Leane entró al juzgado y la guio a la oficina, la misma mujer que le había dado el soborno. Ellas llegaron donde la jueza y al lado de la mujer se encontraba una trabajadora que tenía lista la máquina para escribir. —Su señoría —Leane saludó con amabilidad y le extendió una carpeta —aquí tiene las formas llenas. —Muy bien —ella tomó el documento —basándose en su petición, usted quiere la anulación porque el señor Reed es homosexual e incapaz de consumar el matrimonio. —¿Es en serio? —Arthur miró a Leane —no puedo creer que seas capaz de inventar esas cosas, sabes bien que no soy homosexual y que consumamos el matrimonio a la perfección, por si no lo recuerdas. —No, no lo recuerdo —Leane lo fulminó con la mirada —además, ya has firmado los papeles y sabes bien que quieres esta anulación

