Cuando Leane despertó, ella miró a Arthur dormido a su lado. Ella se apoyaba en su abdomen mientras él descansaba sentado. “Pero qué demonios, al parecer este hombre es peor que los piojos. Aunque bueno, tengo que admitir que incluso cuando duerme es capaz de verse bien.” Leane sacudió su cabeza y se levantó de la cama, decidió ponerle una frazada y lo acostó con normalidad. Ella, al salir de la especie de cuarto, se encontró a la azafata ordenando unas cosas. —Señora Reed —ella la saludó con amabilidad —¿Se le ofrece algo? —Necesito agua, tengo mucha sed —la azafata se dio la vuelta y le entregó un vaso con agua fría —. Gracias, por cierto, Arthur se encuentra dormido, así que no hay que hacer mucho ruido. —Es increíble, jamás imaginé que el señor Reed tuviera una esposa. Pero al ver

