Carson no tenían ni una jodida idea de cómo llegaron a casa. Lo último que recordaba era un beso fogoso frente al restaurante. Su intención había sido despedirse de Lizzy y volver a la oficina, pero en su lugar, se las había arreglado para conducir hasta su casa. Un temblor le recorrió el cuerpo, su cerebro no podía pensar cada vez que tenía a Lizzy entre sus brazos. Nada era más importante en el mundo para él, que tener su boca aferrada a la suya y el calor de su pasión. Algo de lo que se había privado desde que perdió a Felicity. Sin embargo, la boca y el cuerpo de Lizzy despertaban un fiero deseo. Anhelaba tanto poseerla, marcarla como suya y quedarse en su interior para siempre. Carson dejó de pensar cuando la mano de Lizzy le acarició el pene por encima del pantalón. Un gruñido ab

