Como pude, terminé de enjuagar mi cabello y salí del baño con un poco de mal humor por no poder prolongar el largo baño que tenía planificado para relajarme. Sequé mi cabello y me tiré en la cama pensando en Everett Kolt y en lo que había pasado allá afuera. ¡Carajo, qué buenísimo estaba el tipo! Pero esas cicatrices, ¿de qué eran? Mi loca imaginación voló pensando que tal vez practicaba b**m y que su rol era ser sumiso. Me reí solo de imaginar cómo lo golpeaban y creo que hasta lo disfruté, pero no en el sentido s****l, más bien en el sentido de disfrutar cómo alguien podía moler a golpes al imbécil de mi jefe. Estaba perdida entre mis pensamientos, con una sonrisa más amplia que la del gato de Cheshire en Alicia en el país de las maravillas, imaginándome a alguien cascando a palos a Ko

