Arthur levantó a Alfonso y lo hizo firmar con una pluma electrónica que siempre cargaba en su bolsillo. Aquel hombre que estaba un tanto aturdido, firmó el documento y después de eso extendió su mano. —Dame el dinero que prometiste —él movió los dedos de la mano que tenía buena —apresúrate, necesito ir al hospital. —¿Sabe? —él guardó su chequera —realmente estaba dispuesto a darle todo el dinero de un solo tajo, pero dado que habló mal de dos mujeres que son tan importantes para mí es que he decidido cambiar de opinión. —¡No me puedes hacer esto! —él escupió sangre mezclada con saliva y esto le llegó a Arthur —¡Hemos hecho un trato! —No le he dicho que no le voy a dar el dinero, claro que se lo daré. Pero va a ser en abonos que recibirá mensualmente —él sacó su cartera —aquí tiene 10 d

