Arthur respiró profundamente y masajeó el puente de su nariz, tenía que buscar de dónde sacar paciencia para poder lidiar con esa mujer. —Eres una amargada, a este paso nadie te va a querer como esposa —él la miró con fastidio —hasta el más paciente le acabas la paciencia. —Pues prefiero morirme soltera a estar con un cavernícola como tú. Es más, ni siquiera quiero compartir el elevador con una bestia de tu porte. Leane detuvo el elevador y se bajó, miró las escaleras, así que comenzó a bajar. —¡Leane, deja de ser tan infantil! —Arthur la seguía —¡Son 30 pisos los que tienes que bajar! No puedes hacer esto. —¡Pues quiero que me mires! —Ella comenzó a bajar más rápido —¡No me sigas! Eres un maldito acosador. Leane puso mal su tacón y por poco se cae de no ser porque Arthur la sostuvo

