De regreso a mi oficina, Zara me llamó. Había olvidado por completo el almuerzo con ella y, aunque no tenía ganas de salir, accedí porque necesitaba un poco de aire. —Hola, Zanahoria, en veinte minutos estoy en tu trabajo. —Te espero. ¿A dónde iremos? —¿Hay algún lugar al que quieras ir? —Yo necesito un poco de aire, así que, si vamos a un lugar que tenga mesas, no lo sé, en el jardín, sería maravilloso. —Tengo el lugar perfecto. Te encantará. —Gracias, Zara, nos vemos —dije, cortando la llamada. Terminé de revisar algunos pendientes que tenía algo atrasados gracias al viaje, y cuando me di cuenta, Zara ya me estaba llamando para que bajara. No era algo común que yo saliera a la hora del almuerzo, por lo que, cuando rostros conocidos me vieron pasar, quedaron un poco extrañados. Y,

