: c a c h i t o s

1036 Words
¿El dolor de perder algo que amas que lo puede curar? ¿Qué es lo que cura el sabor amargo de la garganta? ERICK CAPÍTULO 9 El gato viejo que se encontraba siendo atendido, ese gato era de su padre, el cual falleció hace tiempo atrás, en un asalto, creo que eso fue una de las mayores cosas que trajo el dolor a la vida de Sabrina, pero aun así se mantenía mostrando una fuerza que seguramente no tenía, por su hermana y por su madre. El gato era viejo y sabía que si Milo seguía sobreviviendo… De igual modo no tardaría demasiado tiempo en irse, era un gato bastante viejo. —Sabrina, ¿No quieres ir a dormir? Luces bastante cansadas—, Le dije a lo que ella negó con los ojos llorosos—, Te prometo que cualquier cosa te llamaré. —Quiero quedarme aquí—, Dijo con un hilo de voz—, Es lo único que me queda de papá, no tengo nada más, no quiero que le pase nada. Por primera vez, al verla tan frágil, me sentí mal por ella, demasiado mal, le abracé y ella cayó en llanto, era cómo si la persona que alguna vez conocí, se hubiera esfumado. No podía pensar en que el gato se muriera, de pasar así, todo lo que sentía Sabrina, sería un desastre para ella, me sentía mal por ella, para ser honestos. —Todo va a estar bien—, No lo estaría. La edad del gato era demasiado vieja, literalmente… Tenía ya bastante con él, estaba un poco enfermo y… A pesar de ello, no podía imaginar el dolor que ella debía de sentir. Ella estaba mirando hacía la nada, yo pasaba mi mano por su cabello, y ella se mantenía quieta, miré la historia que habría subido de ella tocando en el centro de la ciudad, se miraba bonita. ¿En qué estaba pensando? —Señorita Donnut, ¿Puede venir un segundo? —, Le preguntó, ella asintió y terminó por caminar en su dirección. No alcancé a escuchar claramente lo que le dijo, pero Sabrina parecía intentar negar una y otra vez, caminé hacía ella, y miré al doctor. —Lo más sensato es que lo durmamos, no pasara de un día o dos y sufrirá, es lo mejor para el gato—, Prometió el doctor, miré a Sabrina, lloraba desconsolada, pase las manos por su cabello. —No quiero—, Jadeo, a lo que le tome del rostro—, Erick no quiero, de verdad no quiero. —Sabrina, es lo mejor para Milo, sino solo sufrirá—, Le intente convencer, ella soltó un jadeo y negó de nuevo una y otra vez, parecía querer intentar mantener la cordura, pero no podía—, Sabrina, es para que no sufra. —Ella limpio su rostro y asintió, pero parecía querer seguir con su decisión de decir que no, era obvio que no quería hacerlo, era obvio que eso le causaba más de lo que ella quisiera admitir. —Pase, para que se despida—, Le dijo el doctor, ella así lo hizo, pensé en quedarme fuera, porque era algo privado… Pero no quería dejarla ahí, sufriendo sola, no quería que ella sufriera, no quería verla llorar, verla así me hacía sentir mal. Ella se agacho un poco y comenzó a pasar su mano por su pelaje, diciendo que lo amaba, se lo repetía una y otra vez, que lo amaba demasiado. No lo soltó cuando comenzaron a introducirle el liquido que le daría el final a su vida, no lo soltó, hasta que el doctor dijo que él, habría muerto. Sabrina se quebró en llanto, cómo una niña pequeña, su mano temblaba ligeramente y por más que intentaba sujetar aire, no podía, estaba herida, demasiado herida. —Ven—, Le dije, abrazándola. Ella se quedó así. Llorando. Lastimada. Ella parecía sentir que todo el mundo se le venía abajo, durante el camino, ella no dijo ni una sola palabra, cómo si temiera que, al abrir la boca, ella terminará llorando, o algo parecido, podía verla mirar por el cristal y limpiar sus ojos una y otra vez, parecía intentar tomar fuerzas, pero estas no le llegaban al cuerpo. SABRINA Perder a Milo, creo que eso era algo que tendría que pasar, pero no estaba lista, quería intentar dejar de llorar, pero no podía, es decir, habría pasado la mayor parte del tiempo con él, habría sido muy feliz con él. El gato era de mi padre, bueno, lo adopto cuando yo era una niña, me vio entusiasmada y dijo que era suyo, pero que también sería mío, eso me causaba ternura. Cada que extrañaba a Papá, parecía que Milo lo notaba, porque se acercaba a mí y no se alejaba ni por un solo segundo, cada momento de mi vida, lo pase con él, Milo era todo mi universo. Ahora que él se habría ido, sentía que todo se sentía quebrantado, sentía que, de cierto modo, habría perdido a mi mejor amigo, al mejor amigo de papá y mío, yo amaba a ese gato, de verdad lo amaba. Después de eso no recuerdo muy bien cómo llegué a casa, mi cabeza se sentía en miles de pensamientos diferentes, se sentía cómo si todo fuera… Diferente. Cuando entré a la habitación y el no estuvo ahí, entendí todo, no lo estaría de nuevo. Me recosté en la cama y miré hacía el techo. Supongo que a veces ese tipo de cosas pasaban, pero se sentía cómo una mierda y eso en realidad me jodía. El pensamiento de la gira ya no me emocionaba tanto, Erick tocó la puerta y se adentró. —¿Estás bien? —Sí—, Dije con un hilo de voz—, Solo…. Olvídalo, sí, lo estoy. El me miró, parecía querer decirme algo, pero no lo hizo, miré cómo cerró la puerta, yo me giré y las lagrimas salieron de mis ojos de nuevo. Dicen que la vida es algo curioso, en tu vida hay cachitos de personas, de lugares, momentos, compañeros, me habrían quitado ese cachito, me habrían quitado a mi mejor amigo.
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