Ya en su vehículo, a pesar de estar en un coche que no era el mío, el ambiente parecía cargado de recuerdos de la noche anterior, cada kilómetro un recordatorio de la fragilidad de todo lo que creía tener bajo control. Durante el trayecto, el silencio en el auto se hizo casi insoportable. Miraba por la ventanilla, pero no podía dejar de sentir que cada semáforo en rojo me ofrecía una oportunidad para reflexionar sobre la extraña relación que se había instaurado entre Kolt y yo. Finalmente, llegamos al edificio de oficinas. Kolt se ofreció a acompañarme hasta la mía, y mientras caminábamos por el vestíbulo, sus manos rozaron las mías. La sensación fue eléctrica, y a pesar de mi confusión, sentí un cosquilleo que me recorrió la piel. Intenté apartar la mano sin herir sus sentimientos, per

