El sol estaba más alto de lo que sentía, Adriel estiró la mano y tomó su celular, pasaban del mediodía. El castaño sacó a su amigo de encima y se desperezó, se levantó de la cama y salió de la habitación, afuera se encontró con su hermana.
—Mamá llegó hace un rato. Le di algo de comer y ahora está descansando— le dijo Lira—. Dame tus ropas sucias, echaré a lavar.
—¿Ya comieron?— le preguntó Adriel.
—Estoy terminando de hacer el almuerzo. ¿Saldrás?— le preguntó su hermana.
—Iré con Inder a ver un trabajo. Algo que nos dé más dinero— le dijo Adriel—. Me enteré que Margi trabajará con sus sobrinos, así que necesito buscar un nuevo trabajo.
Lira miró a su hermano y le regaló una tierna sonrisa.
—Bien, coman primero y luego vayan a buscar empleo— le dijo la chica bajando al primer piso.
Adriel se devolvió a su habitación y fue directo a despertar a su amigo.
—Arriba Inder. Vamos a bañarnos y almorcemos antes de salir— le dijo el castaño.
El pelirrojo se desperezó y abrió los ojos.
—Iré a darme un baño— le dijo Adriel—. Lira está terminando de hacer el almuerzo.
—¿Y tú madre ya llegó?— preguntó Inder mientras se restregaba los ojos.
—Sí, ella descansa— le sonrió el castaño. Luego tomó su toalla y salió de la habitación hacia el baño.
Después de darse una ducha y almorzar, ambos chicos salían de la casa de Adriel y se dirigían a la dirección que tenía anotado Inder en su celular. Un taxi los llevó hasta las afueras de la ciudad, lugar donde estaban las mansiones y la parte más rica. Era como una lugar aparte en la misma ciudad, todo se veía tan pulcro y limpio.
Se bajaron y continuaron a pie, Adriel miraba los alrededores sorprendido por la diferencia de clase social. Era increíble como podía haber gente que viviera igual que en los cuentos de hadas.
—¿Sabes exactamente donde es?— le preguntó el castaño a su amigo.
—Según la dirección que me envió mi amigo estamos cerca— Inder miró y dio con tan magnífico casino, se leía con enormes letras doradas "Dollar"—. Es ahí.
Cruzaron la calle y con algo de incertidumbre entraron al lujoso lugar. Unas mujeres jóvenes le daban la bienvenida, a su alrededor habían máquinas y demases. Las luces le daban el aspecto de Las Vegas.
—¿Se les ofrece algo?— preguntó una de las mujeres.
—Tal vez un juego especial— sonrió la otra chica.
—No— le dijo Inder con amabilidad—. Hemos venido para ver si podemos trabajar en Bastet.
Las mujeres se quedaron mirando.
—¿Quién te habló de Bastet?— preguntó la primera mujer.
—Un amigo trabaja en la barra y me dijo que necesitaban gente— le dijo Inder.
—¿Qué edad tienen?— les preguntó la segunda chica.
—Tenemos veinte años— les dijo Adriel.
Ambas se miraron, la de cabellos más oscuro salió de detrás del mostrador y guió a los chicos hacia un pasillo al fondo. Una puerta roja estaba frente a ellos.
—Pegasus— dijo la chica, la puerta se abrió—. Pasen.
Algo desconfiado Adriel entró primero seguido por Inder, avanzaron por un pasillo sintiendo la puerta cerrarse tras de ellos.
—Carajo— dijo el castaño.
—Vamos, sigamos avanzando— le dijo Inder tomándolo de una mano.
Al final del pasillo habían unas gruesas cortinas color escarlata. Al pasar por ellas vieron un enorme lugar. Era una gran sala que en medio tenía una pileta dorada con tres cisnes, habían varios sillones dorados y otros negros. Al fondo se veía un pasillo y unas escaleras, al otro lado estaba el escenario con un caño y una fina barra dispuesta.
—¿Quiénes son ustedes?— les preguntó una chica que llevaba una máscara dorada.
—Hola— la saludó Inder—. Veníamos por trabajo. Hay un amigo que me dijo que podía venir aquí.
—¡Inder!— un chico con máscara dorada se acercaba a los recién llegados.
—¿Mark?— dijo el pelirrojo mirándolo.
—¡Soy yo!— le dijo el chico dándole un abrazo.
Inder lo abrazó.
—Gina ve, yo los atenderé.
La chica se retiró del lugar, Adriel no pudo evitar mirar a la joven que llevaba un sostén dorado y un pequeño calzón del mismo color. Calzaba unos pequeños zapatos también dorados. Era como si todos fueran monedas de oro.
—Y bien chicos— les dijo Mark—. ¿Vamos con Madame Lebronch?.
Los chicos asintieron y siguieron al joven hacia una oficina que quedaba al fondo del lugar.
—Saben a lo que vienen, ¿cierto?— les preguntó Mark mientras avanzaban por un pasillo.
—No fuiste muy explícito en tus mensajes— le dijo Inder—. Pero logré descifrar gran parte de lo que aquí se hace.
—Les explicaré. Este es un club nocturno exclusivo sólo para hombres y mujeres de lujo, es decir gente de alto poder adquisitivo que vienen a desahogarse de su estrés. A los empleados no se nos permite sacarnos las máscaras, por lo que las atenciones se les dan siempre a rostro tapado— les dijo Mark.
—¿Qué tipos de atenciones?— le preguntó Adriel.
—Eso lo verán con ella— les dijo el chico. Golpeó la puerta de la oficina y luego abrió—. Entren— les dijo.
Adriel e Inder hicieron caso. Entraron a la oficina, cerraron.
—Vaya, es un placer conocerlos— les saludó una mujer con una enorme máscara de oro que le cubría la mitad del rostro, tenía unos labios con un llamativo color rojo—. Me llegó la información que ustedes querían trabajar en Bastet.
—Pues sí— le dijo Inder.
—Yo quería saber a que atenciones se refieren— le dijo Adriel interesado.
—Sexo, conversaciones, bailes, bondage, lo que pida el cliente. Ustedes sólo deben complacerlos y nunca revelar sus rostros— les dijo Madame Lebronch—. Los clientes pueden estar a rostro descubierto, así ellos se sienten libres. Nada sale de estas cuatro paredes y nada saldrá de ustedes. Esto es lo que ganarán a diario, y si hacen algo extra el dinero también será para ustedes— les extendió un documento en el cuál estaban las cifras escritas.
Adriel abrió los ojos como plato viendo la cantidad de ceros, era más de lo que sacaba al mes en su antiguo trabajo.
—¿Están de acuerdo con los términos?— les preguntó la mujer.
—¿Cuáles serán los horarios?— le dijo Inder.
—Tengo entendido que ustedes están en la universidad. Pueden tomar los horarios de la noche. El trabajo termina a medianoche— les dijo Madame Lebronch.
Los chicos se miraron, el problema que tenían era con la locomoción para volver a sus casas. Inder lo pensó por un momento.
—Bien, tomaremos los turnos de la tarde— le dijo el pelirrojo, Adriel lo quedó mirando.
Luego de firmar los papeles y dar sus tallas de ropas los chicos salieron de la oficina. Caminaron a la salida del lugar.
—Inder, no podemos tomar ese turno. No habrá autobús a esas horas— le dijo Adriel.
—Le pediré el auto prestado a mí madre. Ella no sale de casa y mí padre tiene el suyo. Le explicaré que encontré trabajo en un bar nocturno necesito movilizarme. Mi madre no querrá que a su hijo le suceda algo— le sonrió el pelirrojo.
Adriel lo rodeó por el cuello.
—Realmente estás loco.
Salieron del casino, que a esas horas estaba con algo de gente. Tomaron un autobús que los llevó de regreso a su casa. En el camino ambos iban pensando en sus cosas, Adriel realmente había quedado impactado con la cantidad de dinero que iba a recibir si hacía un buen trabajo. Lo único que chocaba con él era el tema de tener sexo con un hombre, no estaba preparado para ello, y para peor desconocía del tema por completo. Miraba a su amigo de reojos pues sentía que Inder algo le ocultaba.
—¿Dónde vamos ahora?— le preguntó Adriel al pelirrojo.
—Ahora iremos al centro para comprar algunas cosas que necesitamos— le dijo Inder con una sonrisa.
—¿Y dónde iremos a comprar exactamente?.
El pelirrojo miró a su amigo.
—Dijiste que no sabías del sexo entre hombres, y para serte sincero yo tampoco conozco mucho. Pero a diferencia de ti yo estuve averiguando, y ya sé que debemos hacer— le explicó Inder.
—¿Y qué sería?.
—Practicar— le sonrió su amigo.
Adriel se sintió algo avergonzado, a pesar que era su amigo quién se lo decía sinceramente no se imaginaba estando en la intimidad con él.
—No me mires así— le sonrió el pelirrojo—. No tendremos sexo.
Adriel se sintió algo tonto por pensar en eso, luego dirigió sus ojos a la ventana para distraerse con el paisaje.
Largos minutos pasaron hasta que finalmente llegaron a su destino. Se bajaron del bus en el centro de la ciudad, Adriel no sabía hacia donde se dirigían por lo que siguió a su amigo.
—¿Y qué se supone quieres comprar?.
—Mm, un par de cosas, esto y aquello, nada de otro mundo— le dijo Inder.
El castaño no quedó muy convencido con las compras que haría su amigo, pero no le quedó de otra que seguirlo hacia el centro comercial. Anduvieron por algunos negocios hasta que se detuvieron en el que necesitaban. Adriel miró hacia arriba viendo el local donde se estaban metiendo, un sexshop, al castaño se le salieron los ojos.
—¿Qué?, ¿estás loco?. Yo no entraré ahí— le dijo Adriel al pelirrojo.
—No entres— le dijo Inder con una pequeña sonrisa—. De todas maneras prefiero comprar esto solo.
—¿Por qué?— le preguntó el castaño cruzándose de brazos.
—Porque conociéndote, me harías un escándalo allá adentro. Así que espera aquí— le dijo Inder—. Yo ya regreso.
Sin decir más Adriel se sentó en una banca cerca del local para esperar a su amigo. Inder entró con toda confianza a comprar lo que necesitaba. Mientras aguardaba al pelirrojo, Adriel sacó su celular y comenzó a jugar. Pasaron algunos minutos hasta que finalmente su amigo salía de aquel negocio con varias bolsas en la mano. El castaño no quiso preguntar que era lo que había comprado, pero se notaba que había sido harto.
—¿Quieres ir a tomar un helado?— le preguntó Inder sacando de sus pensamientos a Adriel.
—¿Un helado?.
—Sí, hace calor, yo invito— le sonrió Inder—. Te ves tenso, ¿te sucede algo?.
—No es nada— sonrió el castaño.
Se dirigieron a una de las heladerías del centro comercial. Inder pidió los helados y se dispusieron a esperar a que los llamaran.
—Hola— saludaron de pronto.
Los chicos levantaron la vista viendo a Hans y Darío frente a ellos.
—Hola— les respondieron los otros dos.
—¿De paseo?— les preguntó Hans.
—Fin de semana de descanso— le sonrió Inder.
—Que bueno que no trabajaban hoy— les dijo Darío.
—En realidad ya no trabajaremos ahí— dijo Adriel—. La dueña finalizó el contrato.
—Es una pena que ya no nos veremos— le dijo Hans.
—¿Qué dices?— lo reprendió Darío—. Los chicos estudian en Panam, los veremos en clases.
—¡Oh es cierto!— sonrió su amigo—. Tengo tantas cosas en la cabeza que a veces olvido los detalles.
Los chicos sonrieron. En eso una de las señoritas llamó a Inder para darle los helados, el pelirrojo fue por ellos.
—Toma— le dio uno a su amigo.
—Gracias— dijo Adriel.
—Bien chicos, nos vemos en la universidad entonces— les dijo Hans—. Disfruten su fin de semana.
Los mayores se alejaron dejando al par de amigos, ambos caminaron a la salida del centro comercial. Avanzaron un par de calles hasta que dieron con un parque, se sentaron en las bancas mientras se tomaban el helado.
—Inder, ¿qué fue lo que compraste?— le preguntó Adriel que ya no daba más de la curiosidad.
El pelirrojo no pudo evitar sonreír.
—Son algunas cosas que vamos a necesitar para que podamos trabajar en Bastet— le dijo Inder.
—Con eso no me dejas muy claro— se quejó el castaño.
—¿Confías en mí?— le preguntó su amigo viendo sus ojos.
—Sabes que sí— le dijo Adriel.
—Bien, sólo confía en que no haremos nada malo— le sonrió Inder—. Pero si queremos ir bien con el negocio de Bastet, hay que hacer algunos cambios, ligeros, nada terrible.
Adriel miró su helado que comenzaba a derretirse, pasó su lengua por éste para evitar que se siguiera derramando, Inder también siguió tomando su helado. Pasaron un largo rato en silencio viendo como los niños jugaban en el lugar.
—Mañana, ¿a qué hora quieres que vaya a tu casa?— le preguntó de pronto Adriel rompiendo el silencio.
—Que sea después del desayuno, come algo ligero— le dijo Inder.
La extraña recomendación dejó pensando al castaño, supuso que esa condición era parte del entrenamiento de Bastet. No quiso preguntar más y terminó con su helado.
—Bien, es hora de regresar— le dijo el pelirrojo a su amigo.
Ambos se levantaron de sus asientos y se dirigieron a una parada de autobús. Esperaron hasta que llegó el que les servía, subieron. Anduvieron el resto del camino en silencio hasta que llegó la primera parada.
—Dile a Lira que me extrañe— le dijo Inder a su amigo con una sonrisa.
—Como si me fuera a decir que sí— dijo Adriel sonriendo—. Nos vemos mañana entonces.
—Nos vemos mañana— el pelirrojo bajó y le hizo señas desde abajo.
El bus avanzó unas calles más y Adriel se bajó. Caminó a su casa pensando en lo que su amigo habría comprado. Intuía alguna que otra cosa que podría haber sido, pero su mente algo inquieta prefería pasar de aquellas imágenes tan intimidantes.
—Que confíe en él— se dijo Adriel mientras abría la puerta—. Tendré que hacerlo.
Cerró tras de si.
—Llegaste— le sonrió Lira—. ¿Y tú novio?.
—Inder se fue a su casa y dijo que lo extrañaras— se burló Adriel.
—Como si eso fuese a pasar— dijo la chica dándose media vuelta.
—¿Y mamá?— preguntó el castaño.
—Acaba de llegar, se está dando una ducha— le dijo la menor dirigiéndose a la cocina.
Adriel fue a su habitación mientras esperaba que su madre saliera del baño.