. Owen cerró los ojos y cortó la visión perfecta que tenía del rostro de Lizzy, pero el toque en su mejilla fue demasiado. —Gracias por cuidarme tanto, Owen. Tú has sido mi luz en medio de tanta oscuridad, mi ancla a la vida. Eres como un pa

