Después de comer con su familia, Adriel fue a darse un baño antes de acostarse, mientras estaba en la ducha pensaba en lo que le había dicho su amigo. De alguna manera se sentía nervioso por lo que Inder le comentó acerca de aquel entrenamiento especial que le daría. Seguramente había estado averiguando cosas para poder trabajar bien en Bastet.
—Siento que Inder me oculta algo— se decía mientras se aseaba. Trató de no pensar pues sabía que el pelirrojo era propenso a darle demasiadas sorpresas.
Terminó de ducharse y salió del baño, con la toalla en la cintura se dirigió a su habitación y se encerró. Terminó de secarse y se puso el pijama, dejó la toalla en una silla. Antes de acostarse puso la alarma.
—Sólo sé que debo comer algo liviano, en lo posible que sea líquido— se dijo Adriel mientras se acostaba. Recordaba los detalles que le había dado su amigo, hizo un mohín—. Moriré de hambre.
Se dio media vuelta y se tapó hasta la cabeza, ya no quería seguir pensando. Pero a su mente se venía una y otra vez las imágenes de Bastet, además del exámen académico para hacer la pasantía en alguna empresa importante y también ayudar a su madre económicamente. Su mente divagó en varios problemas por lo que se quedó dormido pasado de las dos de la madrugada.
Amanecía con un sol radiante, en la noche había olvidado cerrar las cortinas por lo que la luz le dio directo en la cara.
—Cielos— se dijo abriendo los ojos. Tomó su celular, aún era temprano por lo que decidió dormir un poco más.
Cerca de las nueve de la mañana su celular comenzó a sonar, la alarma era bastante ruidosa por lo que terminó apagándola con brusquedad.
—Bien— se dijo Adriel sentándose en la cama—. Hoy comienza mí entrenamiento.
Se levantó y fue a darse una ducha, mientras el agua caía trataba de no pensar en lo que harían en casa de su amigo. Inder era un chico extrovertido que no tenía problemas en decir lo que pensaba, y eso a veces le causaba ciertos problemas.
—Bien, lo que tenga que hacer, espero que lo haga sin dolor— se dijo Adriel terminando de bañarse.
Minutos más tarde salía de su habitación, iba a la cocina donde encontró a su madre.
—Buenos días mamá— le dijo Adriel dándole un beso en la frente—. ¿Tienes libre hoy?.
—Como un milagro— sonrió Ámber—. ¿Irás a algún lado?.
—Sí, Inder me invitó a su casa para enseñarme las cosas que debo aprender en el nuevo trabajo— le dio el castaño sentándose para desayunar.
—Sí, recuerdo que tu hermana me habló del cambio de empleo. ¿Qué es?— le preguntó su madre.
Adriel se puso ligeramente nervioso, pero trató de disimular.
—Es un trabajo en un casino para los de clase alta. Estaremos en las mesas y seremos los crupier— mintió.
—Ah ya veo, entonces Inder te enseñará las técnicas del casino-— le sonrió Ámber.
—Sí, él será mi profesor— le dijo Adriel.
Su hermana seguía durmiendo, por lo que después de desayunar se despidió de su madre y tomó sus cosas para ir donde su amigo. A pesar de conocer a Inder de igual manera lograba ponerse nervioso, no sabía con que tipo de enseñanza saldría, pero fuera lo que fuera le serviría para poder trabajar en Bastet. Además había estado sacando cuentas, y sí se mantenía bien podría ayudar a su madre a salir de las deudas mayores y luego poder buscar un trabajo más digno. Algo que no tuviera que ser el juguete s****l de alguien.
Salió de su casa y caminó a la parada de autobús. Esperó al que lo llevaría a casa de su amigo, se sentó en la parte de atrás. Su mente trataba de pensar en otra cosa, pero de igual manera iba demasiado nervioso pensando en el entrenamiento que haría con el pelirrojo.
Minutos más tarde llegaba a su destino, bajó del autobús y caminó a la casa de Inder. Una vez frente a la puerta golpeó.
—No creí que llegarías tan temprano— le dijo el pelirrojo apenas abrió la puerta—. Pasa.
Adriel entró. Cerraron.
—Sinceramente he estado algo ansioso con respecto al tema del entrenamiento, y para ser sincero prefiero terminar pronto.
Inder sonrió.
—Todo dependerá de que tan rápido aprendas— le dijo su amigo—. ¿Comiste algo liviano?.
—Sólo tomé un vaso de leche y media tostada— dijo Adriel.
—Bien, vamos.
Sin decir nada Adriel siguió a Inder hacia su habitación, el pelirrojo cerró.
—Bien Adriel, ambos somos amigos hace tiempo y también sabemos de la vida s****l del otro. Ni tú ni yo hemos tenido experiencia en el sexo entre hombres, pero a diferencia de ti yo estuve averiguando algunas cosas, incluso varias ya las puse en práctica conmigo para poder enseñarte a ti— le explicó Inder mientras se sacaba las ropas, miró a su amigo—. Que esperas, desnúdate.
Adriel estaba en una pieza, si viene cierto sabía a lo que había ido aún así le parecía demasiado. Sin embargo recordaba que Inder le dijo que no lo harían entre ellos, pero sí que entrenarían. Con la mente en aquellas frases comenzó a sacarse las ropas dejándolas sobre una silla.
Inder había hecho lo propio y ahora tenía en su poder una caja de cartón con varias cosas.
—Bien— le dijo Inder—. Lo primero que haremos será usar esto.
Sacó de la caja dos dilatadores con una base para ajustar al piso, Adriel sintió que sus mejillas explotaban de golpe.
—Espera un momento, yo no me voy a meter eso tan grande— le dijo el castaño a su amigo colocando las manos hacia adelante.
—Lo usaremos después, pero igual tendrás que— dijo Inder—. Por ahora ven.
Sonrojado hasta el cuello Adriel siguió a su amigo.
—Arrodíllate— le dijo el pelirrojo.
Adriel hizo caso y todo rojo se arrodilló, Inder se agachó y tomando por sorpresa a su amigo comenzó a darle sexo oral.
—¡¿Q-ué?!. ¡Ah!— el castaño apretó sus puños sintiendo la lengua de su amigo pasearse por su falo—. ¡Ahh!.
—Bien, con eso es suficiente— dijo Inder incorporándose. Tomó el m*****o del castaño y le puso un succionador.
—¿Q-ué es esto?— preguntó mirando su entrepierna.
—Un pequeño juguete que te ayudará a olvidarte de cierto dolor— le dijo Inder.
Sacó lubricante y se llevó el dilatador más pequeño que compró, se puso detrás del castaño.
—¿Q-ué harás ahora?— preguntó confundido Adriel.
—Tenemos que dilatarte— le dijo Inder. Se agachó y abrió las nalgas del castaño, pasó su lengua por la virgen entrada para lubricarlo.
Adriel abrió los ojos como plato, sintió como una extraña corriente recorrió su cuerpo completo y se detuvo en su espalda. De pronto dos dedos de Inder estaban dentro suyo, una presión en su parte baja se hizo presente.
—¡¡Ahh!!. ¡¡Hah!!.
Los gemidos comenzaron a salir como una dulce melodía, Adriel trataba de relajarse centrándose en poder hacer bien el entrenamiento antes de debutar en Bastet. Esto era una locura, pero a la vez era placentero, una sensación que jamás creyó se podía encontrar en el lugar.
—¡¡AHH!!— casi se le salieron los ojos al sentir el dilatador entrar por lo que fue su virgen culo—. ¡Hah!.
—Bien, te debes relajar— le dijo Inder acomodando bien el artilugio.
Luego se alejó y se puso frente a su compañero, Adriel lo quedó mirando algo aturdido por lo que había pasado. Vio entonces como Inder sin mucha dificultad se sentó sobre el dildo haciendo un pequeño gesto con su rostro, luego se puso el succionador y lo echó a andar.
—Ahora debes apretar el tuyo y también moverte— le dijo Inder deslizándose de arriba para abajo, el dilatador desaparecía por esas húmedas paredes.
Con los labios abiertos y gimiendo, Adriel comenzó a mover sus caderas imitando a su amigo. El dilatador entraba hasta el fondo provocando pequeñas corrientes en su parte baja.
—Esto-es.
—Sí— le dijo Inder—. Tendrás tu primer orgasmo anal.
—¡¡Ahh!!. ¡¡Ahh!!— Adriel seguía moviendo sus caderas. Su mente se imaginaba en Bastet, aquello sería real en un par de días. Al menos no fue tan desagradable o terrible como pensó, sí dolió horrores, pero ahora estaba a punto de llegar a clímax.
—Eso es— le decía Inder mientras él mismo se movía rápido—. No te detengas.
Adriel se sentó al mismo tiempo que el succionador subía de intensidad haciendo que el castaño se corriera.
—¡¡Ahh!!— sintió como si aún quisiera más, pero había quedado en la órbita por aquel orgasmo.
—¡¡Ahh!!— Inder tensó los músculos dejando salir su semen.
Adriel miró descolocado a su amigo, aunque más que eso sentía algo de vergüenza.
—¿Te gustó?— le preguntó Inder sin salirse del dilatador.
—S-sí, fue increíble— le dijo sonrojado el castaño.
Inder sonrió.
—Bien, no te salgas porque lo haremos de nuevo— le dijo el pelirrojo echando a andar de nuevo los succionadores.