Empezemos de nuevo

1236 Words
― Es obvio que estás sufriendo Guillermo ― le dijo Salomé tratando de ayudarlo, pero él solo trataba de alejarse, pero ella no lo dejaba, le agarraba su mano en señal que a pesar de todo ella lo apoyara. Guillermo no le dijo nada, no quería decir que de verdad estaba sufriendo, que necesitaba ayuda, su orgullo podía más que nada, sin embargo, la miro a los ojos. ― ¿Por qué eres así? ― preguntaba Guillermo un tanto desconcertado, no entendía por qué Salomé era buena si él no se lo merecía. ― ¿Así cómo? ― pregunto un tanto confundida. ― Así tan buena conmigo, te trato mal, siempre yo te doy asco, no entiendo por qué me tratas tan bien, no lo entiendo ― respondió Guillermo, más confundida que nunca. ― No podría odiarte en el fondo, sé que estás sufriendo ― le dijo Salomé tratando de sonreír, pero para él no era respuesta válida. ― Si tan solo me dejaras acercarme ― hablo Salomé haciendo que él negara con la cabeza. ― No podrías entenderme, no podrías saber el dolor que he tenido por dentro ― le dijo Guillermo negando con la cabeza. ― Te entiendo más de lo que crees ― le hablo Salomé tomando su mano, pero por extraño que pareciera el no quito su mano, por el contrario, él por primera vez en su vida se estaba dejando ayudar. Por otro lado, sus padres estaban tranquilos, pues pensaban que Salomé era la indicada para Guillermo después de todo lo que había sufrido a él le hacía bien una compañía. ― ¿Crees que Salomé sea buena para mi hijo? ― pregunto Clara un tanto desconcertada. ― Salomé es la indicada, lo vi en sus ojos, estaba preocupada por el cuándo estaba en el hospital, yo sé que este matrimonio hará que él vuelva a la vida ― le dijo Miguel tratando de sonreír, él estaba seguro de que él iba a volver a la vida tarde o temprano. ― Ojalá tengas razón ― hablo Clara tratando de sonreír poniendo su cabeza en su hombro. Los días pasaron, al parecer la relación entre Salomé y Guillermo iba prosperando poco a poco, ya no peleaban, ya no se insultaban, una tarde ella entró al estudio haciendo que él levemente sonriera. ― Hola Salomé, que se te ofrece ― hablo Guillermo, tratando de sonreír. ― Me preguntaba si quieres ir a un día de campo con tu hija y conmigo creo que te hará bien distraerte ― le dijo Salomé haciendo que él solo la mirara. ― Ve tú con ella, yo tengo trabajo ― dijo Guillermo tratando de negarse. ― Por favor, Guillermo, siempre te la pasas metido en estas cuatro paredes ― le dijo Salomé haciendo que él agachara la mirada. ― De verdad no quisiera salir ― hablo Guillermo haciendo que ella le tomara de la mano haciendo que él se sintiera un poco incómodo. Él la quiso retirar al instante, pero Salomé lo sostiene firmemente como si le dijera que ella estaría con el pase, lo que pase con mucha cautela lo ayuda a salir de ese escondite el cual él estaba empeñado en salir, Guillermo no decía nada solo tenía la cabeza agachada desde que había muerto su esposa él no volvió a vivir con plenitud encerrándose en las 4 paredes de su estudio y por primera vez él estaba volviendo a salir a tomar aire puro. ― Esta vez confía en mí ― dijo Salomé, arrodillándose tomando su mano y acariciando su rostro. Guillermo solo asiente por primera vez no protestaba, era como si de verdad quisiera llevarse bien con Salomé o mejor dicho que este matrimonio funcionara, subieron al carro, la niña le tenía miedo, sin embargo, le dio un beso en la mejilla ocasionando que él sonriera. En todo el camino él no hablaba, trataba de mostrar que él también podía dar afecto tomando de la mano a Salomé y abrazando a su pequeña que no tenía culpa de nada, al llegar al parque ella lo ayuda a sentarse en el pasto pasando un día en familia después de dos años él se sentía como en familia como si Dios le regresara a lo que él siempre quiso su familia poniéndolo a su lado una buena mujer compañera quien a pesar de que quiso odiarlo una parte de ella lo quería. Por otro lado, Rafael se estaba sintiendo vivo de nuevo al conocer a Isabella, hubo algo en el que de verdad le hacía sentir bien, dándose la oportunidad en el amor que de verdad podía volver a amar. ― Gracias por todo ― hablo Isabella sonriendo. ― ¿Por qué las gracias? ― pregunto Rafael besando su mano. ― Por ser como eres te quiero Rafael te quiero ― respondió Isabella haciendo que él besara su mano... Pasando un momento agradable, una linda cena a la luz de las velas cuando de pronto Alexander aparece sorprendiendo a Isabella. ― Por Dios Alexander ― hablo Isabella al encontrarse con su expareja. ― ¿Quién es Alexander? ― preguntaba Rafael sorprendiéndose un poco. Isabella iba a hablar cuando Alexander la interrumpe sonriendo un tanto cínico. ― Soy su esposo ― hablo Alexander haciendo que ella se pusiera de pie. ― ¿Mi esposo? Te recuerdo que tú me pediste el divorcio ¿Recuerdas? ― hablo Isabella enojada. ― Yo seré tu esposo hasta que a mí se me dé la gana ¿Entiendes? ― dijo Alexander tratando de acariciar su mejilla haciendo que ella se soltara bruscamente. ― Nunca ¿Me escuchaste? Vete de mi vida, no eres bienvenido aquí ― le dijo Isabella haciendo que Alexander quisiera tomarla con fuerza del brazo haciendo que Rafael se pusiera de pie. ― Creo que te dijo que la dejaras tranquila ― dijo Rafael encarando a Alexander. ― Usted que se mete viejo ― respondió Alexander furioso. ― Me meto porque quiero no voy a permitir que ofendas a Isabella, ella tiene quien la defienda ― hablo Rafael defendiendo a Isabella, por lo que Alexander negara con la cabeza sonriendo. ― Por favor que me hará un viejo como usted ― hablo Alexander burlándose, por lo que Rafael le da un golpe en la cara haciendo que Isabella se pusiera de pie deteniendo a Rafael. ― No te metas Rafael, no eres como él ― hablo Isabella sosteniéndolo del brazo. ― Aléjate de mi novia ― hablo Rafael, mientras que Isabella solo lo sostenía del brazo tratando de que él ya no se peleara más. Mientras que Guillermo por primera vez disfrutaba en el parque al lado de su hija y de Salomé que preparaba emparedados para ellos, él solo la miraba con ternura, se miraba dulce cuidando de la niña y de él. ― Gracias ― hablo Guillermo tomando de su vaso donde contenía un poco de refresco. ― No hay de que Guillermo ― respondió Salomé sonriendo un poco. ― Creo que merecemos empezar de nuevo, ¿No crees? ― hablo Guillermo tratando de sonreír. ― Me parece justo Guillermo, después de todo no creo que seas una persona desagradable ― hablo Salomé sonriendo un poco. ― ¿Amigos? ― pregunto Guillermo extendiendo su mano, por lo que ella toma su mano, apareciendo entre ellos una corriente mirándose fijamente, pues por primera vez Guillermo estaba siendo feliz olvidándose del dolor que le había estado atormentando.
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